Derribar el CTE Cachamay

 

La imagen más diáfana y amigable del estadio Cachamay fue en tiempos de su primera gran remodelación en 1990, emprendida por el entonces presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), Leopoldo Sucre Figarella,  motivado por el título de Mineros de Guayana en la liga 88/89 y la efervescente organización de los Juegos Interempresas, la justa deportiva laboral más concurrida del país.

 

El estadio pasó de ser el legendario  “Gino Scaringella” –homenaje a un recordado dirigente y árbitro italiano- para convertirse  en Polideportivo Cachamay. Los logos de las empresas de la CVG en el respaldo de su tribuna principal, estructura vigente hasta hoy, nos daban la bienvenida.

 

En los espacios interiores del Polideportivo Cachamay funcionaban CVGFundeporte, el ente encargado de motorizar el deporte laboral, las asociaciones  de Fútbol y Atletismo del Estado Bolívar, un gimnasio público, escuelas deportivas de ajedrez, artes marciales, grupos de danzas y aerobics, permanentes torneos de juegos de mesa, cursos técnicos de diferentes disciplinas y materias afines con el deporte. Incluso se realizaban operativos de salud y cedulación,  y hasta planes vacacionales gratuitos para los niños humildes de las comunidades cercanas.

 

Los medios de prensa –ahora a la intemperie- gozaban de espacios confinados, seguros, que fueron sacrificados por una casi inutilizable  área VIP, salvo cuando ha jugado la Vinotinto. Los chaparrones han afectado más de una vez los costosos equipos de transmisión y empapado a los comunicadores. Clara y abismal diferencia con los estadios de Maturín, Puerto La Cruz, Mérida y San Cristóbal.

 

Con la Copa América 2007 el Polideportivo Cachamay se transformó en el rimbombante Centro Total de Entretenimiento (CTE) y apenas el fútbol profesional con su gran inquilino por derecho propio, Mineros, sobrevivió a la erradicación de todas las actividades y espacios para la comunidad. Aquel Polideportivo era, en la práctica, un verdadero centro de entretenimiento para la gente.

 

Este CTE, un maravilloso proyecto autosustentable con áreas comerciales, cine y otros espacios rentables, está inconcluso y presupuestariamente parece irrealizable. Con todas las maravillas que podamos endosarle, como una cancha de fútbol con excelentes espacios accesorios, el nuevo Cachamay significó el desalojo del pueblo de esta emblemática instalación deportiva.

 

Se impone, definitivamente,  derribar los muros que se han erigido alrededor del gran escenario guayanés. El fútbol debe ser sólo un habitante más de sus espacios sin ir en detrimento de otras actividades para la comunidad.

 

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