Wuilker Faríñez paso del Altar Vinotinto al terrible Purgatorio

Luis Vílchez / @lvilchez8.- La posición más ingrata en el fútbol es la de portero. Una sola acción puede dañar un partido de héroe, para vestirlo en un parpadeo con el traje del villano. Él único que puede jugar con las manos y el que más fácil va al paredón. Un buen rendimiento lo puede santificar y un descuido mandar al ostracismo. Hace un año señalar los errores y titubeos en salida de Wuilker Faríñez en la Copa América de 2019 era blasfemar. Un acto digno del repudio de masas. Previo al partido ante Paraguay el meta se encuentra en el Purgatorio y no pocos piden su cabeza.
La suplencia en Francia, donde solo ha podido disputar un partido con el filial –tapó un penal en ese cotejo–, sembró varias dudas en su nivel, que desde hace meses tenía sus baches y daba ciertas señales de que no era un portero inmaculado, sino un prospecto para ser un top mundial que aún le queda mucho que aprender. El segundo gol de Luis Muriel, que fue por su palo y que dejó mucho que desear, hizo que más de uno esté dispuesto a pagarle un óbolo a Caronte y que monte en su balsa al caraqueño.
Previo al cotejo había dado dos rebotes largos, aunque nunca fue un portero que brillase por blocar los disparos, suele atajar muchos a dos tiempos, pero la sangre pocas veces llega al río por sus reflejos felinos. El juego con los pies tampoco es una de sus virtudes, pero nadie va a priorizar esa cualidad en la selección. Las red flags son por las inseguridades que transmite al momento de salir y de hacer fuerte en el área. Aunque en honor a la verdad la defensa tampoco lo ha arropado.
La petición más frecuente ha sido Joel Graterol, quien fue su escudero en la generación que salió subcampeona del mundo en Corea del Sur. Sin mucho chance de demostrar con Carabobo, en Zamora fue figura y lo ganó todo. En América de Cali sentó a Eder Chaux y llega con ritmo de competición, tanto en liga colombiana como en Libertadores. De allí el hype con el carabobeño; sin embargo, no suma ni 10 partidos con la “Mechita”. Su única experiencia con la Vinotinto fue en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 2018. La mejor vitrina iba a ser el Preolímpico, pero a último minuto no recibió los permisos.

El contexto no es el mejor para poner a un portero debutante en un Premundial y con la obligación de ganar en casa. Con mucha más experiencia se encuentra Alain Baroja, que estuvo buen tiempo fuera de la órbita de la Vinotinto, pero supo estar en la Copa América 2015 y en el inicio de las eliminatorias rumbo a Rusia. Pero hoy no goza de la titularidad en Delfín, la cual perdió después del parón por la pandemia ante el experimentado Máximo Banguera. ¿Uno sin experiencia y otro sin buen presente? Cualquier respuesta es un riesgo, que puede sembrar más dudas de las que ya abonó la goleada.
La opción que combinaba experiencia en Premundial, cultura selección reciente y cierta regularidad era Rafa Romo, que a pesar de llegar con el torneo empezado y sin pretemporada, suma tres partidos con el OH Leuven, de la primera división belga. La campaña pasada disputó 23 encuentros en la primera división de Dinamarca con el Silkeborg. Uno de los porteros con una carrera más dilatada en el Viejo Continente, si bien no ha estado en las ligas más potentes. Mundialista sub-20 en 2009 y con la confianza de ser el escudero de Faríñez en el ciclo de Dudamel. Su ausencia no se entendió y era la mejor opción de recambio para el caraqueño.
Pero ¿vale la pena hacer esa apuesta? El que no arriesga, no gana. El detalle es que Peseiro aprendió, por las malas, que en las eliminatorias importan más las certezas que el coraje. Sentar a Faríñez sería un golpe psicológico a un portero llamado a ser el mejor de la historia del país, y eso que Venezuela se ha caracterizado por buenos guardametas. El jugador de Lens tiene “ángel”, un hecho que no se puede registrar en las estadísticas, pero que es innegable. Relegarlo al banco pudiese ser perder un jugador con capacidad de marcar diferencias con sus reflejos, perderlo y exponer a la quema a otro.
Es más sencillo cambiar a uno que a toda la defensa, pero no se puede prescindir de un activo como Faríñez. Más temprano en el año en Millonarios le tocaron el orgullo y lo sentaron, pero en el partido siguiente fue la figura ante Always Ready (Bolivia) con penal atajado y más de 10 intervenciones. Si hoy el cuadro “Embajador” está vivo en Sudamericana, es por el ex Caracas. Pero eso se puede hacer en un club que hay partidos continuos, en la selección pudiese ser peor el remedio que la enfermedad. Ni hace un año era el mejor de Sudamérica, ni hoy es un problema para la Vinotinto.
La no continuidad en su club no afectó a David Ospina (Colombia) o Sergio Romero (Argentina). El problema de la selección es colectivo, ahí es víctima y responsable Faríñez, como los otros 10. La cabeza fría es la mejor consejera y, a menos que en los entrenamientos pase algo raro, no se prevé que Peseiro siente a una de las mejores herramientas competitivas de la selección.







