La selección Vinotinto fue “un castillo” sin salidas en Barranquilla

Luis Vílchez / @lvilchez8.- “Es un entrenador con suficiente experiencia para conocer con el tiempo el potencial de su equipo (…) Ojalá no sólo se siga, sino que se mejore: la obra está terminada. El castillo se entregó con las llaves, ahora queda saber vivir dentro del castillo y no dejarlo derrumbar”, fueron las palabras de Rafael Dudamel, en una entrevista que hizo el diario colombiano El Espectador, previo al choque entre Venezuela y los cafeteros. El problema para José Peseiro es que esa estructura sin la columna que representa Salomón Rondón se vino abajo. Sin el “Gladiador” no hubo salida desde atrás.
Pero ¿qué tiene que ver el delantero con la elaboración del equipo? En la Vinotinto todo. La inclusión de Junior Moreno, otra baja sensible para el portugués no hubiese hecho grandes modificaciones. El “castillo” de Dudamel siempre tuvo una sola puerta de salida clara y era el pase en largo a Rondón. Solo con la pareja Yordan Osorio y Mikel Villanueva, el equipo podía intentar tener una elaboración más limpia y entregarle la pelota a los habilidosos en zonas de peligro, ya sea con un cambio de frente, un pase tenso y vertical o con Herrera como alcabala. Ninguno de los dos estuvo en Barranquilla.
El oriundo de Catia tiene una maestría en luchar contra los centrales, porque lo vivió –o mejor dicho lo sufrió– en Rubin Kazan, pero en su máxima expresión en el West Brom de Tony Pulis, con una propuesta difícil de digerir para el espectador neutro. En ambos elencos, el delantero del Dalian Yifang era la válvula de escape. Lo más parecido que tuvo Peseiro era Fernando Aristiguieta, amén que no era un contexto propicio para el debut de Eric Ramírez, por más goles que sume en Eslovaquia. Pero el “Colorado” llegó tarde por una prueba PCR vencida.
La opción que escogió el europeo fue Sergio Córdova, quien en la retina del aficionado criollo es un extremo, tanto con el Caracas como en la selección nacional (absoluta y sub-20). Pero en la Bundesliga, jugó la mayoría de los partidos como “9”, porque fue la posición que le determinaron sus distintos entrenadores (Manuel Baum, Martin Schmidt y Heiko Herrlich) en Augsburgo. En Arminia Bielefeld juega en el frente de ataque, pero cae más en los costados. La labor de ser el faro de ataque lo superó y era previsible, no era el contexto donde saca a relucir sus virtudes, por más que el biotipo de otra impresión.

La “Pantera” tuvo seis posesiones perdidas y sacó una falta, tras solo 28 toques. De los dos duelos aéreos que tuvo, ganó los dos. Todos datos de SofaScore. Lo más grave del asunto es que tampoco los pases largos fueron precisos. En el caso de Jhon Chancellor concretó uno de dos balones largos, perdió cinco posesiones y dio 51 pases correctos (efectividad de 94 %). Su pareja, Wilker Ángel, concretó tres de cinco balones largos, otras cinco posesiones perdidas y 39 pases efectivos (91 % de efectividad).
El detalle es que muchos pases fueron entre centrales, porque Colombia no asfixiaba, solo tapaba las líneas de pases. Muchas veces se recurrió a Wuilker Faríñez, que más que un pase, realizaba un despeje ante unos cafeteros que en esa acción apuraban un poco más. El ex Caracas nunca se ha caracterizado por ser un virtuoso en el juego con sus pies, que se traduce en solo un 59 % de acierto en sus pases en Barranquilla. En pocos pasajes se vio una salida lavolpiana con Tomás Rincón, pero no había soluciones de juego interior, así que la responsabilidad le caía al portero o en un trazo largo.
Fiel a su discurso, Peseiro apostó por un juego más ofensivo. Pero su congruencia se transformó en osadía. Los costados fueron dos venas abiertas donde la selección se desangró inmisericordemente. Los dos laterales (Roberto Rosales, por izquierda, y Ronald Hernández, por derecha), jugaron muy adelantados y su mapa de calor demuestra cómo parecieron carrileros, casi extremos, que al ver el partido se notó sus problemas en el retroceso y en los relevos.
Al jugar a pierna cambiada, Rosales no lanzó ningún centro, acertó dos pases largos, perdió seis posesiones y dio 26 pases (87% de acierto). En el caso de Hernández si realizó centros y en total logró cinco, pero un solo fue efectivo. El subcampeón del mundo sub-20 dio 34 pases (83% de acierto), pero perdió 14 posesiones. Sí, 14 posesiones. Una cifra dura. El estar tan adelantados solo trajo como premio que tuvieron los remates más claros del encuentro. Rosales pegó un balón en el poste y el barinés forzó una estirada del meta Camilo Vargas.

El “castillo” de Dudamel muchas veces fundamentó su solidez en los reflejos de Faríñez, no exuberante de confianza en esta ocasión, o en defensas por acumulación, pero no tanto por orden. Acumular muchos efectivos en la retaguardia no es sinónimo de defender bien. Se pudo ver en la Copa América de Brasil, donde en los dos empates a cero (Brasil y Perú) caminaron por la cornisa. Mientras que la victoria ante Bolivia maquilló dos postes que pudieron cambiar la historia.
Pero lo hecho en defensa era la base sólida donde cualquier entrenador que llegase debería aferrarse, luego a construirle más puertas de salida a un castillo muy limitado en ataque. Más allá de lo que pudiese hacer Rondón o las transiciones rápidas con dos extremos veloces, no había muchas herramientas en ofensiva. El detalle es que Colombia supo finalizar sus jugadas o terminar muy arriba, de esta forma se protegió de un posible contragolpe. Si bien el trivote daba la sensación de seguridad, la fluidez de juego nunca fue su virtud. Pero sí el equilibrio.
Peseiro quiso poner la quinta antes que la primera, pero por mucho madrugar no amanece más temprano. En la rueda prensa reconoció sus errores, asumió la culpa de los errores y no eludió la autocrítica (atípica en este lado del charco) en la mayoría de sus respuestas. El correctivo lo recibió en un clásico y ante una interesante Colombia, que tuvo mucho mérito en lo que pasó y dejó de pasar, porque en el segundo tiempo se dieron el lujo de regular para pensar en Chile, que tendrá un día más de descanso. En este contexto, el portugués se quedó encerrado en un castillo, que tenía la llave de salida más clara en China y que tampoco la tendrá en Mérida. Poco tiempo, muchas paredes y pocas puertas.







