El lamento nunca ayudó a nadie

 

Otra columna que no sigue el principio de la periodicidad (se supone que sale los domingos). Otro texto a la carrera, de teclear rápido y sin releer con la acuciosidad necesaria del caso, porque por la habitación ronda el fantasma de la falla de los servicios. La electricidad o el Internet pueden irse, sin siquiera despedirse. Aunque con gas y agua, parezco un privilegiado ante los que se bañan con poncheritas y cocinan con leña. Pero como escuche en un podcast: “el lamento nunca ayudó a nadie”. Mientras tenga las herramientas cumpliré mi rol: generar contenido. En este caso relacionado al fútbol venezolano.

 

La frase es de Álvaro Benito, un ex jugador del Real Madrid, parte de la generación de Raúl y Guti, a quien una lesión sacó temprano del fútbol. Se reinventó como músico con el grupo Pignoise y hoy en día es comentarista deportivo de Movistar Plus, como sustituto del fantástico Michael Robinson, que lamentablemente no se encuentra entre nosotros, padre de los Informe Robinson (de los mejores productos audiovisuales que tiene el fútbol). La charla fue en “Hotel Jorge Juan”, un podcast de la revista Vanity Fair, dirigido por el periodista Javier Aznar, redactor en el diario As. La historia de vida del polifacético español, que las lesiones lo privaron de ser parte en el campo de varias Champions League, muestra la importancia de nunca rendirse. La vida es movimiento y un constante reinventarse.

 

Como si nuestra presencia en este mundo terrenal fuese andar en una bicicleta, la clave está en seguir pedaleando. Si nos frenamos de golpe, nos podemos ir de boca contra el cemento. Si bien el país es una oda a la desmotivación. Al apagón general, le siguió la escasez de gasolina, luego el informe de la Encovi que reflejaba que el 96% somos pobres con respecto al indicador de ingresos económicos diarios, luego el informe de la ONU para reafirmar que la vida humana vale lo mismo que la necesidad de cumplir con una cuota de un ente de la fuerza estadal, para rematar con una protesta donde le piden ayuda a “El Coqui” resolver un tema con unas invasiones. Sí, “El Coqui”, un delincuente con un prontuario extenso. Hay que seguir adelante, pero también se necesita un respiro. El fútbol suele ser ese vaso de agua, en medio de esta travesía en el desierto.

 

Pero el problema es cuando le trasladamos todas las frustraciones al balón. Ni en la Revolución Francesa ruedan tantas cabezas como en los partidos de la selección nacional o en las actuaciones de los equipos criollos en las competiciones internacionales. Nada sirve. Copiamos la frase que más se repitió en la Argentina con el Corralito de 2001: “Que se vayan todos”. Como si este hermoso deporte fuese un psicólogo, confundimos el sofá (por ahora no podemos ir a la cancha) con un diván y empezamos a despotricar.

 

Como sociedad, en todos los ámbitos, esperamos que los cambios sucedan desde las altas esferas, cuando tiene que ser desde abajo. Criticamos todo, pero nos da flojera ir a la reunión de condominio para coordinarnos con nuestros vecinos por el bien de nuestra propiedad. Si nunca nos articulamos, los cambios quedan encomendados a un Mesías y sus milagros. En el fútbol todos podemos ayudar, sin necesidad de esperar los cambios desde las cúpulas de poder de la Federación Venezolana de Fútbol o la Liga Futve.

 

En estos días escuche a un ex profesor de la UCAB, de esos que la inmadurez hace que estés más pendiente del teléfono que de sus clases, a la postre te arrepientes. El periodista e internacionalista, Luis Daniel Álvarez en una conferencia sobre ciudadanía. En ellos explicaba la diferencia entre la masa, que por naturaleza es desindividualizada, además de manipulable. Mientras que el ciudadano se tiene que vincular más allá de los aspectos constitucionales, normativos o legales en el ámbito de público. Y tomaré una cita textual de lo expuesto en esos videos del diplomado de “Democracia y Libre Empresa”, de Fedecamaras.

 

“Es fundamental dar el paso para dejar de ser masa o pueblo y erigirnos como ciudadanos, pues desde esa posición puede el individuo influir de manera directa en cada uno de los asuntos que le atañen en un marco de convivencia”. Y es que está columna se iba a titular en un principio “Ciudadanos del fútbol”, antes de escuchar el podcast. Es hora de dejar la queja y que cada quien en su espacio empiece a influir para tener un mejor fútbol. La Federación está intervenida por la FIFA y no hubo un cambio sustancial. Vienen unas elecciones en unos meses y un cambio en los cargos no será la fórmula mágica para ir al Mundial.

 

A la Copa del Mundo se va todos los días, pero no como una masa que juega a la piñata dando palos, pero no se da cuenta que los caramelos no están ahí. ¿Hay que criticar? Por su puesto, razones hay de sobra. Pero de forma constructiva y a su vez sumando cada uno en su parcela. Que cada individuo pueda influir de manera positiva en entorno, para mejorar nuestros espacios. Venezuela se ha cansado de demostrarnos que no hay burbuja que te salve de la crisis, cuando eres un ciudadano de a pie- la mayoría. Si cada uno no empieza el cambio desde su rol como familiar, trabajador y, en este caso, como futbolero, el Mundial llegará, pero como un hecho fortuito. Como fruto de una generación de oro, posiblemente, porque el talento sale todos lados, sino pregunten en Tucupita, de donde salió un chamo que hizo el mejor gol de la primera jornada de la Europa League.

 

La labor del periodismo, sin importar la fuente, es educar, informar y entretener; además de ser una suerte de fiscalizador del acontecer diario. No tomar partido y ser ecuánime. Mientras tenga luz e Internet, seguiré produciendo contenido para un fútbol cada vez más anónimo y al que a sus directivos parece importarles poco. Si bien, gracias a Dios, tenemos jornadas televisadas, luego de que la Liga Futve firmara un contrato con Gol TV que no fue honrado y aún persiste una deuda. Pero ese mismo ente no tiene una página web, en pleno 2020. La FVF sigue sin un departamento de mercadeo, en pleno 2020. La opacidad reina y desmotiva, pero toca seguir pedaleando. El lamento no sirve de nada, por lo que prefiero trabajar por ser un ciudadano del fútbol venezolano.

 

Escribiré de lo informativo, realizaré análisis del juego –y me prepararé para tener más criterio, porque no soy entrenador ni pretendo serlo– y buscaré esas historias de superación que tanto nos gustan en el deporte. Por lo momentos trabajo para un mejor fútbol, luego veremos qué hacemos con el país, que es más complicado. En lo inmediato inicio con el balompié, que tangencialmente aportará, más que cracks con el balón, buenos ciudadanos, para construir un contexto que permita dejar de vivir de tanto del pasado y pensar más en el futuro.

 

¿La labor del lector? Queda a reflexión de cada uno hacer una introspección, revisar si es o no un ciudadano del fútbol venezolano o solo parte de la masa que alientan a los verdugos. ¿Si ya lo es? Seguir mejorando. Capaz no vivamos para ver el cambio, pero con alguien tiene que empezar. ¿Quién mejor que nosotros, ahora?