Ante Brasil se dio una derrota sin daños colaterales para la Vinotinto

Luis Vílchez / @lvilchez8.- Lo peor que le podía pasar a la selección nacional era recibir una goleada en Sao Paulo contra Brasil. No solo por esa derrota, sino lo que iba a repercutir en el choque ante Chile, donde en el presupuesto para mantener vivo el sueño de ir a Catar 2022 exige los tres puntos. Evitar un déjà vu de lo vivido en octubre, donde el sismo en Barranquillo tuvo réplicas en el enfrentamiento ante Paraguay. Ese 3-0 pesó en Mérida y lo reconoció José Peseiro. Más allá del resultado, también importaban las formas, porque las sensaciones del mes pasado fueron de las épocas de la Cenicienta. Pero el 1-0, tanto por el marcador como por lo mostrado, no genera daños colaterales en lo anímico.
La ausencia de jugadores de la talla de Neymar y Coutinho las resiente cualquier equipo y Brasil dio señales de que adoleció de ese talento diferencial. Pero no puede quitarle valor a un planteamiento que a grandes rasgos funcionó. Lo más lamentable es la amarilla de Tomás Rincón, que no ha tenido su mejor arranque de Premundial, que lo deja fuera del juego ante Chile, aunado al infortunio de las lesiones de ambos laterales: Rolf Feltscher y Roberto Rosales. A lo que se le puede añadir la insólita escena donde no se efectuó el cambio de Juan Pablo Añor por Cristian Cásseres Jr. ¿Error del coordinador Reyner Clemente o fallo del arbitraje? En los próximos días se aclarará.
Pero, ¿qué hizo Peseiro para evitar ser arrollado por la mejor selección de la Conmebol? El portugués recogió los apuntes de Rafael Dudamel y lo que hizo en la Arena Fonte Nova de Salvador. Volvió el trivote con unos detalles interesantes. Si bien el lusitano declaró que consideraba a Rosales como el mejor lateral izquierdo, el que cayó por esa banda fue Feltscher y el caraqueño volvió a su banda natural. Mientras que el cabeza de área fue Rincón, cuando lo habitual era ver a Junior Moreno en ese lugar. Sin embargo, en el ciclo del yaracuyano el capitán de la selección jugaba más de “8” en Italia y en la actualidad ejerce de “5” tapón en Torino.
Lo llamativo fue el funcionamiento defensivo, que fue la mayoría de la fase que estuvo Venezuela, que solo contó con un 27% de posesión y realizó 223 pases (69% de acierto), con respecto a los 623 (89% de efectividad) de Brasil. El 4-3-3 muchas veces pasó a ser un 4-4-2 con Salomón Rondón y Yeferson Soteldo más adelante, por momentos en línea o a veces escalonados esas dos puntas, mientras que Darwin Machís se retrasaba por derecha. Los amazónicos soltaban a Danilo, que se colocaba más como interior que como dueño de la banda. Las subidas por derecha las hacía Everton Ribeiro. Mientras que Renan Lodi jugó más como extremo izquierdo que de lateral, movimiento que era compensado por Douglas Luiz, que armaba una línea de tres con Thiago Silva y Marquinhos. Pero por la superioridad, en muchos compases ni Allan y Douglas Luiz acompañaban a los centrales y quedaban con una línea de dos los pupilos de Tite.

Ante la presión de un equipo en el que la mayoría de sus jugadores fin a fin de semana se desenvuelven en el ritmo frenético de la Premier League, fueron pocos los momentos en que la Vinotinto pudo descansar con el balón, que era uno de los objetivos de Peseiro. Esos momentos fueron más que todo en el complemento, luego de la salida de Doulgas Luiz y la entrada de Lucas Paqueta, en el objetivo de Tite de ser más ofensivo en detrimento del equilibrio. Por la banda izquierda, fuese con Fletscher o Luis Mago la salida daba vértigo y la constante sensación de ocasionar una pérdida que generara peligro. Por ende se buscó en largo a Salomón Rondón como la válvula de escape. El “Gladiador” dio una opción que no se vio en la doble fecha pasada con Sergio Córdova. La otra herramienta fueron un par de contras golpes, muchos apoyados en la velocidad y el talento individual de Soteldo y Machís.
La Vinotinto logró cerrarle espacios a Brasil y los obligó a recurrir a pases largos a la espalda de Rosales, para buscar a Renan Lodi. En esos trazos largos y cruzados encontraron grietas en la pared que planteó el técnico luso. Incluso Richarlison, que ejerció de “9”, falló un gol cantado al frente del arco. Para solucionar estos inconvenientes, cuando Brasil adelantaba más su línea, se formaba una línea de cinco con Machís hundido como carrilero y Rosales, posteriormente Alexander González, se cerraba como stopper. Otra opción que ensayó la Canarinha fue el remate de larga distancia. Asimismo tuvieron varios córners (siete en total) y faltas de costados para llenar el área de centros. En ninguna se vio un fallo de Wuilker Faríñez que alimente debate entre él y Joel Graterol.
La otra pincelada de la pizarra de Peseiro fueron las jugadas a balón parado, que mostró versatilidad en acciones de toques en corto para sorprender con el clásico centro al corazón del área. Aunque el único remate que registró la Vinotinto fue el chute de Machís desde afuera del área y que Ederson controló sin inconvenientes, el empate en un feudo inmaculado (Brasil nunca ha perdido de local en Premundial) sabía a triunfo. Venezuela estuvo cerca arañar un punto, un hecho que solo logró en 2009. Pero una desatención tiro el plan abajo. En un momento del partido que se lesionó Rosales y también ingresó Rómulo Otero. Al igual que en la entrada de Mago, el equipo tardó en reajustarse y lo aprovechó Brasil.
En el primer tiempo el audio ambiente parecía que Morumbi fuese un templo, con unas canciones parecidas a la de una abadía. En la segunda parte fue música más de estadio de fútbol, pero sin llegar a la samba de las torcidas amazónicas. Sin embargo, eso no evitó que en la televisión se escuchara el grito desesperado de Pesiero a Otero, que no regresó a la marca. Desde la banda derecha salió el centro de Everton Ribeiro, que la defensa logró rechazar, pero al medio. Firmino empujó sin inconvenientes. El vaso medio lleno fue que la selección nacional no se descalabró como un castillo de naipes como más de 20 minutos por delante.
La Vinotinto pisó más el área rival en los últimos minutos, con saques de esquina y un puñado de tiros libres. A pesar de todo el esfuerzo, el planteamiento de José Peseiro se quedó con las manos vacías. Pero el partido murió allí. No hay fantasmas que viajen de San Paulo a Caracas. La selección volvió a competir y dio unas muestras timoratas de crear juego ofensivo. La tarea de Peseiro será buscar un equipo más “audaz” y menos “especulativo” sin laterales y su capitán. Con la obligación de hacerse fuerte en casa ante una Chile que ha sabido amargar a Venezuela en su casa. Pero con la certeza que los entrenamientos han surtido efecto, que no hubo Cenicienta y con la mente puesta en la Roja; que suena baladí, pero que adolecieron de esos detalles ante Paraguay y lo resintieron.







