Quiere aprender a controlar su Ego? ¡Métase a Árbitro!

 

Estimados lectores, esta vez no hablaremos del reglamento, hoy les voy a escribir sobre un trabajo realizado por el Sr. Frederick Imbo, de 45 años de edad y especialista en comunicación, natural de Bélgica y quien en un artículo en el portal de BBC. Mundo, expuso el resultado de un interesante experimento social.

Este experimento, nace en el momento cuando el Sr. Imbo, decidió convertirse en Árbitro por su amor al fútbol y por su deseo de probar su resiliencia, cuando Imbo se dio cuenta de que reaccionaba a cada pequeña cosa que le pasaba en la vida, como un conductor estresado que tocaba la bocina y encendía las luces detrás de él, decidió que necesitaba hacer algo al respecto.

Es en este momento, cuando la cosa se empieza a poner interesante, porque este belga, decidió que la mejor manera para enfrentar esta situación personal, era pasar a formar filas de los Árbitros de fútbol.

La conexión entre las dos cosas no es obvia, pero Imbo le dice a la BBC “que convertirse en árbitro era el tipo de exposición que necesitaba para controlar su problema, porque la gente casi nunca le dice cosas positivas o alentadoras a los Árbitros”.

“Los hombres se tienen que trabajar mucho el ego y el miedo al rechazo, dos cosas de la masculinidad muy problemáticas”. Imbo se graduó en teatro y actuó en películas y series de televisión, pero nunca fue “lo suficientemente talentoso como para abrirse camino como actor”, le cuenta a la BBC.

Durante una actuación, Imbo se encontró con la idea del ego, que, para los propósitos de su enfoque, describe como “la parte mala de nosotros que quiere tener razón, es como un niño pequeño”.

Entonces entendió que, cuando se aferraba a cosas que otras personas habían hecho o no habían hecho, no era su cerebro consciente el que hablaba, sino su ego.

Ante esta situación se planteó dos estrategias para hacer frente a situaciones como estas. A) Podía decirse a sí mismo que la otra persona estaba teniendo un mal día y que no se trataba realmente de él, lo cual la mayoría de veces es cierta, quizás esa persona que reniega está teniendo un mal día y no tiene nada que ver contigo.

O una opción B) que podía admitir que a veces sí se trata de él: que a veces la gente está disgustada y lo ataca como resultado de sus acciones, y que simplemente necesitaba poder sentirse cómodo con esta idea.

“Dije, está bien, la mejor manera de evaluar esta teoría es encontrar un contexto en el que me ponga a prueba, en el cual me exponga cuando se trata de no tomar las cosas personalmente”, dice Imbo.

No hay nada frívolo en ser Árbitro tanto en el fútbol profesional como en el fútbol local. Puede ser insultante, intimidante, abusivo. “Los jugadores son realmente duros. Realmente, muy duros”. “Gritan lo que quieren. Se acercan mucho y dicen ‘no sabes nada del juego’, o ‘¿usas tu cerebro o qué?’. Así son los jugadores”, cuenta.

Por supuesto, el abuso contra los árbitros no es simplemente una cuestión de ego herido, sino una preocupación real en el deporte. Muchos Árbitros dejan el campo de juego, temiendo o habiendo experimentado agresiones de los hinchas y jugadores.

Recientemente, la organización benéfica Ref Support UK reportó un aumento «masivo» en la cantidad de árbitros de partidos que buscan apoyo de su línea de ayuda, diciendo que los jugadores se estaban comportando como «animales enjaulados» después de liberarse de los confinamientos por el coronavirus.

El problema está profundamente arraigado, según The Third Team, una empresa que enseña resiliencia a los Árbitros. En 2018, había 7.000 árbitros registrados en Reino Unido y 200 decidieron abandonar el deporte, por temor o por haber experimentado ataques y amenazas de violencia por parte de jugadores, entrenadores e hinchas.

Pero independientemente de eso, incluso en condiciones normales, los Árbitros necesitan mucha fuerza mental para lidiar con su crítico interior, sus inseguridades y todo el diálogo interno negativo que acompaña a sus ansiedades.

El lado positivo es que volverse mentalmente duro como un Árbitro, puede ayudar en todos los aspectos de la vida. Nuestros egos pueden hacer que nuestra felicidad dependa de la validación externa, como los “me gusta” en redes sociales.

Las personas con egos inflados suelen creer que tienen privilegios y están fuera de contacto con la realidad. Paradójicamente, se convierten en presa de sus propias expectativas poco realistas cuando la realidad contraataca y se ven obligados a lidiar con una gran caída de su pedestal.

El sentimiento de superioridad y la baja autoestima son dos caras de la misma moneda. Pero, ¿cómo podemos controlar nuestro ego?, el Señor Imbo, se basó en el principio de El chacal, que es autoritario y crítico y La jirafa es suave y fuerte al mismo tiempo. El primero “siempre está en su ego y quiere tener la razón”, dice Imbo. El segundo es amable y busca “conectar y comprender”.

Y en su ejercicio académico, el plantea cosas que en nuestra realidad como Árbitros no existe y es si se equivocó en una jugada le gusta acercarse al entrenador ofendido y reconocer el error, esperando que el DT, responda ‘Sí, cometiste un error, pero mi reacción tampoco fue muy respetuosa”.

Aceptar las críticas puede ser difícil, dice Imbo, pero de ahí proviene la verdadera lección. Porque si nos lastima que alguien nos critica, probablemente signifique que ha tocado “un nervio en carne viva”: una inseguridad acerca de nosotros mismos o sentimientos de inseguridad arraigados en experiencias pasadas.

“Entonces pensamos: [la crítica] se trata de mí”, dice Imbo. “Significa que hay inseguridad en mí”. Entonces, Imbo sabe que es hora de ser “amable contigo mismo», darte un poco de amor propio. “Cuanto más te amas a ti mismo, más te aceptas a ti mismo, mayor será la posibilidad de que ya no creas que otras personas son responsables de tu propia felicidad”, dice.

Imbo dice que se siente feliz “de una manera más sostenible” luego de convertirse en Árbitro. Pero no necesitas soportar abusos para llegar a las mismas conclusiones, por supuesto.

En su charla, Imbo tiene una forma ingeniosa y menos drástica de transmitir el mismo mensaje: saca un billete de 20 euros de su bolsillo y pregunta quién de la audiencia lo quiere. Un grupo de personas levanta la mano.

Luego arruga el billete y lo tira al suelo. Las manos todavía están levantadas. Lo recoge, lo mastica, lo escupe en el suelo, lo pisotea. Pero las manos todavía están levantadas. Después de todo, sigue siendo un billete de 20 euros. Imbo luego da su mensaje principal.

“La gente puede atacarte, criticarte o ignorarte. Puede arruinarte con sus palabras, escupirte o incluso pisotearte”, dice. “Pero recuerda: lo que sea que hagan o digan, tú siempre conservarás tu valor”.

Se oyen opiniones queridos Lectores, quienes quieran controlar su Ego, son bienvenidos al maravilloso mundo de los Árbitros.

 

Definitivamente no es fácil ser Árbitro….

 

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