Manuel Llorens: “La depresión se vuelve un problema más complicado cuando los atletas lo sufren en silencio”

Luis Vílchez @lvilchez8.- Redes sociales, ansiedad, depresión, concentración en el alto rendimiento y la responsabilidad en los juveniles. Varios términos abordados desde la perspectiva de la psicología deportiva y explicada con el carácter docente de Manuel Llorens, donde el concepto se entrelaza con un ejemplo que grafica la situación. Su experiencia en clubes y selecciones nacionales (Venezuela y Bolivia) lo convierten en una voz más que autorizada para ahondar en estos temas.
En vísperas de iniciar el Diplomado de Introducción a la Psicología al Deporte, dictado en línea por la UCAB (inicia el 10 de mayo) y que el caraqueño dirige, respondió vía correo (manuel_llorens@hotmail.com, el cual está abierto para cualquier interrogante) sobre todos los tópicos anteriormente mencionados. Temas que afectan al mundo del fútbol y de los cuales los equipos de la Liga FutVe no son ajenos.
En un campeonato criollo donde los juveniles predominan, en una generación sumida en las redes sociales (en especial Instagram) y en un país en el que la pandemia ha sido detonante de muchos episodios de depresión y ansiedad. Estas líneas del profesor Llorens pueden servir de guía para generar un mejor rendimiento deportivo y activar programas para una mejor salud mental, antes que un enemigo silencioso como la depresión enlute nuestro campeonato.
¿Cómo se debe trabajar el aspecto mental de los juveniles al hacer vida de forma frecuente en una primera división? Muchos pasan a ser el sostén de su familia con escasos 18 o 19 años. ¿Cuánta importancia tiene el entorno de un jugador para que no pierda el foco en los primeros años de su carrera? El futbolista joven enfrenta varios retos que valen la pena atender. Es un joven que aún está en desarrollo personal y futbolísticamente. Sin embargo, el deporte en ocasiones adelanta algunos procesos ya que a los 18 o 19 años ya puedes ser un profesional con todas las exigencias correspondientes a la adultez. El deporte casi siempre exige un compromiso más temprano con la actividad que otras profesiones, por lo que se salta lo que, en psicología del desarrollo, llamamos “una moratoria” que se le da al joven que le permite explorar distintas opciones de vida, vocaciones, vínculos, sin tener que asumir compromisos definitivos. A los 18 y 19 años ya algunos compromisos vocacionales pueden ser definitivos y exigentes en el caso del deportista. La vida deportiva implica sacrificios significativos.
Eso hace que otros intereses o se desechen o se conviertan en un conflicto porque compiten con los intereses de la carrera deportiva, como por ejemplo los intereses sociales: salir con los amigos y de disfrute. Además, el ascenso al deporte profesional trae un estilo de vida que implica viajes, responsabilidades, convertirse en un personaje público, todo lo cual trae presión. En muchos casos esos jóvenes se convierten en proveedores económicos importantes para sus familias lo cual acrecienta esa presión. Por todo esto es muy importante ofrecer apoyo a los jóvenes para enfrentar esas exigencias. Adultos responsables interesados en su bienestar que les ayuden a identificar y hablar de esas dificultades, acompañándolos en caso de que sea necesario para que puedan recibir apoyo emocional y orientación.
Asimismo, una estructura organizada ofrece psicoeducación para que puedan tener la información necesaria para tomar buenas decisiones, sobre el estilo de vida del atleta, sobre nutrición, descanso, planificación económica, etc. Mientras el atleta joven tenga un entorno más sano, va a ser más fácil que pueda tomar decisiones que contribuyan a su desarrollo. El poder desarrollar una perspectiva profesional, entender qué implica un estilo de vida profesional y poder balancear esas exigencias con el bienestar personal ayuda a que los jóvenes se desarrollen de manera adecuada.
La juventud está relacionada a la rebeldía y también al aprendizaje proveniente de las equivocaciones. ¿Qué tan relevante es la gestión del error en plantillas con muchos juveniles, pero con la responsabilidad del resultado al estar en un club profesional? Por un lado, la vida deportiva permite que los atletas ganen en experiencia y madurez, por el otro lado tienen menos libertad y son tutorados en muchos aspectos. El balance es difícil, es importante acompañarlos, pero a la vez dejándolos ganar en autonomía y responsabilidad y no solo ser sobreprotegidos. Hay casos emblemáticos como Tiger Woods que parecía tener un control mental sobresaliente. Pero luego de la muerte de su padre quien dominaba buena parte de su vida, se desordenó de manera dramática a punto de no poder volver a destacar como lo había hecho. Para crecer hay que desarrollar independencia, lo cual implica cometer errores y poder asumirlos de manera responsable. El acompañar a los jóvenes a poder atreverse, asumir los tropiezos cuando estos sucedan y darles apoyo, es ayudarlos a crecer.
Los juveniles de hoy en día son nacidos luego del año 2000, los teléfonos inteligentes y las redes sociales son asumidos con naturalidad. Pero pueden ser peligrosas. Voy con una cita de Nicolás de la Cruz, jugador de River Plate en una entrevista en TyC: “Me deprimí al punto de querer dejar el fútbol. Me sentía muy insultado y discriminado por jugar poco y porque las cosas no me salían. Las críticas en redes sociales me llegaron muy mal. Mi señora y mi hija me contuvieron. Pude salir por ellas”. ¿Hasta qué punto las redes sociales pueden afectar el rendimiento de un jugador? Las redes sociales han sido uno de los cambios más dramáticos en el funcionamiento cotidiano de la vida de los atletas. Sin duda influyen de manera significativa en sus vidas. Al salir de un partido importante, a minutos de haber terminado, los jugadores revisan a través de sus teléfonos las opiniones de miles de fanáticos. Es común observar el impacto que tienen esas opiniones en los estados de ánimo de los atletas, aunque frecuentemente lo minimicen cuando uno le pregunta al respecto. Lo cierto es que es difícil estar en la mira de miles de personas, de fallar frente a miles de fanáticos. En el Mundial de 2018 vimos claramente cómo Neymar y Salah respondieron por redes sociales a distintas controversias, y parecen haberse visto afectados en su rendimiento. Lebron James, con los años ha adoptado la estrategia de cerrar sus redes sociales a partir de mayo cuando arrancan los playoffs de la NBA, lo que él llama “going dark”. Todos son muestras claras de la influencia de las redes. El alertar sobre estos riesgos es un trabajo importante con atletas.

En Latinoamérica predomina la cultura del “hombre no llora” y de conductas que penalizan socialmente a exteriorizar la tristeza. “No es cierto que nada me afecte. Tengo sentimientos, pero nunca mostraré mis debilidades, aunque las tenga. Cuando estoy mal me lo guardo”, explicó Karim Benzema para el diario El País. Otra creencia es que el futbolista al tener una condición económica privilegiada no sufre. Voy con otra cita, un poco más larga: “Te dicen que para triunfar tienes que hacerlo bien en el campo, poner tu talento allí. Pero día a día te encuentras con problemas diferentes. Los jugadores nunca quieren decir cuándo se encuentran mal. Eso pasa mucho y no todo el mundo ha tenido una familia perfecta, con un padre y una madre. La gente piensa que porque ganas mucho dinero ya no tienes razones para quejarte de nada. A mí las cosas que me estaban pasando me impedían jugar con normalidad”, Royston Drenthe, para el mismo medio español. ¿Es un tema tabú la depresión en los jugadores? ¿Un juvenil puede sufrir ansiedad y depresión? Sí, hay mucha resistencia a mostrarse vulnerable. Estamos hablando de un guion masculino tradicional que indica que el hombre no debe mostrar sus sentimientos. En un mundo competitivo que exige mostrar reciedumbre en momentos difíciles, esto se acrecienta. Además, los atletas son idealizados, se espera que puedan con todos los retos, eso hace difícil que puedan mostrar sus dificultades. En general es difícil lograr que los atletas identifiquen y expresen sus sentimientos. En particular la depresión se vuelve un problema más complicado cuando los atletas lo sufren en silencio. Algo que puede ser tratado, se puede convertir en una bola de nieve.
Santiago Morro García (QEPD) popularizó la frase de que los jugadores no son robots, sino humanos. ¿Cuál debe ser la labor de un club para ayudar a sus jugadores a curarse de la depresión o evitar un posible suicidio? Más en plena pandemia y posterior al confinamiento… Queda una larga tarea de sensibilización a los problemas emocionales que se presentan en el deporte. El tema ha cobrado más atención en diferentes ligas, con la admisión de dificultades mentales hechas por distintos atletas. En la NBA, por ejemplo, varios jugadores como Larry Sanders y Royce White declararon públicamente lidiar con problemas de ansiedad y depresión lo cual influyó en desarrollar programas más activos en el apoyo de los atletas. En la actualidad hay un movimiento en el ámbito olímpico norteamericano, liderado por Michael Phelps, de compartir sus dificultades emocionales como una manera de atraer más atención y apoyo a los atletas en este sentido. El documental “el peso del oro” es muy bueno mostrando algunos de estos problemas en los atletas olímpicos.
En el fútbol, el suicidio lamentablemente ha sido el detonador que ha traído la atención a la problemática, como en el caso de Robert Enke en Alemania y ahora en Uruguay con Santiago Morro. Pero las alertas no han servido todavía para darle prioridad en el fútbol sudamericano. Recientemente más futbolistas han compartido sus dificultades con temas de salud mental, como Andrés Iniesta y Gianluigi Buffon quienes han hablado de sufrir de episodios de depresión.
Creo que hacen falta varias cosas. Una campaña amplia de sensibilización a estas problemáticas, que favorezca que algunos atletas respetados puedan compartir sus experiencias. Se necesita abrir espacio para hablar de estos temas. Hay que desarrollar programas y profesionales disponibles para que los atletas sepan a quién pueden acudir cuando sufren emocionalmente. Además, hay que comprometer a los entrenadores y a los clubes a colaborar e invertir en esos programas de apoyo. Hay que concientizar y desarrollar estructuras. Por supuesto que se puede sufrir de una depresión o de ansiedad, aún en medio de experiencias de éxito. Más bien el éxito externo puede subrayar la sensación de vacío y sin sentido. Eso es lo que leemos, por ejemplo, en la autobiografía de Andre Agassi, explicando su enorme infelicidad en medio de ser uno de los tenistas más reconocidos de su época.
En un momento donde las nuevas tecnologías y el ritmo de vida es frenético, los niveles de atención bajan. En especial en la juventud. ¿Cómo se puede trabajar el aspecto mental y buscar que los juveniles puedan mantener un alto nivel de concentración durante los partidos? Ese ser competitivos y no desenchufarse… Felizmente el deporte sigue siendo de las actividades que convocan la atención de los jóvenes. En su mejor versión son actividades que comprometen de manera total e involucran al joven intensamente. A través del deporte podemos capturar la atención de todo tipo de jóvenes y encauzarla hacia actividades de desarrollo físico y emocional. Como herramienta para el desarrollo juvenil, el deporte sigue siendo una opción privilegiada. En sí misma, la actividad deportiva atrae una atención intensa a la tarea, una inmersión profunda. Eso es un elemento útil pensando en jóvenes que tienden a tener su atención convocada por muchos estímulos sus vidas.
En el terreno del alto rendimiento, la atención es por supuesto una variable clave. La atención es uno de los aspectos que se trabajan de muchas maneras. Una primera manera es generando consciencia de lo difícil que es sostener la atención y cómo muchos errores suceden por fallas atencionales. Eso lo hacemos constantemente mostrando videos y señalando ejemplos de fluctuaciones de atención en competencias. En segundo lugar, la atención, en un deporte de equipo es un proceso que está moderado por la comunicación. Mantener la atención es un proceso grupal, en que los llamados a la atención y las alertas funcionan mejor en la medida en que la comunicación entre el equipo es fluida.
Finalmente, en los últimos años ha crecido mucho la neuropsicología en el ámbito deportivo, y se han desarrollado tecnologías específicas que buscan activar la atención, medirla y entrenarla. La dimensión cognitiva cada vez es abordada de manera más explícita por los preparadores físicos y los entrenadores. Por ejemplo, añadiendo a la exigencia física una tarea perceptiva o de toma de decisión que implica mantener la atención hacia estímulos mientras realizo la tarea física. O por ejemplo, añadiendo una sobrecarga atencional mientras ejercitas la técnica de manera que “sobre cargo neurológicamente” al atleta con exigencias físicas y cognitivas que favorecen su capacidad de lidiar en competencia, no solo con la exigencia técnica de la tarea sino con la posibilidad de atender a los estímulos en la cancha y tomar decisiones rápidas y acertadas.
Algunos atletas como Stephen Curry incluyen este aspecto de manera sistemática en sus rutinas. Se puede ver algunos ejemplos aquí: https://www.youtube.com/watch?v=M0FwbaLVHpg
En el fútbol las luces Led son una de las herramientas que se han incluido de manera extendida en muchos equipos como un ejemplo de la inclusión de elementos que buscan desarrollar las habilidades cognitivas que incluyen la atención.







