Psicóloga Deportiva Alejandra Blasco: “El fútbol es un deporte muy machista”

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.- La homosexualidad es un tema tabú en el fútbol, un deporte que sus entes rectores se jactan de vender el balón como un vehículo de integración. El silencio es la ley. Casos con finales trágicos como el del exjugador inglés Justin Fashanu (en su memoria el 19 de febrero se celebra el Día Internacional contra la Homofobia en el Deporte) obligan desarrollar la empatía y no darles cancha a los prejuicios.

 

Para abordar este tema que se explora muy poco en Latinoamérica, Balonazos habló con la psicóloga deportiva Alejandra Blasco, quien estuvo en la selección nacional femenina y hoy en día forma parte del equipo de trabajo de Deyna Castellanos, jugadora la Vinotinto y del Atlético de Madrid.

 

La carabobeña también tuvo un paso por la Academia Secasports. Su experiencia en el área deportiva la ha llevado a conocer el mundo del fútbol desde sus entrañas e incluso a sufrido en su piel lo que es la discriminación por su orientación sexual, bajo el mando de Kenneth Zseremeta en la Vinotinto femenina. Su trabajo la llevado a vivir en México, Estados Unidos y España, por lo que puede dar una visión internacional de esta problemática. En una entrevista apoyada en varios conceptos del trabajo “El tabú del fútbol. ¿Por qué ningún jugador gay de Primera se animó a contarlo?”, del diario argentino La Nación y escrito por Ayelén Pujol. Como conclusión trasversal de la conversación, la educación y la empatía son las mejores herramientas para combatir con la homofobia en el deporte y en diferentes ámbitos de la vida.

 

Es casi nula la cantidad de jugadores masculino que se declaran abiertamente homosexuales. Voy con una cita de un artículo del diario La Nación (Argentina) a Bernardo Vleminchx, jugador de Dogos (primer equipo Gay en Latinoamérica): “El fútbol argentino es el deporte más homofóbico que existe. Hay un tabú -opina-. Son muchas las cosas que hacen que los jugadores no se puedan expresar. La dirigencia, las tribunas, lo que pasa cuando están en el partido y lo que les gritan desde la hinchada. Y nadie piensa cómo le va a afectar eso a ese jugador. La barra brava te insulta cada vez que tocás una pelota. Acá en la Argentina es muy difícil salir del clóset siendo un profesional activo. Está en juego tu trabajo y tu vida personal”. Cabe la pregunta: ¿Qué tan fuerte es el tabú de la homosexualidad en el fútbol en Venezuela con respecto a otros países (como Estados Unidos o España, donde has vivido)?

Con respecto a Estados Unidos y España la diferencia es inmensa; sin embargo, creo que la homosexualidad sigue siendo un tabú en el deporte y más en el fútbol de cualquier país. En Estados Unidos hay menos de cinco jugadores abiertamente gay y en España creo profesionalmente no hay ninguno. Es un deporte muy machista, más allá  de lo que pueda ser socialmente aceptado. Por ejemplo, España es el segundo país donde se aceptó el matrimonio igualitario, después de Holanda, y sigue siendo un país con muchos ataques de homofobia. Creo que es mucho más profundo que eso. En lo deportivo ayuda en algunos aspectos los avances del país, pero es un tema del deporte y en lo cultural, de cómo la gente ve que debe ser un atleta y la definición de la hombría, o de lo macho, que no compagina con la visión que tiene mucha gente sobre la homosexualidad. Con mucha gente me refiero a los homofóbicos.

 

 

Voy con otra cita del mismo artículo, ésta de Jorge Liquin, parte de Todo lo que está bien (TEB), un equipo gay de Salta y dice: “No era tan natural desvestirme delante de otros varones. Tenía miedo que se dieran cuenta de que era homosexual. Era tortuoso. A veces ni entraba al vestuario y me iba directo a casa”. Bajo esa premisa: ¿Cuánto afecta la salud mental de jugador en su etapa formativa tener que vivir bajo sospecha? ¿En el caso del profesional puede rendir al 100% si su mente tiene la distracción de guardar un secreto?  

Realmente es muy importante, porque lo que pasa en los vestuarios del fútbol no es solo sobre la sexualidad, sino también el tema de los cuerpos. En los hombres se habla del tamaño del pene. Una serie de inseguridades que pueden acarrear problemas de autoestima, de confianza o de seguridad, eso unido al desarrollo humano es algo que trae muchos problemas a futuro. Estar en un ambiente hostil y de constante prejuicio todos los días es algo muy muy delicado. En el caso de ser profesional es algo que afecta, dependiendo de a qué nivel hayas salido del clóset, porque muchos lo han hecho a nivel familiar y no a nivel laboral. Sobretodo en los temas de ansiedad y depresión es donde más pega este tipo de cosas. Sin duda alguna esto va a presentar un desequilibrio para un atleta o cualquier persona.

 

En el caso del femenino parece ser más aceptado a que la jugadora sea abierta con estos temas, ¿por qué? ¿Qué beneficios puede traer en lo mental y lo deportivo no tener que lidiar con esos prejuicios?

En el deporte femenino no existen estos tabúes en la mayoría de los países. En Latinoamérica todavía existen, aún se escuchan comentarios como en la liga colombiana que un directivo (Gabriel Camargo, presidente del Tolima) dijo que el fútbol femenino era «un caldo de cultivo del lesbianismo». En el deporte femenino está más normalizado, porque desde el principio siempre hubo jugadoras aceptadas en todos los aspectos. Las mujeres de por sí tienden a tener más empatía. Es una situación que se convirtió en algo que forma parte del deporte. Es un safe place (lugar seguro) para muchas jugadoras, aunque, lamentablemente, en muchos lugares no hay personas preparadas para manejar esa situación, como pasa en Latinoamérica. En Estados Unidos y en Europa no es ni siquiera un tema de conversación en el día a día  del deporte, más allá de defender el pride (orgullo) y estar pendiente de que no haya ningún tipo de ataque, pero no es algo que las jugadoras sufran. 

 

Hay un culto al silencio como explica en el artículo Juan Branz, doctor en Comunicación e investigador del Conicet y autor del libro “Machos de Verdad”, donde dice: “La norma, lo que te deja adentro o te expulsa, es que te debés vincular sexualmente con mujeres. Por eso es una norma. Hay que respetarla. El fútbol es centralmente homofóbico. Y no importa si hay jóvenes varones que desean a otros varones. Eso será silenciado. El silencio es central para sostener la heterosexualidad, mientras no se muestre ni se exhiban deseos hacia otro varón, no hay inconvenientes. Y esto, para muchos chicos que comienzan a jugar, además de ser una prescripción, es un problema. En el fútbol no podrán hablar ni vivir con libertad su sexualidad”. La pregunta sería: ¿Cuánto le cuesta en salud mental y rendimiento ese silencio al atleta?

Como comentaba en las respuestas anteriores, todos los trastornos que pueden derivar de un problema como este son infinitos. Va a depender de muchas cosas para puntualizar en algo en específico. Lo más común que puede vivir una persona es el nivel de ansiedad y depresión,  porque no eres completamente feliz, porque no eres completamente libre. Más la presión que conlleva ser un atleta de alto rendimiento, de por sí. Vivir con esa presión en el vestuario de escuchar todos los comentarios, todos los días, de cómo juzgan y de tener que estar con mujeres con los otros jugadores, para poder evitar sospechas, eso es literalmente un tormento y una tortura para los atletas que tienen que vivir eso. No solo los deportistas, lo viven en el colegio y en otros sitios. Pero el mundo deporte es algo muy cerrado. Juegas mucho con tu mente, para el nivel deportivo que se requiere a esa intensidad de rendimiento necesitas estar lo más tranquilo posible y tener la mayor paz mental, para lograr cumplir con las exigencias.

 

¿Qué rol juegan los padres para que el atleta pueda desenvolverse y no sentirse juzgados por su sexualidad? ¿Qué papel deben jugar los clubes y/o las academias formativas?

Para los padres lo principal es hacer sentir el niño seguro. Que en casa siempre va a tener la seguridad, de que no importa de lo que pase fuera, en su hogar no va a vivir ningún tipo de discriminación. Por parte de los clubes y las academias más que todo es educación. Programas de educación donde puedan demostrar y hacer ver que la homosexualidad no es nada del otro mundo, es común y se vive en todos los países. Que no hay diferencias entre un homosexual y un heterosexual. Muy importante que se entienda que ser homosexual no significa que te va a gustar cualquier persona que veas. No es que te van a gustar tus compañeros por verlos desnudos, porque no es así. Ese tipo de aclaraciones educativas es lo más importante que pueden tener los clubes y las academias. No solo con los jugadores, sino con el cuerpo técnico también.  Establecer reglas contra la discriminación también es muy muy importante. 

 

 

Voy con la última cita, esta de Liquin: “Hay como un estigma gay que hay que erradicar porque nos asocian con la noche, la prostitución, la droga, la promiscuidad, el HIV. Esto demuestra que la idea es ofender al otro, supuestamente distinto. Herirlo, menospreciarlo. Me parece patético”. Hay discriminación hacia las personas homosexuales, no solo los atletas, sino el personal de cuerpo técnico. En tu caso lo sufriste. ¿Cómo se revierte esa cultura de la ofensa y el menosprecio por la orientación sexual?

Todo esto lo resuelve es la educación. Tener personas actas y capacitadas para poder manejar diferentes situaciones, no solo con respecto a la sexualidad, sino en general que se presentan en la vida. Lo que haces en el campo no es lo único que influye en el rendimiento final. Creo que lo más importante es tener personas suficientemente inteligentes y aptas para manejar cualquier situación que se le pueda presentar a los atletas. Para revertir la cultura de la ofensa es con educación, ejemplos, poniendo reglas, exigiendo y dando respeto;  con temas como el VIH y esos estigmas hay que conocerlos y con educación cambiarlos poco a poco. 

 

En los equipos femeninos es más común que en el camerino hayan parejas. ¿Cómo se debe manejar esos temas desde el aspecto psicológico para que lo sentimental no afecte lo deportivo?

Creo que hay muchos equipos que tienen parejas como por ejemplo Ashlyn Harris y Ali Krieger o Marta da Silva y Toni Pressley, ambas en el Orlando Pride (Estados Unidos) otro ejemplo es Magdalena Eriksson y Pernille Harder en el Chelsea (Inglaterra). Hay una infinidad de equipos. Pienso que lo más importante es que las atletas de la pareja cumplan con las normas preestablecidas por el cuerpo técnico, siempre entender y darles el respeto que ellas se merecen como personas, jugadoras y pareja. Por lo menos yo no estoy de acuerdo que haya cosas de equipos que se tomen como vacaciones de pareja, pero mientras tengan el nivel deportivo que se les exige no hay por qué ahondar en el tema. Si cumplen todas las normas, no debe ni ser un tema de conversación. 

 

Has vivido en España y Estados Unidos, dos países más abiertos en estos temas. ¿Qué tan lejos estamos en Venezuela de ser más tolerantes? ¿Qué tanto debe influir las políticas de la FIFA/Conmebol para ayudar a erradicar la homofobia en el fútbol en general?

En Venezuela estamos muy lejos en muchos aspectos, porque es un país que por aspectos políticos y sociales se quedó en los años 90′ o en los 2000. De hecho, no se acepta el matrimonio igualitario, eso es un paso atrás enorme. Si no hay una ley que te ampara para poder casarte, cómo tú esperas que el ciudadano de a pie pueda avanzar en ese aspecto. Creo que la FIFA, y en nuestro caso la Conmebol, deben poner reglas estrictas y sanciones muy fuertes contra la discriminación. Como pasó en México con el famoso caso del canto de «Puto», que allá es como decir maricón, cada vez que un portero sacaba. Empezó a poner multas a los equipos. Esos detalles que parecen tontos son importantes. También tener cero tolerancias hacia la discriminación. Eso generaría un gran cambio.