La Vinotinto sufrió una caída que va más allá de la altura de La Paz ante Bolivia

 

Luis Vílchez @lvilchez8.- ¿Afectó la altura de La Paz y sus 3600 msnm? Sí. ¿La preparación rindió frutos? Ante los hechos, no. ¿Pudo ser mejor? Complicado, porque el tema de la pandemia ata de manos a muchas iniciativas (con el periódico del lunes surgen muchas ideas de una planificación diferente). Pero Venezuela no perdió solo las condiciones extremas de la capital boliviana, lo hizo ante un equipo que aprovechó todas las facilidades que otorgó la Vinotinto y que supo controlar la reacción que generaron los cambios. El margen de error era corto, ahora ínfimo. El combinado patrio camina por la cornisa y sus errores siempre son penalizados. ¿Con Salomón Rondón, Yeferson Soteldo, Yangel Herrera, Darwin Machis y Yordan Osorio hubiese sido diferente? Seguramente, pero eso entra en el reglón de fútbol-ficción.

 

Ni línea de seis, como en la visita ante Brasil, ni una línea de cinco como se podía inferir cuando la alineación rodó por redes sociales. Un 4-3-3, que casi siempre fue un 4-5-1 o un 4-1-4-1, en una propuesta muy pragmática y ortodoxa, acorde a los partidos en La Paz. No buscaban el golpe por golpe, que en la altura es suicida y puede desembocar en el 6-1 que recibió la Argentina dirigida por Diego Armando Maradona. El plan era aguantar el arreón inicial boliviano, replegarse, sacudirse los efectos del ahogo con el pasar de los minutos y luego hacer daño. Lógico en un equipo que no tuvo tiempo de aclimatarse a la altura e intentó llegar lo más tarde posible para mitigar sus efectos. Pero el planteamiento recibió un correctivo en los primeros minutos.

 

A pesar de tener una dupla de centrales con buena talla Wilker Ángel (1.88 m) y Jhon Chancellor (1.97 m), reforzados en el juego aéreo con Mikel Villanueva (1.92 m), los goles cayeron vía centros. Un par de Marcelo Moreno Martins (1.83 m) y otro de Diego Bejarano (1.74 m). No hay nada que cambie más el guion de un partido que el gol y a los cinco minutos la Vinotinto estaba 1-0 abajo, tras una pelota cruzada donde no se referenció a Moreno Martins, que recibió con comodidad y pudo definir sin mucha oposición. Sin embargo, el equipo no se descalabró con ese zarpazo de la Verde. Se mantuvo como inicio el partido, aturdido, pero sin dejar que la distancia se alargara, la brecha se concretó en goles en la segunda parte. Mientras que Martins se sacó cualquier fragmento de sentimientos de revancha con respecto al penal errado en 2009.

 

 

El delantero boliviano, quien compró una cámara hiperbárica a solicitud de César Farías para llegar en forma a los partidos con su selección, se volvió una pesadilla para la zaga venezolana. Indescifrable en sus desmarques, hizo destrozos de todas las formas. Cerró la cuenta con un cabezazo a las espaldas de los centrales y no firmó un hat-trick por una gran intervención de Joel Graterol, en un mano a mano muy claro. Tanto los balones frontales como de los costados fueron un inconveniente para la última línea venezolana, que demostró que el fútbol no solo es físico. De nada sirven centrales del tamaño de las torres de Parque Central, si las marcan se pierden. Eso se evidenció en el gol de córner (la pelota quieta, un manal del cual César Farías siempre bebe), cuando Bejarano cabeceó sin inconvenientes.

 

Los sospechosos habituales de la afición volvieron a ser Chancellor y Ángel, que desde el ciclo de Rafael Dudamel no se han mostrado con la solidez que se puede inferir por su biotipo. Si bien a primera vista los dos centrales son los grandes señalados, el trabajo colectivo no evitó que Bolivia levantara el balón cada vez que quiso y de la manera que quería. Esto agudizado en un equipo que en largo no encontró una válvula de escape a la hora de salir, y en el momento de construir desde el fondo la precisión no fue una virtud, ya que en más de una ocasión un pase relativamente sencillo terminó en saque de banda. La pasividad defensiva fue un lastre, ante un cuadro del altiplano que salió a ahogar a Venezuela.

 

Los tramos que Venezuela pudo controlar el balón, el que tuvo más criterio del trivote Junior Moreno, Cristian Cásseres Jr y Tomás Rincón, fue este último. El jugador del Torino hizo gala de su experiencia en la altura (dos veces en La Paz y una en Quito) y mostró su mejor cara en este Premundial, donde ha recibido críticas. El ex Deportivo Táchira también llegó a incrustarse entre centrales para hacer salidas lavolpianas. Incluso dejó mano a mano a Fernando Aristeguieta, pero no aprovechó la oportunidad y su remate cayó en las manos de Carlos Lampe. Un partido ingrato para el “Colorado” de mucho desgaste, donde Venezuela no explotó las bandas y de los pocos centros que se levantaron, los efectos de la altura le jugaron una mala pasada. En una selección como Venezuela y bajo estos planteamientos, las oportunidades que tendrá un “9” son escasas y necesita una efectividad excesivamente alta para rubricar. 

 

 

Mientras Bolivia capitalizó las bandas, la opción por derecha de un doble lateral entre Roberto Rosales y Alexander González solo funcionó una vez en ofensiva y terminó en córner. Por izquierda Villanueva sufrió horrores, en una posición en la que no está acostumbrado, ya que viene de ser muy regular en Portugal como central. Ahondar en los problemas en el lateral izquierdo es casi como hablar de sembrar petróleo en Venezuela; una discusión frecuente, longeva, acalorada y, lo peor, sin solución aparente en el corto plazo. Otro inconveniente es que, por el lado izquierdo, los retrocesos de Rómulo Otero no ayudaron tanto como los de González. Más desguarnecido Villanueva.

 

Aunque el “Escorpión” merece un capítulo aparte. Las falencias defensivas se paliaron al cambiarlo de banda, para González colaborar con Villanueva y la espalda de Otero estuviese cubierta por Rosales. Con el balón en los pies fue el mejor del partido, sin necesidad de grandes traslados (lo recomendable en La Paz), se encargó de acumular faltas. También le sacó lustre a su buena pegada, ya que un tiro libre  (proveniente de una falta conseguida por Rincón) culminó en un remate que no pudo controlar Lampe, y que Chancellor supo aprovechar el rebote con una definición más propia de un atacante, que de un central. Otro gol de una jugada ABP, como han caído dos de los tres tantos en este Premundial. Cabe destacar, que lo del volante del Corinthians adquiere más relevancia si se entiende que el titular iba a ser Darwin Machís hasta pocas horas del inicio.

 

Lo que más se puede reprochar a José Peseiro, que ha tenido que sortear una infinidad de obstáculos, fue la gestión de los cambios. En este Premundial, en los segundos tiempos los rivales han terminado volteándole la tortilla a Bolivia en La Paz. Los ingresos de Jefferson Savarino, 63’; Josef Martínez, 63’; José “Brujo” Martínez, 72’; y Jhonder Cádiz,79’; tuvieron un efecto efervescente, muchas burbujas al principio, pero a los minutos se apagó. Se dejó de usar una modificación y el cambio a 4-4-2 no logró que la Vinotinto pisara más el área. Farías movió sus piezas antes, refrescó, tocó las teclas indicadas y al final hasta quemó tiempo con los cambios.

 

 

El planteamiento inicial estuvo muy manoseado por lesiones y lo que significa la altura, pero en el transcurso del partido perdió esa partida de ajedrez ante el cumanés, que con este triunfo renueva su crédito ante la Federación Boliviana de Fútbol, tras las duras críticas de sectores de la prensa y la afición. Peseiro se ha ganado el respeto del país por su trabajo honrado y su honestidad al declarar, pero también tiene que lidiar con la ingratitud de los resultados y del margen de maniobra. ¿Perder en La Paz puede entrar en el presupuesto? Sí, como lo demuestra la historia. El detalle es que la caída ante Paraguay trastocó las cuentas en una Eliminatoria larga, pero que cada punto cuenta. Los errores (individuales y colectivos) aunado a un planteamiento que no supo reinventar le dieron alas a una Bolivia, que hizo la tarea y supo sacarle jugo a los 3600 msnm.

 

Venezuela se ve obligada a sumar de a tres ante Uruguay en Caracas, para volver a ponerse de pie en la carrera. Un constante nadar contra la corriente de José Peseiro en este Premundial. Al igual que los videojuegos, los partidos que quedan son batallas a muerte súbita, porque cada vez hay menos unidades en disputas y mayores necesidades. El camino para Catar aún se escribe en versos épicos, más que en un cuento de hadas.