El fútbol venezolano frente al espejo

Las noticias nos bombardean por todas partes. La inmediatez parece una droga de las sociedades modernas. Infografías, datos, crónicas, reportajes, videos, (des)información a un solo clic. Le sumamos a esta vorágine el desgaste que produce la pandemia, donde un día estás afuera de un laboratorio, con la esperanza de dar negativo en un test para detectar al bendito (para no maldecir) virus o esperas ese mensaje que te notifique la mejoría de un ser querido, que está en la UCI de un hospital. En este contexto varias personas se aíslan en la negación y se desconectan. “Mucha gente no busca estar informada, busca ser afirmada”, declaró Marty Baron, ex director de The Washington Post y el Boston Globe, hace no mucho. Opciones válidas, pero que no evitan el doloroso choque con la realidad, que sigue ahí. Para respirar en medio de tanto estiércol, el fútbol tiende su mano como una cuerda de donde asirse o un refugio para pasar el chaparrón.
Ya sea el equipo de la región donde naces o ese símbolo que une al país, denominado Vinotinto, ambos pueden ser una caricia al alma. El crecimiento de la disciplina es innegable y desde el “Pachenchazo” ha sido meteórico. De la “Cenicienta” a un equipo que se le exige ir a las Copas del Mundo. Un cambio de mentalidad que permite al elenco nacional ser competitivo y que luego permea en los clubes en sus aspiraciones en competiciones internacionales, ya sea la Copa Sudamericana o Libertadores. Todo es color de rosa hasta que llegan las noticias de los despachos, que se quiera o no, repercuten en lo que sucede en la cancha.
Como un baldazo de agua fría cayó la información que reveló el colega Carlos Tarache (@carlostaracher) sobre la renuncia de Daniel Correia, preparador de porteros de la selección nacional, por deudas. La morosidad ya no es solo la carta de presentación de la Liga FUTVE, sino que salpica a la Federación Venezolana de Fútbol. ¿Culpa de la pandemia? El bendito virus lo único que hizo fue gritar: “El rey está desnudo”, en Venezuela y en otros países, vale revisar los casos del FC Barcelona (España) o el Inter de Milán (Italia). Entonces, ¿Responsabilidad de Jorge Giménez? Tampoco. Aún no tiene ni 100 días en el cargo, pero el argumento de una herencia complicada tiene fecha de caducidad para la nueva directiva.
Desde que Laureano González tomó el testigo de Rafael Esquivel, luego del FIFA Gate, nunca se ocultó la mala situación económica del ente rector del fútbol nacional. En estas líneas no me voy a poner como Luis Herrera Campíns y preguntar, ¿Dónde están los reales? Eso correspondería a un reportaje de investigación y una auditoría seria, y usted lee es una humilde columna de opinión. No seré osado y afirmaré de forma tajante que la FVF se encuentra quebrada, pero no hay que ser un erudito de las finanzas para saber que no se encuentra boyante.
El Boom Vinoninto coincidió con un boom petrolero, pero la realidad económica actual es otra. Un país con una contracción económica del 80 por ciento y embalada la hiperinflación más longeva de la historia, lo más congruente es lo que sucede. Si hay más de cinco millones de emigrantes y el Programa Mundial de Alimentos tuvo que entrar porque la nación está en riesgo alimentario. No se puede pretender que la FVF esté exuberante, cuando su entorno se cae a pedazos. Muchos menos si cuando salimos al plano internacional, la Conmebol alega problemas “logísticos y de costos de organización”, un tiro en el pie que la aleja más de UEFA. En la industria del deporte, como la llaman los gringos, la rueda gira con el dinero. Y la plata, al igual que la gasolina, escasea.
Esto no se solucionará con el pasar del tiempo ni con los brazos cruzados. Una situación tan peliaguda requiere de toda la creatividad e innovación posible. La FVF viene de un cambio en su directorio, no me centraré en un juicio de valor, si para bien o para mal, porque serán los hechos y sus acciones los que lo determinen. Pero tampoco podemos replicar ese mal de América Latina de entender la política (no solo la de partidos) y los liderazgos como una extensión del cristianismo. Esa devoción por líderes mesiánicos y el anhelo de utopías. Como venezolanos lo tenemos más marcado, porque desde los colegios, al ver historia, nos enseñan esas imágenes del Libertador a caballo con su espada. Desde Antonio Guzmán Blanco se creó ese culto a la imagen de Simón Bolívar y en los últimos 20 años se exacerbó. Ese idilio con el hombre fuerte que desembocó en el caudillismo. Luego mutó a un presidencialismo enraizado, no solo a nivel nacional, sino en una junta de condominio o en un equipo de fútbol.
“Desengaño o resignación, o romántico escape de las cosas. Había sido durante los años de eclipse civil los síntomas de una prolongada derrota venezolana. Que aquí no vale la pena esforzarse por romper la costra de las costumbres y los malos hábitos, porque una misteriosa inercia autóctona, terminaba prevaleciendo sobre todo impulso renovador”, reflexionó en su momento Mariano Picón Salas. ¿Estamos listos para un cambio real en el fútbol venezolano o los malos hábitos volverán a triunfar? Toca esperar, lo seguro es que no dependerá de una sola persona o su equipo de trabajo, depende de todos los que hacen vida en el fútbol criollo.
Toda gestión es perfectible y en el caso de la nueva FVF lo justo es la paciencia, siempre y cuando se ponga frente al espejo para reconocer su realidad. La consciencia es dolorosa, pero necesaria. Por lo momentos anuncios como la llegada del VAR o la exigencia de comprobantes de pagos son positivas, pero se tienen que concretarse en resultados: mejora del arbitraje y solvencia en los clubes. En Conexión Goleadora, Alfredo Coronis, reveló que la FVF trabajará de la mano con una agencia de mercadeo liderada por Carlos Martínez, reconocido gerente de mercadeo deportivo de Empresas Polar. Otra grata información, más cuando el departamento de mercadeo había caído en el olvido.
Ante la imposibilidad de tener aforos plenos para ingresar dinero por entradas (que tampoco es un monto significativo por la situación país), más allá de los derechos televisión, la prioridad debe ser conseguir anunciantes. Volver a realzar la marca Vinotinto y conectar con ese ciudadano de a pie atareado en sobrevivir, en medio de la peor crisis de Latinoamérica, o el emigrante que reseteó su vida y la construyen desde cero. Atraer empresas, más allá de las del Estado, en un territorio donde la inflación ya es un fenómeno estructural: desde la década de los 80 no hay un solo año que ese indicador no cierre en un solo dígito. Toca trabajar a corto, mediano y largo plazo.
“A comienzos de este siglo empezamos a notar que (de las variables más importante de la economía) se le dio más énfasis al consumo que a la inversión. La inversión tiene un componente muy importante, porque extiende el horizonte temporal de la sociedad: si vas a ser inversionista, dejas de ser cortoplacista. Debes tener visión de largo plazo. Esa es la característica de la inversión. Su respuesta favorable la vemos en el mediano y largo plazo. Ayuda a ponderar los pro y los contra de una forma mucho más sosegada”, respondió la economista y presidenta de la Academia Nacional de Ciencias Económicas de Venezuela, Sara Levy, en una entrevista a Prodavinci. La FVF tiene que ser atractiva para los inversionistas y a su vez tener esa mentalidad de inversor, no solo pensar en septiembre, sino en 2026.
¿En qué se resume toda esta exposición? ¿Qué se refleja en el espejo? Incertidumbre. Aunque queda mucho camino que transitar en el desierto. Si la pelota entra en el Premundial, se barren los problemas debajo de la alfombra. La amnesia nos arropa y la alegría del triunfo nos emborracha. Pero lo coherente, al igual que la FVF tenga una economía crítica, es que los resultados en el campo sean cuesta arriba. En un país donde la opacidad es la costumbre y los medios languidecen entre su crisis existencial junto a la del país, una rueda de prensa previa a los partidos de septiembre sería refrescante. Que se hable de forma diáfana sobre la realidad de la Federación, los planes para solventar los problemas y los plazos; no un rosario de excusas y pretextos. Una idea así suena como unas uñas en un pizarrón para el directivo venezolano.
Aunque no comunicarlo, no significa que no existan esos proyectos y que estén en marcha. Pero las malas noticias se venden solas, por eso deben vender las buenas. Con más razón después de tantos años turbulentos en el seno federativo. “La nueva junta directiva de la FVF, encabezada por Jorge Giménez, ordenó realizar un informe epidemiológico, al detalle, sobre lo ocurrido en la burbuja en el Hotel Lido en la última ventana eliminatoria y que, a su vez, afectó de forma considerable la convocatoria para la Copa América”, escribió Coronis en Idioma Futve. Un ejemplo claro de una situación que se esperaba una declaración pública por su trascendencia (un contagio masivo), pero que resolvieron a lo interno.
Toca un ejercicio de paciencia y confianza en los jugadores como en el cuerpo técnico, a pesar de las vicisitudes. Apoyarse en la irracionalidad del Dios Fútbol y los caprichos del balón. Porque la lógica indica que, sin módulos y amistosos, la brecha entre Venezuela y su vecinos es muy difícil de acortar. Tanto en masculino, femenino, sala, playa; como en sus categorías absolutas como juveniles de las distintas modalidades citadas. Se puede tener la metodología de trabajo y un plan trazado, pero sin el dinero no se puede llevar a cabo. “Todo es plata, plata y plata en esta vida”, decía mi bisabuela. ¡Cuánta razón tenía!
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