La última batalla de “Rocky” Peseiro y un adiós repentino de la Vinotinto

Luis Vílchez / @lvilchez8.- El ciclo de José Peseiro al frente de la selección nacional de fútbol de Venezuela fue lo más similar a una película de Rocky Balboa, pero sin un final feliz. Desde el momento que el lusitano pisó suelo venezolano, recibió más golpes que Silvester Stallone en la popular saga de boxeo. En 10 partidos, entre las eliminatorias rumbo al Mundial de Catar 2022 y la Copa América Brasil 2021, sus resultados fueron: una victoria (la primera de la historia ante Chile como local), tres empates y seis derrotas. Números que a la pasada hablan de un proceso que no fue exitoso, pero al contextualizarse se entiende por todo lo que aguantó el ex entrenador del Porto y toma otro cariz.
“No había las condiciones para continuar”, fue una de las frases de la despedida en una carta de José Peseiro, luego de revelar que la Federación Venezolana de Fútbol acarrea con él una deuda de 14 meses. Horas antes de esa publicación, el entorno del fútbol estaba en vilo por una rueda de prensa inesperada, donde con el pasar de las horas tomaba fuerza una noticia inesperada: la renuncia del DT de la Vinotinto a pocos días de un partido de Premundial (contra Argentina, el 2 de septiembre) y luego de anunciar la lista de 55 jugadores dos días antes. La exposición de motivos y la ruina económica que presentó Jorge Giménez, flamante presidente del ente rector del balompié nacional, fue escalofriante y amargó más de un almuerzo. La situación es crítica. La gota que derramó el vaso para un estratega que enfrentó adversidades más fuertes que Apollo Creed, Clubber Lang e Iván Drago juntos.
El proceso del entrenador con mejor currículo, junto a José Omar Pastoriza (lamentablemente sus ciclos solo duraron dos años y no tuvieron resultados), termina con poco que rescatar en lo deportivo. Último junto con Perú en la tabla de clasificaciones y se quedó fuera de la fase de grupos en una Copa América donde en cada sector pasaban a la siguiente ronda cuatro de los cinco equipos. Si la historia lo recuerda así, será un acto de tremenda mezquindad y de una falta de honor a la verdad.
En medio de una salida sin muchos argumentos deportivos de Rafael Dudamel, en donde la relación entre la FVF y el yaracuyano era insostenible, desembocó en su renuncia y posterior fichaje con Atlético Minerio (Brasil), el nombre que más sonó para sustituirlo fue el del argentino Jorge Sampaoli. Hasta en la gala de la Liga FUTVE se habló del actual estratega del Olympique de Marsella. Pero a última hora llegó José Peseiro, desconocido para la mayoría, a pesar de jugar una final de la Copa UEFA con el Sporting de Lisboa o ser asistente técnico de Carlos Queiroz en el Real Madrid. Equipos con bastante seguimiento por las comunidades españolas y lusitanas del país. Fue un baldazo de agua fría, para muchos que esperaban la llegada de un timonel que había llevado a Chile a ganar su primera Copa América. El primer revés de Peseiro fue luchar contra la incredulidad y el desconocimiento.

Cuando se suponía que su proceso arrancaba en dos meses, llegó la pandemia. Un golpe, que con el pasar del tiempo se demostró, fue el más fuerte y trajo grandes complicaciones en su ciclo. Llegó la hora de la decena de entrevistas de Zoom y el discurso de un equipo más ofensivo, porque “especulando no se llega al Mundial”. No fueron pocas las veces que recordó que la Vinotinto fue colista en el camino a Rusia 2018. De las horas de llamadas a sus jugadores, que en diferentes encuentros expresaron su respeto a la figura del portugués, y mantuvo ese sentimiento porque pocas horas después del anuncio de su salida Luis Mago y Fernando Aristeguieta se despidieron en redes sociales. Luego la vieja guardía también dejó sus muestras de cariño y estima, una situación que no se vio en la salida de Dudamel.
Cuando llegó el momento de competir, los problemas de la pandemia a la hora de armar las logísticas y las lesiones fueron su martirio. Un gancho al hígado. Contra Colombia pecó de arriesgado en Barranquilla y lo pagó caro. En Mérida, contra Paraguay, fue excesivamente cauto y también salió castigado. Ante Brasil hizo el partido que se esperaba y tuvo una derrota a secas, nada de goleadas alarmantes. Contra Chile tuvo la mayoría de sus piezas y se vio una Vinotinto que ilusionaba, que venció esa bestia negra que era la Roja cuando pisaba territorio criollo. La selección no dependió del trazo largo, supo asociarse, presionar de tres cuartos de cancha para delante y sacarle petróleo a la pelota quieta. Lamentablemente ese equipo no se vio más. En la altura de La Paz se llevó una lección dolorosa de lo que significa jugar en la altura y contra Uruguay tomó un poco de oxígeno con una línea de cinco en el fondo. La Copa América se desnaturalizó con el contagio masivo, no hay mucho que destacar más allá de la hidalguía y el fútbol que pusieron los jugadores de segunda línea y los de la Liga Futve.
Su último recuerdo será la derrota ante Perú, donde el marcaje en zona en las pelotas quietas será señalado como unos de los errores frecuentes y que costaron goles en su proceso. Peseiro apostó por esperar a los habituales, que se recuperaban de la Covid-19, pero la moneda le salió cruz. ¿Y los amistosos? Aunque parezca insólito no tuvo ni un solo partido para probar. Sonó mucho un encuentro con Uzbekistán en marzo y un duelo contra El Salvador en agosto. Ninguno se concretó. Solo módulos con los jugadores del patio y una ronda de conversaciones con los entrenadores de la Liga Futve, en la burbuja del Torneo Normalización.
De un discurso que prometió un juego más ofensivo, la realidad lo llevó a planteamientos más pragmáticos. La mayor innovación fue el uso de tres centrales en el fondo, que está en boga en los clubes grandes del Viejo Continente, pero no es habitual en Venezuela. Su primer ensayo fue un 4-2-3-1, pero de inmediato recogió el 4-3-3 heredado del paso de Dudamel. A pesar de sus pocos partidos, su mayor legado fue dejar a Cristian Cásseres Jr como una clara opción de titular en la Vinotinto y comprobar que Nahuel Ferraresi está listo para competir por ser una opción en la zaga. Sin olvidar que limó las asperezas de Josef Martínez con los capitanes, para incorporarlo de nuevo en dinámica.

Fuera de los terrenos de juego tuvo una relación cordial con los medios. Sin grandes polémicas, más allá de recordar constantemente el gol anulado de Yangel Herrera contra Paraguay. Incluso llegó a pedir disculpas en una conferencia de prensa que no llegó a la hora. El respeto como máxima. Tampoco demostró mayores conflictos con los directivos más allá de que tuvo cuatro gestiones: llegó con Laureano González, continuó con Jesús Berardinelli (QEPD), se mantuvo con la Junta Normalizadora de la FIFA (presidida por Laureano González), estuvo hasta la llegada de Jorge Giménez. Capaz su mayor reclamo fue el que expresó cuando le negaron el estadio Olímpico para cerrar un módulo. Se va con vestuario, lo que se nota de afuera, sin fisuras, a diferencia del que recibió con el caso Josef. O como Dudamel que tuvo que apagar las llamas en el camerino tras el ciclo de Noel Sanvicente, con muchas cartas en ese proceso y la promesa de una fundación.
Entonces, ¿Qué más se le puede pedir a Pesiero? En las horas más críticas de la Copa América le metió el pecho a las balas desde su discurso y el país reconectó con la Vinotinto. Si bien todo se produjo debido a un contagio masivo, donde el portugués no puede quedar exento de culpas de los relajos de los protocolos sanitarios, como cabeza del grupo, tanto puede señalársele como su gran responsable. En una de las épocas más espinosas de la FVF, el luso se puso los guantes para pelear, sin pago ni ninguna necesidad (más bien puso en riesgo su prestigio).
Pero el 20 de agosto soltaron la toalla blanca, esa que Rocky no hizo en la pelea entre Creed y Drago, con resultado trágico. Se baja del cuadrilátero con la frente en alto, tras ratificar lo que sabe todo venezolano: el gentilicio portugués es trabajador. En el futuro se tendrá que juzgar este corto ciclo más allá de los resultados para ser justos. Pero siempre quedará la espinita: ¿Si hacían bien los deberes cuántos partidos más como el de Chile no se hubieran visto? Una interrogante que nunca tendrá respuesta.







