Los retos del nuevo entrenador de la selección nacional de fútbol de Venezuela

Luis Vílchez / @lvilchez8.- ¿Extranjero o criollo? ¿Interino, hasta 2022 o proyecto largo de cara a 2026? Los apellidos de distintos entrenadores desfilan en Twitter. El presidente de la Federación Venezolana de Fútbol, Jorge Giménez, aseguró la búsqueda de un técnico de “jerarquía”, lo cual no encaja con la situación económica del ente rector del fútbol nacional y la deuda de 14 meses a José Peseiro, que debería ser un prioridad honrarla por principios y luego por lo que puede significar una demanda en FIFA. Cuando todas esas incógnitas se resuelvan y los problemas se solucionen, hay una serie de realidades que tendrá que afrontar el nuevo seleccionador nacional, independientemente de su nacionalidad.
A diferencia de procesos anteriores se encontrará con un camerino saneado, según lo que se percibe desde afuera. Rafael Dudamel tuvo que llegar a apagar lo que significó el incendiario ciclo de Noel Sanvicente a nivel de gestión de grupo. Mientras que Peseiro recogió un conflicto entre Josef Martínez con el estratega yaracuyano y los capitanes de la selección. Ese no es el caso actual. Sin embargo, es un vestuario bravo y con cicatrices, que en el pasado se acostumbró al toma y dame mediante cartas. Si a un referente como “Chita” (el más ganador del patio), que tuvo a muchos de ellos en su inicios, tuvo problemas a lo interno, nadie está exento de la posibilidad de prender de nuevo las llamas. Por eso el que llegue debe velar por mantener la paz, porque los catástrofes de la guerra se vieron en el Premundial de Rusia 2018.
Otro legado interesante es el recambio generacional, que para selecciones como Chile, Perú o Paraguay es un constante quebradero de cabezas. El timonel que tome las riendas de la Vinotinto sabe que hay material para pensar en presente y en el futuro, más allá de los héroes de Corea del Sur 2017 y su subcampeonato del mundo. El reto será la gestión de los veteranos. ¿Cómo administrar los últimos partidos de Roberto Rosales, Tomás Rincón y Salomón Rondón? ¿Aceptarán de buena forma quitarse la cachucha de pilares y ponerse la gorra de complementos? Su experiencia es vital todavía, pero por edad se antoja complicado que lleguen al ciclo de 2026 y jueguen los 90 minutos. En el pasado se vio como no se manejó bien la salida de Juan Arango, el jugador más importante de la historia del país. Sería doloroso repetir ese escenario con alguno de esos tres históricos. La comunicación y el poder de convencimiento serán imprescindibles para llegar a buen puerto en este apartado.
En la rueda de prensa donde se anunció la renuncia de José Peseiro, se habló de 2026 que es la fecha en la que se disputará el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Un pensamiento realista si se ve lo cuesta arriba que se encuentra el camino a Catar y el posible aumento de cupos para la cita ecuménica en los países miembros de Concacaf. Pero hay que hacer bien los deberes, porque no se puede esperar que le den mucho más boletos a Comenbol, si se parte de la base que ya obtiene 4,5 pasajes para 10 naciones. ¿Tirar a la borda lo que resta de Premundial? Sería una locura. Para llegar bien a 2026, la Vinotinto tiene que arrastrar una dinámica positiva en lo que resta de la ruta de Catar (12 cotejos, dos tercios de las eliminatorias). Mantener ese fuego competitivo. Aceitar la máquina y crear en el mejor ambiente mediante victorias. No hay ningún proceso que aguante una sequía de buenos resultados y eso lo sabe todo entrenador.
Para conseguir esos resultados tiene un once bastante perfilado. La figura de Wuilker Faríñez le resuelve muchos inconvenientes en el arco, más si tiene como recambios a Joel Graterol y Rafa Romo. Con los centrales tiene varias opciones, incluso para mantener una línea de tres: Wilker Ángel, Yordan Osorio (el único indiscutible), Jhon Chancellor, Mikel Villanueva, Nahuel Ferraresi, Adrián Martínez, entre otros. Los inconvenientes empiezan en los laterales o carrileros. Por izquierda es una búsqueda que inicio desde la salida de Gabriel Cichero. Mientras que por derecha cada vez le queda menos tiempo en clave selección a Rosales y Alexander González, otro dolor de cabeza puede avecinarse por ahí.
El trivote fue uno de los sellos de identidad de los últimos años de Rafael Dudamel y que adoptó Peseiro, aunque no se descarta volver al clásico doble pivot. El posible adiós –en el futuro– de Rincón no es tan traumática, porque varios han dado un paso al frente: Yangel Herrera (pieza en la que se debe construir a su alrededor la nueva selección), Junior Moreno, Cristian Casseres Jr, Edson Castillo, José “Brujo” Martínez, Bernaldo Manzano, entre otros. Incluso las últimas convocatorias de Peseiro demostraron que una de las posiciones que más se nutrió de la Liga Futve fueron los volantes de primera línea, con Maurice Cova como el más destacado.
Lo que más exporta el torneo local y la línea que tiene más robusta la selección, que no necesariamente siempre tienen que ir de la mano estas dos premisas, son los extremos: Jefferson Savarino, Yeferson Soteldo, Darwin Machís, Rómulo Otero (que puede ser enganche), Jhon Murillo y Eduard Bello. Para el próximo entrenador debe ser menester usar un esquema y tener una idea de juego que potencia el juego por bandas. Es la mejor herramienta de la Vinotinto actual y del futuro próximo. El dilema es, ¿a qué tipo de “9” abastecer? No es lo mismo jugar para Salomón Rondón que para Josef Martínez. Dos perfiles muy distintos, que se complementan juntos, pero separados piden diferentes acciones. El más cercano a ellos es Fernando Aristeguieta, pero sin la contundencia de los dos primeros. Se espera por la eclosión de los: Jan Carlos Hurtado, Daniel Pérez y Eric Ramírez.
Una herramienta que se rescató en el ciclo de Peseiro y no se le sacaba punta desde la era de César Farías fue la pelota quieta. Las jugadas ABP tienen que mantenerse y potenciarse como un atajo al gol. Lo que debe cambiar es la manera de defenderlas. Con el portugués se estiló el marcaje por zona o mixto, lo que no se ejecutó de buena forma y fue una sangría. De replicarse ese método se debe trabajar mejor o retomar el marcaje hombre por hombre.
Todo esto necesitará de amistosos, que Peseiro no tuvo de ninguno, para poder ensayar. En esta vorágine de partidos de eliminatorias, lo más cercano que tendrá para un amistoso será en diciembre y en una fecha que no es FIFA. Lo recuerda a los partidos contra el País Vasco a finales de año, hace una década. Como uno de los requisitos es que permanezca en el país, será interesante que tenga la posibilidad de realizar varios módulos con los jugadores del patio, pero en el Centro Nacional de Alto Rendimiento, el cual visitó el lusitano pero nunca pudo usar. Una estructura de esa magnitud y que tiene poco que envidiarles a la de otros países, no debe ser un elefante blanco. El nuevo estratega debe sacarle el máximo provecho para potenciar el talento local, que en la Copa América dijo presente y sacó la cara.
En el caso de ser un proceso largo de cara 2026, que sería lo más sensato, y que tenga el fuelle para aguantar el desgaste de un periodo tan prolongado, el deber ser es que incorporé jugadores de las selecciones sub-20 de 2017 y 2019, que en muchos casos ya es una realidad. El problema es con la sub-20 de 2021 que se quedó sin Mundial, primero, y sin Sudamericano, después. Un lote de jugadores sin una estrella rutilante, pero con muchos rendimientos destacado. Esa generación no puede quedar huérfana, porque está llamada dar el empujón final de cara al Premundial de 2026. Se tiene que arropar y potenciar.
Por último, el país que se debe acostumbrar a la idea de ser una nación fragmentada por la migración, donde en 2021 la cifra de venezolanos fuera del país son más de cinco millones y que distintos entes internacionales proyectan que ese guarismo puede ascender a nueve millones para 2023. Repatriar talento no es un capricho. Al flujo migratorio que empezó con fuerza en 2015, con un buen scouteo se puede conseguir a los nuevos hermanos (Rolf y Frank) Feltscher o Fernando Amorebieta, ejemplos de éxito a la hora de pescar talento allende a la fronteras nacionales.
Estos son partes de los retos que están a la vista, sin conocer a fondo lo que se cuece dentro de la FVF y su dinámica interna. El éxito del próximo entrenador capaz no desemboque en un cupo a Catar 2022, pero la aspiración deber ser ir a la Copa del Mundo 2026 y competir lo mejor posible. El talento está ahí, lo más difícil de producir. Pero en las eliminatorias más complicadas del mundo es imprescindible el trabajo, ya sea de módulos y amistosos. El subcampeonato del mundo sub-20 se entiende desde los más de 20 módulos y los distintos torneos internacionales. La histórica Copa América 2011 y ese Premundial 2014 no hubiesen sido posible sin ese mes en Dallas de preparación.
El trabajo es lo único que acorta las brechas con los gigantes (Brasil, Argentina y Uruguay, todos campeones del mundo) que rodean a Venezuela y su corto recorrido en el fútbol (nunca ha ganado una Copa América y es la única de Conmebol sin ir a un Mundial). Para todo eso se necesita dinero y voluntad, responsabilidades de la FVF. Por ende el ente federativo y el nuevo estratega tienen que trabajar de la mano en todo momento, de lo contrario a la hinchada le tocará empezar a pensar en 2030 y así ad infinitum.







