La soledad de los habilidosos en el frente de ataque de la selección Vinotinto

Luis Vílchez @lvilchez8.- Los mejores jugadores que tiene Venezuela son sus extremos, es una premisa muy difícil de refutar. A pesar de la ausencia de Darwin Machís, la Vinotinto pudo contar con Yeferson Soteldo y Jefferson Savarino. Luego se puede debatir si un esquema 4-4-2, que da mucho equilibrio y es más fácil de asimilar, es la disposición táctica que más potencia a los jugadores de banda. Lo cierto es que solo Soteldo brilló y Savarino tuvo un partido muy discreto. Al zuliano le pasó muchas veces lo que le sucede a Machís, que brillan en sus clubes, pero en la selección hay un contraste. ¿Culpa de los jugadores? No 100 por ciento, el contexto lo es todo.
Se parte de la base que los jugadores son seres humanos y no un texto de Word que se puede copiar y pegar su rendimiento en sus clubes al de la selección nacional. Con eso claro, el ecosistema del juego de la selección no ha favorecido en demasía a los extremos. Un hecho que se le puede reprochar muy poco a José Peseiro y nada a Leo González, que tuvo escasos dos entrenamientos con el grupo.
Con ayuda del portal de estadísticas Sofascore repasamos las cifras de ambos. Soteldo vio una amarilla, generó un penal y marcó un gol como los guarismos más mentados. Si se pone la lupa realizó: 41 toques, acertó 18 de 20 pases (90%), dio tres pases claves (habilitaciones que terminan en un remate), uno de los cinco centros que levantó cayó en un vinotinto, concretó un balón largo, tuvo un tiro a puerto y otro bloqueado, aparte de hacer dos regates efectivos de cuatro que ensayó. Entre otras cifras ganó cinco de 10 duelos por el suelo, perdió 14 posesiones y realizó dos entradas. Todo para tener un puntaje de 7.5 y ser el mejor valorado de Venezuela, tras jugar 90 minutos.
La expulsión de Adrián Martínez trastocó los planes del partido y forzó la salida de Savarino en el entretiempo. El zuliano hizo 19 toques, acertó los nueve que dio, otorgó un pase clave, ninguno de los dos centros que lanzó tuvo receptor, concretó un balón largo y realizó dos de los tres regates que probó. En estadísticas defensivas venció en tres de cinco duelos por el suelo, lo regatearon en una oportunidad, hizo intercepción, tuvo cinco pérdidas y recibió una falta.
Pero ¿Qué hay más allá de los datos? ¿Por qué le cuesta tanto a Savarino y Machís? ¿Por qué Soteldo sí brilla? Esto va más allá de razones testiculares o de ímpetu, aunque tampoco se le quiere restar mérito a la irreverencia de Soteldo, el más desinhibido del plantel. El ex Zamora es un artista del 1 vs 1, la soledad no es un problema. Un tipo capaz de llegar a línea de fondo sin el apoyo de las diagonales del lateral de su banda. Incluso fue el mejor del partido sin tener casi química con Oscar González, en el primer tiempo, ni Daniel Carrillo, en el complemento. Por su forma de jugar se sobrepone al contexto, pero para lo que resta del Premundial y de cara a la cita en 2026 la situación debe ser otra.
Savarino es de carácter más asociativo y Machís más finalizador, con su característico enganche hacia adentro y su remate. Pero los dos no son unos malabaristas del balón. Sí, Machis metió un gol de campo a campo en Europa League, pero no es la constante apilar rivales. Tienen regate, pero no son Soteldo. Como el oriundo de Portuguesa no tiene el mismo rigor defensivo del zuliano y el deltano. Muy vistoso lo del “30” del Toronto FC, pero se puede potenciar más él y el otro extremo desde la pizarra y la táctica.
¿Cómo? Con socios, tanto del mediocampo como los laterales. Savarino tuvo a Marcos Acuña como una estampilla y el jugador del Sevilla siempre estuvo respaldado, esto sin otro compañero cerca para descargar. Entonces se vio obligado a retroceder o si quería avanzar hacer la jugada del llanero solitario. En esas simulaciones de Maradona contra los ingleses pueden salir ganadores Soteldo u Rómulo Otero, que sacarán una falta. Pero un equipo no puede vivir de arrestos individuales.
Otro factor es donde reciben la pelota. Si Machis y Savarino son activados cerca del vértice del área, otro es el cantar, pero si lo hacen desde el ecuador del campo la historia se complica. Al igual que los delanteros, los extremos venezolanos viven en soledad en su selección. Sin aliados y muy lejos del arco rival. El día que la vinotinto, sin perder el orden, logre potenciar sus extremos se celebrarán goles de triunfos y no para descontar en el marcador. No es culpa de Peseiro y mucho menos de González. Sin tiempo de trabajo es imposible construir ese ecosistema, para cualquier entrenador, más allá de su jerarquía.







