La Vinotinto y la autoflagelación como costumbre ante la selección de Perú

Luis Vílchez @lvilchez8.- Un error en salida. Una roja. Una ocasión dilapidada. La Vinotinto y los detalles. Un cúmulo de errores que encierran al elenco patrio en el sótano de la tabla de clasificación. Caer (1-0) ante una Perú, que no se encuentra en este Premundial, que dista de lo mostrado en la ruta a Rusia 2018 y las dos últimas Copas América, es un ancla para el sueño de Catar 2022, cada vez más lejano. Árbol que nace torcido, su tronco jamás endereza.
En unas eliminatorias donde la improvisación y los cambios han sido el pan de cada día, tanto en lo institucional como en lo deportivo. A pesar de la adversidad la esperanza de sacar un resultado positivo, en un feudo que históricamente ha sido esquivo para Venezuela, se aferraba a repetir los primeros 30 minutos ante Argentina.
Ese “divertirse con responsabilidad”. En esta ocasión Leo González apostó por un 4-2-3-1, libertad para los laterales, Junior Moreno para mejor trato de balón sobre José “Brujo” Martínez, Yeferson Soteldo de enganche, Jhon Murillo a pierna cambiada y Eric Ramírez de “9”.
Lo de “Manzanita” de enganche lo asomó José Peseiro en una de las tantas entrevistas que concedió y Soteldo lo ratificó como posibilidad, pero sin mucho convencimiento en una charla con Carlos Domingues en El Estímulo. La apuesta solo tuvo un momento de brillo en los primeros compases, cuando el portugueseño pivoteo para Moreno, que de primera filtró al espacio a Murillo. El hombre de Tondela no se encontró a pierna cambiada y solo en esa jugada anteriormente citada se le buscó a las espaldas de los centrales. Con el correr de los minutos el oriundo de El Nula se corrió hacia el centro, donde se diluía y Soteldo iba a su parcela habitual: la banda izquierda. Pero ganar por arriba en ataque fue una tarea pendiente, tanto en jugada como en la pelota quieta, solo lo hizo Jhon Chancellor en un córner ejecutado por Eduard Bello, al minuto 80.
Los problemas de las distancias entre los volantes y la línea defensiva era un festín para los André Carrillo, Christian Cueva y Edison Flores, que filtraron balones dentro del área con relativa comodidad. Incluso, al minuto 21’, Oscar González tuvo que salvar en la raya un remate. Con todo el frente de ataque para la “Culebra” Carrillo y un Gianluca Lapadula que tiró desmarques sin parar, los incas amenazaban. Pero un error en salida de Anderson Santamaría le permitió a Jefferson Savarino conectar con Eric Ramírez, que en un ensayo de remate o una genial habilitación, solo lo sabrá el barinés, dejó al volante de Atlético Mineiro con el arco de frente. El chute fue por encima del arco, una de las ocasiones más claras del partido, junto al mentado testarazo de Chancellor y un remate de “Brujo” Martínez, a pase de Soteldo, al 50’, que forzó un tapadón de Pedro Gallese.
En un partido en el que los dos llegaron como colistas del Premundial, todo estaba muy parejo. Perú presionaba e intentaba filtrar. Venezuela les metía miedo en el cuerpo cuando buscaba al espacio, sin excesiva elaboración. Hasta que llegó el error de Mikel Villanueva en salida. ¿Cómo se explica un fallo conceptual en un jugador asentado en la primera de Portugal y que viene de jugar la Conference League? Esa pregunta no se la hizo “Aladino” Cueva y vacunó a la selección.

Pero la indignación y la intriga no se hicieron esperar: roja para Tomás Rincón por doble amarilla en un lapso de 10 minutos, por jugar con los brazos en el mediocampo, dos faltas intrascendentes y evitables. ¿Cómo se entiende que un tipo con una carrera en Serie A y más de 100 partidos en selección cometa tan imprudencia? Obviamente ningún jugador se equivoca adrede. Pero esto trasciende el funcionamiento del equipo y el nivel de estos jugadores. Solo en la intimidad del camerino se sabrá que genera tales niveles de desconcentración, más allá de alguna molestia física. Pero sin tiempo de trabajo no hay una idea de trabajo que sirva de red de contención ante tantos fallos. Sin una brújula en medio de la selva y además botan el agua de la cantimplora al piso… Así no compite ningún equipo, a menos que tenga un candidato de Balón de Oro en el XI.
En medio de sus urgencias, tras perder dos puntos de local ante Uruguay y saber que su próxima parada es en Brasil, Perú se aferró al marcador. Lapadula pudo ampliar la ventaja, pero, al 50’, Chancellor le tapó un remate in extremis, luego del enésimo desmarque del delantero del Benevento. Mientras que Wuilker Farínez le detuvo un buen remate de tiro libre. En ese partido roto, “Brujo” no pudo descansar y la idea de control con Moreno voló por los aires. Con otra partitura, el zuliano dio otra exhibición de despliegue físico. La idea de rock and roll de un cuadro inca que entró en la zona del “cómo sea”, le dio chance a otro box to box como Edson Castillo sobre el tachirense. A pesar del ida y vuelta de Martínez y el jugador del Caracas no hubo cambio en el resultado.
Capiítulo aparte para Faríñez y su mejor cara que se vio en la rueda de prensa, donde dio la cara y asumió la responsabilidad en nombre del grupo. “Los principales responsables de esto y asumimos toda la culpa”. “La actitud y el compromiso no es negociable para nosotros”, aseveró el meta caraqueño. Sí, los jugadores son víctimas del marasmo federativo. Pero a su vez son victimarios de que el epíteto de “Cenicienta” saliera del baúl del olvido y sea tan mentado en los análisis de la prensa del vecindario Conmebol y no solo en la cuenta de Twitter de Richard Páez.
Desde el “Boom Vinotinto”, el elenco patrio se acostumbró a competir hasta el final. Ya fuese con irreverencia o con el cuchillo entre los dientes. Desde Rusia 2018, Venezuela no sale del fondo de la tabla (un hecho que no se cansó de recordar Peseiro) y se proyecta a volver a quedar en el foso. En Lima hubo chispazos, de Soteldo, Savarino y Ramírez, no más. ¿Señalar a Leo González? Con tan poco ha hecho mucho. “Segundo partido con adversidades. Esto aquí no acaba. Este equipo tiene mucho huevos, somos Venezuela”, soltó Nahuel Ferraresi, el mejor central de Venezuela en esta triple fecha. Pero los grilletes de esta selección no se abren solo con testículos cuadrados o camisas muy transpiradas, sino con volumen de juego y concentración.
Si bien las matemáticas aún dan posibilidades de clasificar a la Copa del Mundo, la realidad es muy cuesta arriba. Poco se puede analizar de dos partidos con uno menos desde el minuto 30. Seguramente el gran legado de este interinato será el tema del lateral izquierdo: Oscar González. Años de su búsqueda y siempre estuvo frente a las narices del país. González, al igual que la madre que consiguió el objeto perdido y buscado por horas en un santiamén, despejó una interrogante longeva. Incluso deja en el tapete la opción de Daniel Carrillo. Sin contar que la Copa América le dio crédito a Luis Mago.
Pero la Vinotinto tiene más problemas que Álgebra de Baldor y juega en cuatro días ante una selección de Paraguay, que viene de gritar en su estadio: “Fuera Berrizo”. Una oportunidad para lamerse las heridas y levantar cabeza, o, por el contrario, ser, como dice el periodista Esteban Rojas, “sopita de pollo” y subirle los ánimos a otro rival. Catar 2022 está cada vez más lejos y si no se hacen los correctivos necesarios, en 2024-25 se podrá decir: “Estados Unidos, México y Canadá 2026 está complicado, la selección debe empezar a pensar en 2030”. A pesar del aumento de cupos. La historia sin fin sino se para la sangría.







