Como nunca como siempre: Caracas respondió al primer llamado Vinotinto de Octubre

 

Víctor Sánchez Valdivieso @vesanchezv.- La fanaticada vinotinto que vive en el capital de la república nuevamente atendió al llamado de su selección que este jueves por la noche enfrentó al todopoderoso Brasil en un compromiso eliminatorio a la lejana Qatar pasado por agua, sorpresas, emoción, nervios, furor, escepticismo, decepción y esperanza que llenó gran parte de los espacios del Olímpico universitario.

 

El primer duelo premundialista entre “la vinotinto” y “la verdeamarela” en Caracas en 32 años (1989) inspiraba a una ciudad a involucrarse en las actividades que un acontecimiento deportivo de tal magnitud requería. Desde temprano cada pieza que integraba la maquinaria estaba ejecutando su parte según la planificación establecida: la policía desplegando a sus agentes en todos los rincones del coso ucevista, el protocolo aplicando las normas de acceso y seguridad, personal sanitario haciendo las pruebas que llegaron para quedarse, empresas de consumo desplegando sus productos, la federación ultimando los detalles concernientes al pre y post partido.

 

Quienes tampoco faltaron a la cita fueron los vendedores informales, que se abrieron paso ante la seguridad pública para instalar en las cercanías de la parroquia universitaria casacas Vinotintos de diversa procedencia. Como en los tiempos de un Caracas-Magallanes, algunas voces pregonaban mercancía a buen precio, otros en tono casi susurrante ofrecían acceso al partido a dólar preferencial. Todos ellos respaldados por las sonoras letras de una salsa “baúl” que tuvo resonancias en otras épocas que buscaban consumidores que no aparecían en el horizonte cercano.

 

Con tantas estrellas convergiendo en el mismo lugar, la lluvia no quiso perderse el momento con tanta constelación, haciendo mover las nubes que alimentaban el Parque Nacional El Ávila hacia el complejo deportivo concebido por el célebre arquitecto Carlos Raúl Villanueva que obligó a los presentes a resguardarse y a los fanáticos a protegerse, posponiendo la entrada en masa del público ávido de fútbol que por primera vez tenía la oportunidad en vivo y directo de ver aquellas figuras de  realce futbolístico que observa en ráfagas televisivas y publicitarias los fines de semanas.

 

Más allá de las seis de la tarde, la delegación venezolana hizo su entrada al Coso de Los Chaguaramos y segundos después recorría el césped condicionado y cargado por la lluvia que provocaría no menos de diez caídas durante el compromiso. A los lejos y tímidamente, algunos niños reconocían a los guerreros Vinotintos que calentaban con entusiasmo. Media hora después le tocó el turno a la “canarihna” que solo le dio cabida para el entrenamiento a un grupo pequeño de jugadores, mientras que la gente preguntaba por Neymar, Vinicius, Gabi, Antony o Gabriel de Jesús.

 

 

Con la llegada de la noche, el público ávido de fútbol finalmente pleno gradas y tribuna, ataviados con mascarillas que no frenaban el entusiasmo y la algarabía por ver a su selección y a los líderes de la eliminatoria sudamericana. En una sola voz, entonaron las letras del Himno Nacional concebido a cuatro manos por Vicente Salías y Juan José Landaeta, mientras se desplegaba una tela inmensa que decía “Caracas es tu casa” que despertó el apegó de los fanáticos a su ciudad: “Seguid el ejemplo que Caracas dio” fue cantada a todo gañote por los seguidores del rojo capitalino.

 

La inversión hecha en tiempo y dinero por los presentes, fue justificada por la selección de Venezuela jugando el mejor primer tiempo de su historia reciente ante Brasil, con la conducción, fintas y centros de Yeferson Soteldo, con el José “El Brujo” Martinez poniendo el físico, con Oscar González despejando balones enemigos con inteligencia, con la seguridad de Ronald Hernández, con la tranquilidad de un Josua Mejias criticado por su inclusión, por el sacrificio expuesto por Adalberto Peñaranda que calló bocas acerca de su convocatoria y titularidad en el rectángulo universitario.

 

El clímax de la noche llegó con el centro enviado de aire que le permitió a Eric Ramírez anotar de cabeza el primer gol de su carrera con la casaca vinotinto, la primera a nivel colectivo que se le hacía a la verdeamarela en 15 años de duelos premundialistas y la cuarta en el historial eliminatorio que se le encajaba a una valla auriazul que evocó de memoria a los siempre vinotintos. Juan García y Ruberth Morán. En un año de grandes proezas deportivas venezolanas, esos segundos de euforia unieron a un país polarizado, enfrentado, alejado, agitado y extrañado.

 

Por más de setenta minutos, el Olímpico no era el Olímpico sino una réplica a color del olvidado Nuevo Circo de Caracas, donde los aplausos no eran hacia toreros sino a los jugadores de la selección que gambeteaba con la esférica a los brasileños. El olé se hizo sonoro en todo el parque viendo como su vinotinto ejercía el mando sobre la pentacampeona del mundo. Por segunda vez en la semana las redes sociales de todo el orbe quedaron paralizadas: Venezuela derrotaba 1-0 al todopoderoso Brasil.    

 

Sin embargo, el cansancio, la fortaleza, el físico y la mentalidad bajaron los decibeles mientras crecía el “jogo bonito” que recurrió a la calidad de sus legionarios como el estelar Vinicuis Jr del Real Madrid. Aplicando la maniobra que utilizó el combinado nacional para anotar también lo uso la plantilla visitante para igualar la pizarra y ahogar las voces del público que estallaba con las evidentes faltas que el árbitro peruano Kevin Ortega nunca pitó y que fueron silenciadas con el penal que cambió la historia y el gol en tiempo agregado que decretó una goleada que nunca existió.

 

Al final el resultado fue el mismo, el esperado, aunque con un intermedio distinto e inesperado, ese que permitió que la gente saliera con más alegría que decepción. Después de todo, se le estaba ganando a la invicta y demoledora escuadra amazónica que esa noche no lo fue, y eso les bastó a todos los presentes…