Permiso para hablar de fútbol

 

En esta columna se han dedicado muchas letras para hablar de los temas extra canchas, más que del juego. En Venezuela el ruido fuera del rectángulo es avasallante, sería una displicencia no tocar esos temas, porque, se quiera o no, influyen en los resultados deportivos. Muchas veces los despachos manchan la pelota con sus deudas y desorganización. Pero en esta ocasión pido permiso para hablar del fútbol, porque el hexagonal A me ilusiona. Los seis mejores equipos, un mote validado por su regularidad, se miden para definir a qué copa internacional irán y por la estrella.

Las plantillas profundas de Deportivo Táchira y Deportivo La Guaira, que se prepararon para la fase de grupos de la Copa Libertadores. Con dos técnicos jóvenes que tienen una gran proyección como Juan Domingo Tolisano y Daniel Farías (sonó con fuerza como candidato a la selección nacional como interino). Ambos vienen de luchar por la estrella en el Torneo Normalización, en el Misael Delgado. El Caracas y el poder de fuego con los africanos, todos conducidos por el mejor entrenador del torneo local: Noel Sanvicente.

En el marco de su aniversario 50, Estudiantes de Mérida llega con el optimismo de recuperar a Jesús “La Pulga” Gómez y con un Leonel Vielma que se graduó con honores de entrenador de élite para nuestro circuito, luego de sacar adelante un equipo con bajas pesadas y con una importación que no funcionó. Mientras que Monagas dejó en el pasado un Torneo Normalización de susto, digno de Halloween, para revivir de la mano del arquitecto que les ha dado su única estrella: Jhonny Ferreira. Pero este buen rendimiento azulgrana no se entiende sin su tridente: Juan Carlos Ortiz (goleador del torneo con 13 tantos), Franklin González y Albert Zambrano. Pero no se puede olvidar a Deportivo Lara, que llegó a la fiesta grande de la mano de Leo González (DT interino de la Vinotinto) y su gestión para relanzar el equipo. La remontada rojinegra fue de película, de estar último cuando llegó el trujillano a clasificarse en la última fecha ante Gran Valencia.

¿Lunares en este fútbol? Millones, venimos de un torneo donde se romantizó el desastre con la participación de Trujillanos y Lala. Equipos que no cumplían con las condiciones para ser competitivos. De 144 puntos posibles solo sumaron 10 entre ambos. Yaracuyanos luego se les unió en el descenso, con un cambio de seña que anuló la promoción, y el runrún de problemas de deudas. Pero ese fantasma del incumplimiento de emolumentos persigue a Mineros de Guayana y castigó a Atlético Venezuela (hay que recordar las lágrimas de Joel Infante), que no estará presente en el hexagonal B, a pesar de conseguirlo con méritos deportivos. Para una Liga caracterizada por la complacencia parece una medida draconiana, pero es una medida necesaria. La pregunta es que si se le aplicaría a otra institución con más peso en las oficinas del ente rector. Esperemos que sí, por el bien del campeonato.

La situación económica de los equipos y la producción de jugadores no aguanta una estructura de tantos elencos. Me disculpan lo insensible, pero apoyo el darwinismo en la categoría de oro. Esto no es un club de amigos, es un campeonato que define a los representantes criollos para la Sudamericana y la Libertadores, donde últimamente han sufrido goleadas que sonrojan. Una primera división con menos equipos va a redundar en una categoría de plata más competitiva. La segunda división de Venezuela sufre de un ninguneo alarmante. Es anónima. Por eso mi ilusión con el hexagonal A, que sería el reflejo de lo que sería un torneo con los más fuertes.

¿Y el B? Tiene equipos interesantes. Un Hermanos Colmenarez que fue revelación. Metropolitanos de la mano de José María Morr siempre es estimulante. Portuguesa y los paraguayos que han revivido viejos laureles. Academia Puerto Cabello y una plantilla pesada. Un Aragua peleón, que quiere demostrar porque en los últimos años ha sido de lo más regular. Pero insisto con mi encaprichamiento con el hexagonal A, porque salvo Deportivo La Guaira, todos cuentan con una buena masa social de larga data que se hará sentir ahora con el aforo del 40 por ciento permitido para los hinchas.

Más adelante el caudal de noticias de este río llamado Federación Venezolana de Fútbol hará que estas letras vuelvan a reflexionar por lo que sucede fuera de la cancha. Pero hoy por hoy, estoy ansioso. Ligando que ninguna cadena me prive de algún minuto. Feliz porque Meridiano y Venevisión le dan sus pantallas al balompié criollo. ¿El hexagonal A es el verdadero futve? No, lamentablemente. Pero en España también hay partidos soporíferos como el Levante-Getafe de hace pocos días. Si la comparación es siempre con Europa, nada se puede hacer. Es equiparar una pistola con una bazuca.

También lo sufren en Argentina, esa liga que muchos veneran en el país y con justificación. “Allá abajo el partido es francamente malo: torpe, peleado, desarmado. La Argentina exporta sus mejores jugadores: los que siguen aquí son los que no consiguen lugar en clubes europeos –o americanos o turcos o malayos–; los demasiado jóvenes o viejos o demasiado malos. Así que nos resignamos a nosotros mismos. A veces la tribuna grita por entusiasmo de un partido emocionante; otras, por el tedio de uno como éste. Algo hay que hacer: cantamos. Y nos gusta escucharnos”, escribió Martín Caparros en Crónicas Sudacas para el diario El País (España), cuando le tocó escribir de Buenos Aires. Debe ser la enésima ocasión que escribo el término “Hexagonal A”, pero para mí representa una esperanza: que el público vea que el fútbol del país puede ser un espectáculo digno de dedicarle su tiempo.

Demostrar, que igual que los fiebruos como uno, un partido del patio te puede emocionar tanto como uno de la Premier League de Inglaterra, aunque esté a años luz de su calidad. Una linda oportunidad para que esos multitudinarios fanáticos de la Vinotinto, también le presten atención a la Liga Futve, el campeonato de donde se nutre el combinado patrio.  Estoy seguro de que más de uno se sorprenderá en las tribunas o en el sofá de su casa. ¿Quién no ha dicho “este fútbol de mierda”? Que tire la primera piedra. Pero cada domingo y miércoles ese balompié tendrá una oportunidad de redimirse. De ganarle el pulso a la película en Netflix, al  reel de Instagram o al podcast de Youtube. Una ventana de oportunidad para pedir permiso y hablar del fútbol, del venezolano. Pero no porque “sea el nuestro” ni otros argumentos chovinistas, sino por el nivel que pueda mostrar.