El mejor guión es aurinegro

 

Inicio estas líneas con el deber de aclarar que me es absolutamente indiferente cuál de los dos equipos gane la final de la Liga Futve 2021. Lo que sí deseo es que sea un gran partido y que la violencia pierda por forfait. ¿Caracas o Táchira? Que se borde la estrella el mejor, ya sea en los 90 minutos, tiempo extra o en penales. Me resbala y lo recalcó porque los ánimos están caldeados y la polarización entre ambos muy marcada. Si estuviese el Carabobo FC, capaz afloran los recuerdos de la infancia-adolescencia y se batirían a duelo con la objetividad periodística, para hacer el trabajo más neutral posible. Luego de lo explicado, es innegable que la mejor historia para contar este duelo se escribe en tinta aurinegra y no roja.

 

El Caracas viene de ganar hace poco y es el máximo ganador con una diferencia considerable. Noel Sanvicente ha gobernado el torneo local con puño de hierro en el siglo XXI. Otra estrella tendría de atractivo que “Chita FC” contaría con más títulos absolutos que el resto de clubes y que el oriental significaría más de la mitad de los títulos de los avileños. Pero en esa inconformidad del ser humano, ya sea por envidia o hastío, no hay picante en los ganadores de siempre. Esa puede ser una de las razones por las que muchos aborrecen a Lewis Hamilton en la F1 y le ligan a Max Verstappen. A la gente le fascinan los cuentos con caras nuevas. Más cuando una victoria o una derrota no van a bajar a Sanvicente del Olímpico como el mejor entrenador del circuito local.

 

Pero un triunfo de Juan Domingo Tolisano toma otro matiz, más cuando arrastra hasta cuatro subcampeonatos, dos de ellos con los atigrados. “Llegué a Táchira en un caos: en el apagón, sin luz, sin agua. Ese día mi mensaje fue que había que creer en que podemos ganar. No dejen de creer”, soltó el estratega en una entrevista a Carlos Domingues para el El Estímulo. Una estrella cambiaría la carrera de Tolisano y su rostro se estamparía en el mítico trapo de los campeones con Táchira. Pero ¿Qué sería lo especial? Sería el primer tachirense en ganar en el club de casa. Tumbaría el refrán de que nadie es profeta en su tierra. Además, el sancristobalense de 36 años sería el primer gocho en ganar una estrella.

 

Para eso tiene una labor con ribetes de épica: ser el timonel del primer triunfo del Deportivo Táchira en el Olímpico de la UCV. Quebrar con las estadísticas adversas, otro ingrediente para aderezar una buena historia. Pero de ñapa es el retiro de Edgar Pérez Greco en un marco inmejorable, la oportunidad de conseguir una estrella en la casa del archirrival. Como si de uno de estos documentales deportivos de Amazon Prime o Netflix se tratará. Cerrar el círculo de la mejor manera.

 

También la larga sequía desde 2015 y la posibilidad de revancha del Clausura 2019 le dan cuerpo al relato. Olvídese por un momento que es Táchira y Caracas, cambie los protagonistas por River-Boca o Nacional-Peñarol. Inténtelo ver desde la distancia y reconocerá que la mejor historia es la de ese equipo ávido de un triunfo para dejar un legado y no la de un cuadro también estructurado que una derrota no tumbará sus cimientos.

 

Pero es que hasta en las oficinas puede haber un guiño a esta narrativa, porque Jorge Silva viene de un año donde su plancha, Evolución Vinotinto, perdió la presidencia de la Federación Venezolana de Fútbol ante Jorge Giménez, de Fútbol Unido y ex presidente del Deportivo Lara. Sería una manera de levantar cabeza de una gestión que ha dado muchos volantazos, a veces con gastos ingentes para reforzar la plantilla y otras veces opta por austeridad y cantera. En tiempos recientes encontró un punto medio, estuvo muy cerca de pasar a los octavos de final de la Libertadores y esta estrella, capaz, ayude que el aurinegro tenga más peso en los despachos, luego de la simbiosis entre Liga Futve y FVF (Akram Al Matni es presidente de la liga y tercer vicepresidente de la federación).

 

¿Qué más le podemos añadir? Que en San Cristóbal se vive el fútbol de una manera distinta a cualquier otra parte del país, la plantilla atigrada tiene muchos jugadores de esa región andina y que no es raro escuchar a un futbolista decir: “Ganar un título en Táchira tiene un sabor diferente”. La mejor ciudad para ser jugador en Venezuela declaró Juan García Rivas a Balonazos. También agregar que es una de las regiones que más ha sufrido los problemas de los servicios públicos y, aunque en medio de esta dolarización transaccional y festival de bodegones, la estrella puede ser una caricia al alma de una población golpeada, pero devota de la Virgen de la Consolación, el Santo Cristo de la Grita y del balón.

 

¿Lo lógico? Que gane Caracas en casa, con un DT que tiene más estrellas que la bandera de Estados Unidos, con un Samson Akinyoola que corone una temporada inolvidable con un título, con jugadores de selección nacional como Edson Castillo y Richard Celis, con la defensa menos goleada y con un juvenil de esos que logra ubicar rápido en el extranjero como Manuel Sulbarán. La mejor institución del país y la que más se asemeja a un club en el país. ¿Más? Va a disputar la final de la Liga Futve Junior contra UCV, horas previas al encuentro. Así que pudiese hacer doblete. En el balompié que tiene como demonios las deudas, los avileños siempre han exorcizado esos fantasmas. Con un modelo de juego bien definido, sin necesidad de mucha pelota, con vértigo han destrozado a sus rivales. El sentido común indica que el sábado se celebra la decimotercera estrella de un equipo que le dio identidad a la capital de la República, acostumbrada a equipos de colonias.

 

Pero la lógica no es un relato atractivo. Las postales que venderían serían: la de Tolisano agradeciendo al Señor de los Cielos, el grupo de jugadores tachirenses sacando el niño que tienen por dentro, a Pérez Greco despidiéndose de su feligresía con la copa en la mano y que Yerson Ronaldo Chacón, el mejor juvenil del certamen, ponga la primera piedra sólida para dejar de ser “el hijo de Gerzón”  y  que a la cuarta estatua le digan “el papá de Yerson”. Que la celebración en Barrio Obrero se pegue con la del 24 y 31. Esa historia sí es el guion de una serie de plataformas digitales.

 

No sé sabe qué sucederá, ese carácter de imprevisibilidad es lo más hermoso de este deporte. Lo que sí es seguro es que en el cielo la verán Gaetano Luongo, Gaetano Greco y Daniel Benítez, cada uno apoyando al cuadro de sus amores. Porque en el balompié no existen enemigos, sino rivales. Como espectador neutro estoy ansioso, con ganas de que empiece el último acto del Futve este año. Pero también con el miedo de que la violencia lo empañe todo.  Porque solo los desadaptados pueden cambiar el guión de una gran final y volver el esfuerzo de muchos en estiércol. Esperemos que no.