Apostar al conocimiento

El jugador venezolano se ha abierto camino en el mercado internacional. Si bien ningún legionario ha logrado asentarse varias temporadas en un grande de Europa o en clubes mediáticos del cono sur como Boca Juniors o River Plate. Sí están desperdigados por el mundo. A pesar de no contar con las estructuras que se pueden conseguir en equipos –muchos centenarios– del vecindario de Conmebol. El futbolistas criollo tampoco suele contar con la formación idónea y se tienen que terminar de pulir en primera división, como si un estudiante que entra a estudiar Ingeniería en la universidad arrastrara problemas con la tabla de multiplicar. Al final el talento se sobrepone a las adversidades, pero no llega a mostrar su mejor versión. Si el balompié criollo quiere avanzar debe apostar al conocimiento de los entrenadores.
“El fútbol es un juego muy sencillo y un deporte muy complejo. El deporte de mayor complejidad que existe, un deporte que necesita ser pensado para después ser ejecutado con sencillez y simplicidad”, explicó Martín Perernau, en el podcast Play Fútbol por la presentación de su más reciente libro: “La evolución táctica del fútbol 1863 – 1945: Descifrando el código genético del fútbol de la mano del falso 9”. En esa rica charla agregó: “La mayor parte de los gesto técnico que han inventado los jugadores han sido intuiciones sobre el propio césped; sin embargo, la mayor parte de los módulos tácticos que han creado los entrenadores se han producido en escenarios fuera del terreno del juego. En un aula de la universidad Cambridge, en los cafés de Viena, en las Trattoria italianas. Ahí es donde se ha pensado el fútbol que después se iba a desarrollar en el terreno de juego. Se ha pensado en la perspectiva táctica, no del gesto técnico que es intuición del jugador”.
Sí, el fútbol es conocimiento. Tácticas que derivan del estudio y la reflexión. Claro que el futbolista diferente puede tumbar cualquier planteamiento en la pizarra y marcar la diferencia. Pero como objetivo de un país que quiere avanzar en el balompié las medidas deben apuntar a instruir a la mayor cantidad de entrenadores. Se suele decir que la mejor inversión para una nación es la educación. Aplica en el planeta de la pelota, donde la ciencia, el big data y la psicología han penetrado de manera transversal ahí y el resto de los deportes. En la Federación Venezolana de Fútbol dieron un primer paso con un censo (Registro Nacional de Entrenadores). Perfecto, ya sabes cuántos y quiénes son los entrenadores. El siguiente reto es cumplir esa promesa, que en lo personal me cautivó, de la universidad del fútbol dicha por Jorge Giménez, presidente de la FVF.
En el pasado el entrenador criollo, en medio de un entorno económico más amigable, logró viajar para hacer cursos. Hoy la tecnología les permite hacerlos online, pero para muchos (incluso integrantes de cuerpos técnicos de primera división en 2021) se les hace muy cuesta arriba. En el pasado también estaba la muleta de Cadivi o como la bautizó Víctor Amaya, Misión Clase Media. Hoy el entrenador que sale es a buscar un mejor futuro en una escuela de Miami, lo más afortunados; Lima, Quito o Santiago. Esta parte académica no es novedosa para parte del directorio de la FVF, porque José Antonio Quintero, segundo vicepresidente, y David Quintanilla, secretario general, hace poco ofrecían el diplomado de Gerencia en fútbol de desarrollo mediante la Escuela de Negocios y Gerencia Deportiva.
En esa ocasión tenían como objetivo darle una estructura y una mayor formalidad a las escuelitas de fútbol, con conocimiento integral, para pasar a ser academias. Tampoco es secreto que en las oficinas de Sabana Grande –mientras se desplazan a una ubicación más estratégica para sus intereses– ha habido una revolución de cerebros. La movida de mata cambió muchos directivos de larga data, los denominados de forma peyorativa dinosaurios, para darle paso a una tecnocracia. La última joya de la corona fue la inclusión de Diego Cristaldo, de una gran trayectoria en Polar, a la gerencia de Mercadeo. Nunca está de más abrir las ventanas y traer personal del sector privado, siempre y cuando no se irrespete a la experiencia del pasado. Eso lo aplaudo, pero insisto en la promesa de la Universidad del Fútbol, que no se ha vuelto a nombrar con fuerza y puede traer un cambio radical, en un país que está lejos de proveer la condiciones idóneas para que muchos DTs viajen a Argentina a hacer cursos o, por lo menos, tengan un laptop e Internet estable en sus casas.
En su rueda de prensa José Néstor Pekerman dio el ejemplo del proyecto de Alemania. Indaguemos más ahí mediante unas declaraciones de Ralf Ragnick, hoy en día entrenador de Manchester United, hace unos meses al diario El País de España. Primero plantea el problema de la caída en la aparición de talento en suelo teutón. “El número de jugadores de gran talento que tuvimos en los 60, 70, 80, e incluso en los 90, fue mucho mayor que el que tenemos ahora. Con el Leipzig hemos buscado jugadores de nivel internacional sub-14, sub-15 y sub-16, y es bastante obvio que la cantidad ha disminuido. Claro que ahí están Havertz, Werner, Kimmich o Goretzka. No me preocupa tanto lo que ocurra en los próximos cinco años. Pero después, si miras en los grupos de edad de los jugadores nacidos entre 2001 y 2005… creo que tendremos problemas. Por el contrario, España o Francia son países que tienen una cantidad enorme de jóvenes dotados”, asevera sobre una nación con cuatro Copas del Mundo y tres Eurocopas.
El estratega profundiza: “La primera razón, y esto es un factor global, son las distracciones de la nueva tecnología, comenzando por los móviles. En Alemania ya no existe el fútbol en la calle. Para Naby Keita, Mané, Mbappé, Firmino o Neymar, la única posibilidad real de ganarse la vida fue hacerse jugadores de fútbol. En Alemania no tenemos tantos chicos que vean el fútbol como la mejor posibilidad de hacer una carrera profesional. Esto significa que los clubes deben plantearse seriamente cómo reemplazar el fútbol callejero. Los jóvenes necesitan más tiempo de entrenamiento”. De ahí viene la pregunta del colega Diego Torres: “¿Cómo es posible que Alemania produzca cada vez menos jugadores y a la vez sea un país cada vez más influyente en las competiciones?”.
La respuesta es para enmarcarla: “Por los entrenadores. Cuando empecé a estudiar educación física en la universidad, en 1978 para mí se hizo evidente que no quería jugar ese 3-5-2 con un líbero y marcas al hombre, con dos centrocampistas defensivos que debían trabajar duro presionando la pelota y asegurarse de que el diez tenga un bonito día. Como pensaba que el fútbol debía ser más proactivo y complejo, tuve que buscar en el extranjero. Así descubrí a Valeri Lobanovski y Arrigo Sacchi. Ellos tuvieron una gran influencia en mi idea de presión orientada al balón y marca zonal con línea de cuatro. En los 80 y en los 90 esto en Alemania era una excepción”.
Ragnick continúa: “Franz Beckenbauer dijo en 1995 que con jugadores alemanes no puedes hacer marca zonal con línea de cuatro porque no entenderían la cobertura de la zona. ¿Por qué los futbolistas alemanes tienen que ser menos astutos que los italianos o los españoles? El problema es que no teníamos entrenadores suficientemente valientes como para enseñar este tipo de fútbol. Hasta 1999-2000 los alemanes éramos famosos por nuestras virtudes alemanas (ser agresivos y comernos la hierba) pero no por nuestra estrategia. Hasta el año 2000 no hubo un solo entrenador alemán que fuera un ejemplo de táctica y estrategia. Ahora tenemos a Löw, Flick, Tuchel, Klopp, Nagelsmann y yo mismo, marcando una tendencia. Esto es nuevo. Y por supuesto, este tipo de entrenadores también es capaz de mejorar jugadores. Sacchi y Cruyff no solo fueron influyentes en otros entrenadores: desarrollaron equipos y jugadores que luego se convirtieron en maestros”.
No digo que seamos Alemania y que en 10 años tengamos entrenadores en Europa, que ojalá. Tampoco quiero ser un Manuel Peñalver, ex dirigente sindical de Acción Democrática, con su “no somos suizos”. Pero mientras mejoremos la formación como una política de la FVF, que puede ser mediante la mentada Universidad del Fútbol, todos ganaremos. Basta de los entrenadores sub-12 que quieren ser Pep Guardiola o Jurgen Klopp con sus niños. Es hora de tener docentes en las inferiores y en el profesional DTs que en la medida de lo posible hayan quemado etapas. “El problema es que estos quieren ganar para seguir progresando. Los entrenadores de fútbol formativo no deben darle ninguna importancia al resultado. La táctica se aprende fácil, lo difícil es controlar bien perfilado o acertar pases yendo en velocidad. Los entrenadores quieren ganar y al jugador no le dejan arriesgar. Se debería potenciar el juego libre y que el propio niño encuentre las soluciones”, comentó recientemente el ex jugador y entrenador español Álvaro Benito, para Sphera Sports cuando se le cuestionó por la creatividad castrada por el resultadismo en las canteras.
Pero estos resultados no se verán antes de 2025. No se puede ver de forma cortoplacista. “Creo que la venezolana es una cultura muy ansiosa, y volvemos a Cabrujas… ‘el conejo sale de un segundo a otro del sombrero, pero nadie se pone a criar conejos’. Eso ha hecho mucho daño, porque se ha entroncado con esa idea mesiánica de la política. Yo siento que en la cultura venezolana hay una tradición romántica que todavía sigue siendo muy fuerte. Vuelvo a la idea del individualismo. A una tradición romántica de héroes, de épicas. Siempre volvemos a esta compulsión de los orígenes y a los mitos fundacionales. Lo que no se produce en un segundo, entonces, hay que buscarlo otra vez en el origen mítico”, expuso Magdalena López, investigadora del Instituto Kellogg para la Democracia, de la Universidad de Notre Dame y del Centro de Estudios Internacionales del Instituto Universitario de Lisboa, en una entrevista para Prodavinci.
Retomamos lo dicho por López, también PhD por la Universidad de Pittsburgh, no se puede esperar soluciones mesiánicas. Ni como sociedad ni como futboleros. Como se ha escrito en blogs y en redes sociales: José Pekerman no es un mago. Esto es un trabajo de todos, que necesita capacitación. Lo positivo es que hoy hay una camada de entrenadores muy jóvenes y talentosos: Juan Domingo Tolisano, Francesco Stifano, Rafael Dudamel, Jhonny Ferreira, Henry Meléndez, José María Morr, Enrique García, Fran Perlo, Leonel Vielma, etc. Muchos ya con estrellas o títulos allende a nuestra fronteras. A ellos los complementan los estrategas de experiencia: Alí Cañas, César Farías, Richard Páez, José Hernández, Giovanni Savarese, Manolo Contreras, Noel Sanvicente, entre otros. Pero, ¿aguas bajo? ¿Después de ellos quiénes?
“Un entrenador es como un domador de leones. Él domina a los animales con confianza en sí mismo y sin miedo. Pero una vez dude de su hipnótica energía, y el primer signo de temor aparezca en sus ojos, está perdido”, dijo en su momento el histórico Bela Guttmann. Venezuela necesita entrenadores preparados tácticamente, capacitados en la gestión humana, que sepan cómo funciona un club, que vean la tecnología como una aliado y que tengan ganas de aprender. Y sobre este último punto, que la FVF puede asegurar que esos centenares de entrenadores ávidos de conocimiento, que están en todos los rincones del país, puedan entrar en una Universidad del Fútbol descentralizada y no sea solo para los que puedan desplazarse a la capital. Si se apuesta al conocimiento, a nadie se lo va a comer el león y nuestros jugadores serán unas fieras.
PD: Me salgo de la tónica deportiva, pero en una sociedad donde hay noticias terribles como la de los profesores de la ULA, Pedro José Salinas e Isbelia Hernández (QEPD), que luego de servirles al país y formar mejores ciudadanos pasen penurias como la desnutrición, nos debe mover la conciencia a todos. Tenemos que aprender a valorar a los profesores. Desde el kinder hasta la universidad. Desde el de la sub-6 hasta el profesional. Son los encargados de esculpir el futuro de una nación. Si los olvidamos, más allá de mostrar de ser unos malagradecidos de proporciones bíblicas, cavamos la tumba de nuestra prosperidad.







