Mineros busca a Francisco
Anticipar es la clave. Parece un oficio de las artes adivinatorias pero nada que ver cuando uno ha visto mucha agua pasar bajo el puente. “El cuento de Mineros”, fue el sugestivo nombre de la columna que escribimos el 4 de octubre del año pasado. Allí hicimos un análisis de la turbulenta despedida de Richard Páez y la manera cómo se repetía la historia en un periplo de movidas que comenzó con José Hernández, continuó con Plasencia, siguió con Maldonado, antes del defenestramiento del eximio reivindicador de la Vinotinto.
Acaba de tocarle el turno a Marcos Mathías, engullido por esa máquina de moler técnicos en lo que se ha convertido la escuadra sureña, sempiterno proyecto de equipo grande que se sostiene sólo con un logro magnánimo en la 88/89 con la tropa del uruguayo Alfredo López. Eran tiempos de la Pandilla del Sur comandada por un chamo llamado Stalin Rivas. Camino a los 35 años en la palestra balompédica resulta incompatible la solitaria estrella con todo lo que representa como entidad en la escena nacional.
A Mathías, buen tipo, le tocó su ración de protagonismo en este cuento. Llegó casi a hurtadillas, con el plomo en el ala, asociado a los rumores de la vuelta de Farías desde México. La misión de sustituir al irreductible Páez, que estuvo a un tris de la gran conquista, no iba a ser fácil. Era, guardando las distancias, jugar el papel de aquel Ratzinger que bajo el mote de Benedicto XVI, le tocaba reemplazar a Juan Pablo II, el grandioso “Papa Amigo”, indestronable en la idolatría y la adoración de los cristianos de nuestro tiempo.
Ya sabemos en que terminó la pasantía del alemán. Hasta que apareció, en la tumultuosa transición, Francisco, con ese nombre pegajoso, sencillo, rebosante de humildad, socio y fanático de San Lorenzo de Almagro. Y a Páez, sin ser el Sumo Pontífice, le aparecieron más fans, de lo que pensaba la dirigencia minerista. La atmósfera no estaba a favor ni de Mathías ni de nadie que osara ocupar el cargo de un “apóstol” del fútbol venezolano, con el que faltó un poco de tacto para manejar el cese en sus funciones. No había que adivinar el cruento desenlace para Marcos, ocurrido en el momento menos indicado.
Mineros vive una nueva era y seguro ha comenzado la búsqueda de su “Francisco”, alguien que venga a cultivar la sencillez, que sea auténtico. Alguien que ordene la casa por dentro y no haga alardes de poderoso. Que vuelva a las raíces de lo que fue y siempre debió haber sido este equipo, embajador de un sur preñado de talentos que desparramaron su clase y su raza por los rectángulos del país. Que pueda recuperar el tiempo perdido en costosísimos proyectos inmediatistas de hoy para ya. Qué contribuya a edificar un patrimonio, basado fundamentalmente en el apoyo a su prodigiosa cantera.
Y ya pueden anunciarse esos nuevos bríos de quienes han llegado en auxilio del club. Ganas e intenciones manejadas aún con muy bajo perfil, que se manifiestan, ahora sí, en la construcción de la sede social y deportiva del club, tantas veces proyectada y prometida. Estamos convencidos de que ahora si va a poder apuntalar la conversión de Mineros en una verdadera sociedad deportiva rentable, ganadora y con un enorme valor social.
Son los rasgos que comienzan a visualizarse en esta etapa, en la que habrá que sincerar muchas cosas, gerenciar y comunicar de otra manera, revalorizar a la gente que nace, crece y se forja en estas coordenadas. Mucho tiene que ver el largo interinato del joven Tony Franco, junto al histórico “Tanque” Freites y el recordado Tulio Hernández, para manejar al equipo hasta el final del Clausura y lo que queda de la Copa Libertadores de América. Hubiera sido quemar las naves con un nuevo estratega, el tercero en una misma temporada, con una nómina irreemplazable y, es posible, que inmanejable e insostenible…
El “humo blanco” se hará esperar, mientras anuncian a “Francisco”.
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