Hacer crecer el fútbol femenino desde las raíces

 

Es un reclamo y una necesidad que en Venezuela haya una liga de fútbol femenino. Los buenos resultados en Mundiales juveniles se cocinaron a fuego lento en la Liga Nacional, que nació en 2004. La Superliga también dio una mano. En una época donde la selección tenía módulos largos, que no solo potenciaban el trabajo en los clubes, sino que en muchos casos los suplían. En esa amalgama surgieron dos finales de Copa Libertadores (Caracas, 2014; Estudiantes de Guárico, 2016), dos títulos Sudamericanos (2013 y 2016, ambos sub-17), una medalla en los Juegos Olímpicos de la Juventud (Nankín, 2014) y cuatro citas ecuménicas (Trinidad y Tobago,2010; Costa Rica, 2014; Jordania, 2016; y Papúa Nueva Guinea, 2016; los tres primeros sub-17 y el último sub-20). Pero los tiempos han cambiado y las transformaciones tienen que ser más profundas.

“La verdad es que hay muchísimo talento, hay jugadores muy interesantes, pero con muy poca formación de lo que hemos visto realmente. Lo más importante ahora mismo es el desarrollo de las niñas y del fútbol femenino a nivel profesional”, le comentó Pamela Conti a Marie Ferro, en la transmisión de la final sub-14 del Conmebol Evolution entre Adiffem y Deportivo Lara (campeón). El comentario de la seleccionadora nacional invita a la reflexión; sin embargo, en lo personal la profesionalización debe ser en categorías menores y en los profesores, no solo en una futura liga. Trabajar en el fútbol femenino debe ser un privilegio, no un premio consuelo, como muchos lo ven en el país.

La captación por todo el país y fuera de él no es novedosa. Primero fue Kenneth Zseremeta (caído en desgracia por las fuertes denuncias en su contra, a las cuales no ha respondido a la justicia) en un autobús, así descubrió a Gabriela García en Tunapuy, Sucre. Luego se creó Sembrando Fútbol, que recorrió el país en la camioneta de José Catoya, así se unió a la causa una jugadora como Gabriela Ángulo, que estaba en La Guaira. En el extranjero se “ficharon” talentos de la talla de Mariana Speckmaier y Bárbara Olivieri. Todo esto tuvo un upgrade más que merecido bajo la figura de Conti llamado Nace un Sueño. De su paso por Estados Unidos ha traído a Génesis Hernández y las hermanas (Alai y Sabrina) Araujo-Elorza, a las categorías menores. Prohibido olvidar que la italiana fue clave para que Sonia O’neill vistiera de Vinotinto.

El talento en Estados Unidos es abundante y potente, jugadoras elegibles para armar varios equipos. El contraste de la formación del país que más ha conquistado Mundiales femeninos (cuatro) con la tierra de Bolívar es apabullante. No hay que ser versado en fútbol femenino para sacar la conclusión que para Conti como jefe técnico de selecciones nacionales le hubiese encantado tener una sub-17 y sub-20 con muchísimas atletas que se hayan criado con el soccer, comiendo pavo en Thanksgiving, viendo fuegos artificiales el 4 de julio y esperando regalos de Santa Claus en diciembre. Seguramente el resultado en la sub-17 hubiese sido otro y en la sub-20 la expectativa fuese diferente. Pero por diversos temas, papeles entre otros tantos factores, no fue así.

Esos periodos de módulos de tres meses se acabaron, esa transición la vivió Carmelia Rojas con su sub-20. Pero entre Superliga y Liga Nacional armó un equipo que hizo la mejor fase de grupos en esa categoría y solo la pandemia le cortó sus sueños mundialistas. En ese momento no es que había un torneo en el país, sino dos, uno profesional y otro amater. El COVID-19 acabó con eso y en dos solo ha habido par de torneos relámpagos, que sumados dan un mes, para sacar los representantes a Copa Libertadores. Esto sumado a preparaciones muy discretas en juveniles, hace que sea complicado pedir grandes resultados en menores. Se advirtió el 12 de enero en estas columnas con el: CONTIgo más allá de resultado. Se sufrió en el sub-17 y una de las menos responsables fue la DT Yllenys Pérez. Esperemos que no lo padezca tanto la estratega italiana en el sub-20.

La mayor es una historia totalmente diferente. ¿Una liga profesional potenciaría a la mayor? Por su puesto, pero en la categoría adulta se encuentra la mezcla de todas esas mundialistas en juveniles que juegan en liga competitivas del mundo. Aparte tienen la mejor preparación de la historia para una Copa América. La Vinotinto absoluta va por un lado y el torneo local por otro, como en el masculino. El recambio generacional tampoco es una preocupación porque a estas camadas le quedan par de procesos eliminatorios más. Se entiende la visión de Conti como jefa técnica de pedir una liga más competitiva, pero los que más la necesitan son las categorías formativas, no en lo inmediato la adulta.

En Venezuela nos acostumbramos a los líderes mesiánicos y salvadores. Conti no tiene ese carácter flemático con el que encasilla a los europeos, sino que es bastante latina. Con su sonrisa y verbo envolvente tiene a las jugadoras y al país en su bolsillo. Pero no hace milagros.  Muchos creen que es Milla Jovovich en Resident Evil, con los súper poderes de combatir cualquier problema. Pero solo es de carne y hueso, mas con mucha preparación. El cambio que se necesita es mucho más profundo y será harto complicado retener a la italiana varios años más, cuando los cantos de sirena lleguen del Viejo Continente con ofertas de clubes con proyectos más sólidos o de otras selecciones. A diferencia de Odiseo, no hay construido un mástil de donde atarse.

Pero, ¿A qué cambio se refiere esta columna? Los torneos estadales. Está muy bien pedir una liga profesional, pero la pregunta del millón es, ¿Quién paga eso? Bingo, los clubes. Clubes que no perciben casi ingresos por ventas de jugadoras y nada por formación. Instituciones que tampoco han tenido la sapiencia para saber rentabilizar el femenino con mercadeo e ingresos del día de partido. Aunque en honor a la verdad, la crisis económica y el meme de “Venezuela se arregló” no ayudan mucho en ese aspecto. Será un largo camino por más que la Federación Venezolana de Fútbol y la Conmebol, mediante la Licencia de Clubes, los obliguen a sacar equipos femeninos.

¿Qué hacer mientras tanto? La FVF debería obligarse a sí mismas y sus asociaciones a tener mejores torneos femeninos estadales. A diferencia de los niños que empiezan a practicar en un club a los seis años y a los 13 compiten a nivel nacional bajo la estructura de un club profesional, las niñas comienzan a los 12. Apenas unos años después jugarían una sub-16 regional que tienen los clubes por obligación. Luego ver si puede migrar o jugar cuando haya algún torneo en el patio, sin dejar de estudiar o trabajar, porque lamentablemente del fútbol femenino no se vive en Venezuela. Ojalá cambiara en poco tiempo esa triste realidad, pero se antoja complicado.

Entonces cuando los clubes, obligados, compiten en ligas nacionales lo hacen con talento “silvestre” como dicen los entrenadores. Curtidas en caimaneras en la acera al frente de la casa con sus primos y hermanos, en la cancha de futsal del barrio y una que otra con equipos mixtos de fútbol campo. Hace falta roce en los torneos estadales y de forma uniforme en los 23 estados y en el Distrito Capital. Hay regiones que destacan, pero otras que dan pena ajena. Talento hay en cada rincón, solo necesita una plataforma para brillar. Es vital incentivar la creación y masificación de escuelas de fútbol femenino. Pero la piedra angular de todo esto es tener entrenadores capacitados para formar a estas futbolistas. Ese es el gran reto, vencer ese déficit de directores técnicos y en la medida de lo posible darles su merecido espacio a las mujeres en los banquillos.

A la FVF obligarse a sí misma, para que luego cuando obligue a los clubes estos encuentren una materia prima mejor trabajada y más competitiva. En este camino hasta que la “obligación” pase a ser una planificación, de parte de ambos. Todos queremos una liga de varios meses que le de fondo de armario a la selección adulta y sea la columna vertebral de las categorías formativas. Pero para eso necesitamos primero unas raíces mucho más sólidas en los torneos estadales. El ejemplo está al lado con Colombia y sus torneos departamentales, porque su liga repleta de internacionales (muchas venezolanas) dura menos de un semestre, pero le compiten de tú a tú a los brasileños.

Es como el dilema del venezolano, que todos los días protesta por mejores sueldos. ¿Quién no quiere que los maestros, enfermeras y el resto de profesiones u oficios ganen sueldos más dignos? Pero como responde el economista Asdrúbal Oliveros: ¿Quién paga eso? La solución es ser un país más productivo, no uno que solo vive de la importación. Lo mismo sucede en el femenino, tenemos que ser más productivos desde que la niña tiene seis años y no solo pensar en cuál liga jugará a los 16 años. Deyna Castellanos y compañía son jóvenes, pero no van a durar toda la vida.