Adolfo Rodríguez: un Director Técnico venezolano como director de metodología en Noruega

 

Luis Vílchez @lvilchez8.- Si se habla de Venezuela y Noruega el primer tópico que saldría al aire sería el petróleo. Posiblemente uno de los últimos temas en una conversación sería el fútbol. Por eso lo llamativo de la figura del estratega Adolfo Rodríguez, quien desde 2016 es director de metodología del IK Start, conjunto de la segunda división noruega. Rodríguez es uno de esos tantos entrenadores muy preparados que ha parido la tierra de Bolívar, que pasa desapercibido para el público en general y los focos de los medios de comunicación, pero que tiene un bagaje y un recorrido digno de escuchar. Parte de su historia y actualidad la contó en Balonazos.

 

El capitalino emigró del país a España en 2002, una nación de la que posee la nacionalidad. En suelo hispano no le validaron el nivel “B” de entrenador que había hecho en Venezuela y se dedicó durante cuatro años a obtener la Licencia UEFA Pro. En ese trayecto no le pasó en ningún momento por la cabeza que terminaría en Noruega. Trabajó cuatro años en Tenerife, donde tuvo la posibilidad de dirigir un equipo de segunda división femenino, y luego partió a Mallorca, en donde laboró en fútbol base y tercera división.

 

Un contacto de Mallorca lo conectó con un entrenador de Noruega que iba a la isla a explicar las bondades de un programa de análisis de video. En ese momento se sembró la semilla. Luego el ritmo de los acontecimientos lo llevó a trabajar en una academia privada en suelo nórdico, a pesar de que no era de su gusto ese perfil, durante un par de semana por lo interesante del sueldo. El tiempo transcurrió y se le abrió la puerta del IK Start como director de metodología, un rol común en España, pero una rara avis en el país nórdico, por allá en 2016, cuando aún el equipo estaba en la categoría de oro.

 

A pesar de la distancia, se declara como un enamorado del fútbol sudamericano y suele trasnocharse para seguir las eliminatorias de Conmebol, porque es más de selecciones que de clubes. Su experiencia en el Viejo Continente y sus vivencias en este lado del charco, en especial en Venezuela donde recuerda la poca cantidad de espacios para practicar fútbol, le dan un aval y una visión para poder comparar las dos realidades.

 

¿Qué hace un director de metodología y que metodología trabajan en el IK Star? En Noruega no había el hábito de tener un director de metodología, que en España es muy común.  Cuando llegó al club me encuentro que no tenía un modelo de juego, de entrenamiento, ni de forma clara que jugadores querían. Mi manera de trabajar fue democracia, porque tengo mis ideas, pero al ir un país con un lenguaje y cultura diferente, lo que me pareció inteligente fue involucrar a todo el mundo en ese proceso.

 

Establecí una serie de reuniones donde nos sentábamos los entrenadores y cada día de reunión definíamos uno de los aspectos de nuestro modelo, ya podía ser el modelo de juego en fase de ataque. Decíamos: ¿Cómo queríamos construir la salida del balón? Ellos ponían ideas y eso lo traducíamos a principios de juego.  Elaboramos así el modelo de juego y nos llevó un largo tiempo, aproximadamente seis meses.

 

Luego del modelo juego, fuimos a una segunda etapa: ¿Qué modelo de jugadores queremos? La desarrollamos y fueron otros seis meses. Después de ese año se trabajó el modelo de entrenamiento. En España se usa mucho los métodos estructurados, una especie de método global donde interactúan todas las estructuras que componen a un ser humano, que también se define como fútbol complejo.

 

Mi idea en Noruega era transmitir ese método de entrenamiento, donde no se separarán las estructuras y fuese una visión holística del entrenamiento. Luego de muchos años lo hemos logrado, porque cuando llegué aún se trabajaba de forma muy analítica, que se usaba cuando yo jugaba, que significa separar las fases.

 

Un ejemplo: “Hoy vamos a trabajar la preparación física, así que corres o vas al gimnasio. Otro día técnica, solo toques de balón. Otro día táctica”. Con el método estructurado, que es el que más éxito ha tenido en España, buscamos que todas esas estructuras se tienen que ver expresadas al mismo tiempo en una tarea de entrenamiento, tienen que estar la parte física, táctica, mental y técnica interaccionando al mismo tiempo.

 

¿Cómo es su día a día en el club? Cuando me levanto lo primero que hago es revisar unos cuestionarios que tienen que rellenar los jugadores, que es parte de la metodología, en donde responden: ¿Cómo se sienten? ¿Cómo han dormido? ¿Cómo se sienten para entrenar? En total son siete preguntas. Con las respuestas, sé en qué condiciones están para entrenar. Eso lo paso a una hoja Excel y me voy al predio, donde me reúno con los entrenadores, revisamos la planificación, luego los entrenamientos. Estoy siempre en las prácticas y después que terminan, charlo con los entrenadores. Luego en casa me veo de nuevo los entrenamientos, ya que los grabamos, para dar observaciones a los entrenadores y jugadores.

 

Se dice que se juega como se vive. ¿Cómo trasmitirle el mensaje y convencer con su mensaje a un noruego, que es tan diferente a un venezolano o un español culturalmente? Al llegar tratas de adaptarte al contexto y a ellos le ha gustado mucho mi manera de trabajar. Los latinos somos más calurosos y de contacto físico, de abrazos, gritar y mostrar emociones. En cambio, ellos son bastantes fríos en ese sentido. Al principio se impactaron mucho, porque yo gritaba en un entrenamiento celebrando un gol o abrazaba a uno cuando marcaba un tanto. Para ellos era un: “¿¡Ostras, a este qué le pasa?!” [Risas]Pero eso era al principio, ahora le gusta mucha y se han acostumbrado.

 

Ellos no se tocaban, el primer dio les fui a dar la mano y no me la daban. Se quedaron sorprendidos por esa forma de saludo. Se puede decir que es algo de éxito que he logrado, que ahora ves a cualquier jugador del club y le da la mano a otro, tienen otro ámbito. Como buen español, tengo la facilidad de gritar, pero aquí nadie lo hace. En los saludos a distancia pego un grito, como si ahora te dijera: “HEY, LUIS ¿CÓMO ESTÁS?” Eso en Noruega nadie lo hace. También por las bromas, porque por nuestra educación tenemos tendencia a echar broma.

 

En Venezuela era el más tranquilito, pero aquí sería lo contrario. Aquí les bromeo en el entrenamiento y me rio mucho con ellos. Al principio no la entendía y las miradas de  ellos me decían: “Este tío está mal del coco”. El fútbol tiene mucho de estado ánimo, este tipo de situaciones son necesarias, tienes que reírte y pasártela bien, porque al fin y al cabo es un juego.

 

En el entorno del juego son muy organizados, tienen una ventaja con respecto al sudamericano o al latino, con ese orden y esa forma sistemática. Pero el lado negativo es que son jugadores con menos creatividad o autonomía para resolver las situaciones, dependen mucho del entrenador. Aunque Noruega, como muchos países de Europa, está recibiendo una migración importante.

 

Aquí hay una gran colonia de chilenos, muchos pakistaníes, varios que juegan al fútbol. Ves la selección de Noruega y hay una cierta mezcla de razas y nacionalidades, lo que le ha dado al fútbol más de riqueza, creatividad y desparpajo. Pero a ellos le gusta y son muy buenos en la organización. Muy mecanizados y estructurados, con respecto al latino, que somos más espontáneos.

 

Toca el de selección y de mi época uno recuerda a John Carew, Morten Gamst Pedersen, Ole Gunnar Solskjær, John Arne Riise o Tore André Flo. Ahora brillan los Martin Ødegaard y Erling Haaland. ¿Cómo trabaja Noruega las inferiores para sacar este tipo de talentos? Esa generación que hablas Flo, Carew, Solskjær, Erik Mykland, todos esos son hoy en día entrenadores. Flo es entrenador del Sogndal IL, en la segunda división de Noruega. Myklnd, que es probablemente considerado como el mejor jugador de la historia de Noruega, es mi compañero de trabajo en la academia. Esa gente ha intentado transmitir ese conocimiento empírico, porque no son estudiados, pero tiene la experiencia de haberlo jugado y vivido, ese cómo practicar el fútbol. También han intentado traer entrenadores ingleses, españoles, portugueses y holandeses, que han inculcado tener un método de trabajo y una idea.

 

También la federación de Noruega ha establecido unos estándares, por el año 2011, y un proyecto llamado “Clasificación de la Academias”. Consiste en que la federación cada dos año visita cada una de las academias y evalúan en qué punto están las academias en diferentes aspectos. Por ejemplo, la cualificación de los entrenadores, cuántos tienen, cuál es tu método de trabajo, cómo es tu planificación, sobre tus resultados, cuántos jugadores llegan de la academia al primer equipo, cómo es la economía, entre otras cosas.

 

Al final de la evaluación te dan unos puntajes como los hoteles, con estrellas. De acuerdo a las estrellas que obtengas, la federación otorga el dinero. Mientras más alto sales en la valoración, más ingresos les asignarán. Eso hace que se invierta dinero en las academias en cuanto contratar entrenadores o usar recursos para que tengan facilidades. Cuando llegué las academias tenían entre uno o dos entrenadores al 100% (que reciben un salario normal). Ahora la mayoría tiene entre siete o 10 entrenadores al 100%, más preparadores físicos, más psicólogos, más entrenadores de porteros. Se ha hecho más profesional.

 

Esta iniciativa de la federación noruega, que no es más que copiar un método que ya se hacía en Alemania e Inglaterra, pero adaptándolo al país. Eso ha hecho que en todos los clubes se empiece a demandar muchos más entrenadores cualificados, mejores resultados, mejores entrenamientos. Tú ves que casi todos los clubes están trabajando muy bien. Aparte dos veces al año se reúnen todos los equipos profesionales con todas las academias, donde se comparte la manera de trabajar y se discute. Muy interesante estos seminarios, que es como lo llaman, porque debatimos sobre cómo nos van con nuestros métodos.

 

Otro aspecto muy bueno de las academias es que llegan a acuerdos con los institutos. En IK Star tenemos un convenio con un centro educacional y todos nuestros jugadores estudian ahí. Podemos tener cierto control en la mañana, que a ciertas horas podemos dar actividades dentro del colegio relacionadas con el fútbol. Nos da mayor poder para intervenir en el jugador. Eso lo están haciendo todos los equipos. En nuestro caso es a partir de chicos de 15 años en adelante, pero otros lo hacen con chavales desde los 8 hasta los 21 años.

 

 

¿Qué diferencia al jugador sudamericano con el europeo? En Europa tienes muchas alternativas si no te sale bien el fútbol, en Sudamérica no era así cuando era joven. En América si te fallaba el fútbol, te fallaban muchas cosas. Tendrías que trabajar en cualquier cosa para llevar pan a la casa. Ese sentido de pobreza la hay en Europa, pero no en la misma magnitud. El europeo tiene más tranquilidad de que si no te sale el fútbol vas a la universidad. En mi juventud, que estudié en un liceo público, era complicado acceder a la universidad, ya fuese por las notas o porque no estábamos tan preparados como los chicos que salían de colegios privados.

 

Una contradicción es que las personas que salían de colegios privados obtenían cupos en las universidades públicas. Los que estudiábamos en liceos públicos teníamos que ir a universidades privadas, era una contradicción enorme [Risas]. Nuestros padres se tenían que hipotecar para pagar esa educación. Eso en mi época en Venezuela, no sé si ahora siga así. Pero no pasa acá. Por eso la diferencia la marca el: ¿Cuánto estás dispuesto a sacrificar por el fútbol? El sudamericano está en mayor predisposición para hacerlo.

 

El fútbol se ha organizado mucho, porque mueve mucho dinero. Lo europeos han sabido organizar las academias y son bastante estables, van por una línea y continúan. España para tener éxito estuvo 20 años bajo una metodología, a pesar de las derrotas y fracasos. Hoy en día continúan, a pesar de que no ganan nada después de 2012. El caso de Alemania con Joachim Low, que estuvo muchos años. Ves una estabilidad prácticamente imposible en Sudamérica, el ejemplo es Sabella en Argentina que sale luego de llegar a la final.

 

En el caso de Venezuela hubo una oportunidad bonita de continuidad con el cambio que logró Richard Páez, que fue radical y perduró en el tiempo. Lo viví allá. Hubo cierta continuidad de ese legado porque luego se jugó una final de un Mundial sub-20 con Dudamel y a veces no manejamos la magnitud de lo que es llegar a esa instancia. Es extraordinario. Pienso que en Sudamérica falta un poco de seriedad para darle continuidad y fortaleza a los proyectos.

 

¿Sudamérica qué debería copiar de Noruega para el desarrollo futbolístico?  No sé. Lo que sí puedo decir es que en Venezuela hay gente muy preparada, probablemente más que la que está aquí. Siempre comento que en el año 1998 hice un curso de la federación en el San Agustín de El Paraíso, donde José Hernández hablaba de las superioridades, cualitativas y numérica. Él decía que el fútbol se tenía que determinar de acuerdo con la capacidad de las superioridades. Hoy en día en Europa todos hablan del juego posicional y de superioridades.

 

Les digo que me comentaron hace más de 20 años el tema de las superioridades y me ven con cara de: “Tú nos estás mintiendo, eso no es verdad”. En el año 2000 le escuche en una entrevista a Luis Apolinar Martínez, preparador físico de Páez en la selección, y no se me olvidará que habló de sistemas de entrenamiento holístico. Ese tipo de sistemas se ponen muy de moda en 2008, en España. Cuando lo digo que esto se hablaba en Venezuela a principios de siglo tampoco me creen.

 

Hay gente muy preparada, lo que hay que hacer es darles a estas personas la responsabilidad de hacer el proyecto. Que es lo difícil, porque también pasa en Europa, ya que tienes que lidiar con el amiguismo. Armar un proyecto serio a lo largo del tiempo, que no se acabe si se pierde mañana y se entienda que un resultado adverso es parte de un proceso.

 

Aquí en Noruega se ha fracasado al no clasificar ni al Mundial ni a la Eurocopa, para ellos fueron fuertes esos resultados. Sin embargo, van a seguir poniendo dinero.  Pensaron en parar el proyecto de las academias, pero al final resolvieron continuarlo 10 años más. Es un montón de dinero, pero es porque están dispuestos realmente a que la situación del fútbol noruego crezca. Seguramente tendrán un resultado. ¿Cuándo? Esto no lo sabe nadie, pero desde que estoy aquí ha crecido un montón y si sigue el mismo ritmo va a poder competir con Alemania o Inglaterra.

 

La diferencia está ahí, que en Europa se les da continuidad a los proyectos. Se invierte en campos buenos, que el jugador tenga condiciones excelentes de entrenamiento y que los entrenadores estén preparados. Un ejemplo es el Villarreal, un equipo que jugó una semifinal de Champions, pero es una ciudad de 200 mil habitantes. Es muy pequeña. Pero hace muchos años la gente que maneja el club decidió que se tenía que invertir en las academias. Su ciudad deportiva es espectacular. Metieron un montón de dinero ahí. En los últimos años del Villarreal ha descendido y ascendido, esta sería su segunda semifinal de Champions y ganó la Europa League.

 

Eso quiere decir que la gente que ha estado detrás ha sido seria. Independientemente que el club bajara de categoría, ha continuado con el proyecto. Hoy todos dicen: “Mira a Villarreal, que buenos son. Siendo un club pequeño están en semifinales de Champions”. Eso quiere decir que tienen un proyecto claro.