La Selección Vinotinto Femenina y su arduo y largo camino a la grandeza

Luis Vílchez @lvilchez8.- “A Venezuela le falta un poco de experiencia, de manejo de balón cuando tiene que tranquilizar el juego, de pasar de ser un buen equipo a un gran equipo”, explicó Pamela Conti, en la conferencia de prensa, luego de vencer 2-0 a Perú, con los goles de Deyna Castellanos y Oriana Altuve. La Vinotinto alcanzó su mayor puntuación en una Copa América al cosechar seis unidades, las mismas que en Chile 2018. Las guerreras amarraron la pugna por el quinto lugar, última posibilidad para conseguir un cupo al repechaje del Mundial de Australia y Nueva Zelanda 2023 y los Juegos Panamericanos de Santiago del próximo año. Sin embargo, la selección no termina de brillar.
Para el encuentro contra el cuadro inca, la estratega italiana hizo modificaciones en el once inicial. María Peraza entró por Verónica Herrera e hizo dupla de centrales con Yenifer Giménez. La portera volvió a ser Nayluisa Cáceres, solvente en su labor. Las laterales Nairelis Gutiérrez, más desencadenada que nunca y de gran partido, junto con Michelle Romero; la primera por la derecha y la segunda por la izquierda. Lourdes Moreno fue titular en lugar de Dayana Rodríguez, figura en el cotejo pasado. En el carril central se sostuvieron Deyna Castellanos y Gabriela García. Por la banda derecha Paola Villamizar, mientras que por la izquierda ingresó Mariana Speckmaier y fue al banco Ysaura Viso. La “9”, como siempre, Oriana Altuve.
Una de las cartas de presentación de esta Vinotinto es buscar acertar el primer gol de entrada. Antes de que transcurrieran 120 segundos, una buena recuperación había culminado en remate de Altuve. A diferencia de Uruguay, la presión peruana no era tan alta, más bien replegaban y cerraban muy bien los espacios. Eso hizo una constante que Giménez tomara la lanza y rompiera líneas en conducción, pero le costaba conseguir una solución al cruzar la mitad de la cancha. Para un equipo que quiere gobernar en los partidos desde la tenencia y el buen trato al esférico le falta un peldaño en la primera línea de volantes que, de calma y sentido a las acciones, más allá de pases largos a las espaldas de las centrales.
La pelota quieta desde la pegada de Castellanos era una buena herramienta, pero le faltó contundencia a una selección que tiene como bandera la pegada de sus efectivas en ataque. Muchas de esas jugadas de laboratorio se enfocaron en centros o remates, luego de un toque previo para desordenar a Perú. Otra ejecución muy común es buscar al primer palo en este equipo, aunque tuvo más réditos cuando el balón caía para el segundo poste. En este tipo de acciones estuvo cerca de marcar Speckmaier, en la primera parte, y en la segunda un cabezazo de Gaby García, que se fue muy cerca del palo.

Un trazo largo de Perú complicó a Giménez, al 18’, y culminó en un córner. La pelota quieta es una gran herramienta para que Venezuela haga daño, pero cuando es en su contra sufre horrores, sea en masculino o en femenino. El saque de esquina desembocó en un rebote en la frontal del área, que pescó Scarleth Flores y la mandó al poste, el rebote lo recogió Alexandra Kimball, pero no pasó a mayores. David casi le acertó la primera pedrada a Goliat. Todo esto en el marco de la necesidad de un resultado abultado para que el empate fuese válido ante una Argentina que a primera hora le marcó cinco goles a Uruguay.
Cuando las venezolanas se logran combinar salen fuegos artificiales. Se tuvo que esperar hasta el minuto 29’ para ver una buena pared entre García y Altuve, que culminó en un remate de la atacante del Valencia a las manos de la portera. Dos minutos después se construyó la primera jugada orgánica y limpia desde atrás, para que Deyna, en posición de “10” y no tan retrasada, mandara al espacio a Villamizar, que pudo lanzar un centro raso, más la defensa peruana lo despejo.
La noche se hacía más oscura en el estadio Centenario de Armenia con una selección que no era errática como ante Uruguay, sino que tampoco llegaba con balón dominado al área. Pero apareció un rayo de luz de Inti, máxima deidad de los incas, para la gracia de la Reina Sol de Venezuela, Deyna Castellanos. Si Luis XIV dijo “El Estado soy yo”, la aragüeña puede parafrasearlo y gritar: “El fútbol soy yo”. Un pase atrás de Fabiola Herrera, al 39’, le permitió a la jugadora del Manchester City conducir dentro del área, driblar a Maryory Sánchez y firmar su segundo tanto en la Copa América. Séptimo a lo largo de su carrera en la competición. Una flor más para “El jardín de América”, como se le conoce al estadio.
La presión arriba pudo aumentar la cuenta cinco minutos después, cuando Altuve, Gaby y PV7 fueron como pirañas en la salida peruana. Perú se complicó y Venezuela recuperó con Villamizar. La futbolista de Tijuana habilitó a Gaby, pero pecó de generosa al darle un pase a Altuve, que no pudo batir a Sánchez con su remate. El gol de Deyna descomprimió la presión, pero aún faltaba fluidez en el juego.

Otro partido que “Kika” no puede ser ese nexo entre defensa y ataque. No tanto por su labor defensiva, que por características no se le puede exigir gran despliegue. Pero tampoco ha mostrado toda su calidad. Una jugada que ejemplifica ese constante “quiero y no puedo” cuando juega en la primera línea, fue al 45+1’ cuando eludió a dos rivales, condujo de gran manera, pero luego erró un pase corto con Deyna Castellanos. Dirían en el sur que siempre le falta cinco para el peso, a la capitana de la selección.
Conti movió el tablero y se vio una mejor cara de la selección, pero aún cortas para las expectativas en torno a un equipo que tuvo la mejor preparación de la historia de Venezuela en amistosos y que recoge el trabajo de una década exitosa en categorías menores (tres Mundiales y una medalla de plata en Juegos Olímpicos de la Juventud). Villamizar, al igual que Jefferson Savarino en el masculino, aún se espera por su gran partido de vinotinto. Speckmaier de entrada y por la izquierda tampoco se encontró. En el caso de PV7 sería interesante verla por izquierda, para que enganche y pegue. No de gratis le dicen el “Rifle”.
En el lugar de ambas entraron Ysaura Viso y Raiderlin Carrasco. La primera cayó por la derecha, a pesar de “9”, pero ha cumplido bien ese rol. La sub-20, que es extremo, tuvo un choque más que correcto como lateral izquierdo y Michelle Romero adelantó su posición. Algo similar se vio contra Uruguay, cuando entró Gabriela Angulo y le dio rienda suelta en el ataque a la zuliana por la banda. Pero el ajuste que más se sintió fue Dayana Rodríguez por Moreno, le dio otra dinámica al equipo, incluso, al 61’, recuperó un balón y casi hace un golazo que hizo que Conti se llevara las manos a la cabeza.
Perú dio otro susto, al 50, con un zapatazo de Sandra Árevalo. Con las uñas Cáceres hizo que la pelota tocara en el palo y luego se paseó por la raya, para detener el corazón de todo un país. En el banquillo se debió agradecer desde la Chinita hasta la Santa Rosalía de Palermo, Italia. A pesar del llamado de atención continuaba la falta de fluidez, ni en largo ni en corto. Eran más por arrestos individuales como los de Nairelis por la banda, que por acciones colectivas. El ingreso de Bárbara Olivieri por Romero dio un poco más de conexiones, pero la nacida en Texas se vio ansiosa, en su primera acción se chocó con Altuve y en la última jugada del encuentro optó por un remate cuando la contra pedía pase.

Pero cuando la de Rayadas de Monterrey se combinaba, a pesar de estar escorada en la banda izquierda y ser jugadora más de carril central, cambiaba el color del asunto. En una pared con Gabriela García nace un centro pasado de la jugadora de la Real Sociedad. Deyna no la pudo conectar, pero sí Viso. La portera logró repeler, pero estuvo atenta Altuve para mandarla a guardar. El último cambio fue Maikerlin Astudillo por Castellanos, que al igual que en los amistosos ante Chile jugó adelantada en el 4-1-4-1 de Conti.
En los segundos finales la cuenta se pudo aumentar, primero con un pase exquisito con Altuve que dejó mano a mano a Viso, pero la ariete de Colo Colo no pudo concretar. Luego con un centro de Nairelis, al 87’, la prima de Roberto Rosales estrelló el balón en el travesaño. El último intento de Perú fue una jugada individual de Pierina Núñez, si bien se quitó a tres efectivos de Venezuela, no llegó a mayores por estar muy sola. “Lo más importante era ganar 1-0 o 5-0, confió mucho en mis delanteras. El primer objetivo lo logramos, que era pasar a segunda ronda. Vamos partido a partido”, aseveró la entrenadora italiana, en la conferencia de prensa.
Cuando se le interrogó por la dificultad de abrir cerrojos, disintió a esa premisa. “Somos un equipo que en los últimos 10 partidos hemos metido casi 26 goles, casi un gol y medio por partido. Intentamos construir desde el fondo y lo más difícil en el fútbol es meter gol. Venezuela ha crecido mucho”, argumentó. Un dato no menor es que acumuló otro arco en cero.
En cuanto a esa transición de “buen equipo a un gran equipo” profundizó: “Eso se tendrá con el tiempo. A veces ganar siempre no es lo mejor, perder te hace ver los errores y poner los pies en la tierra. Aunque no me gusta perder ni en ping-pong”. Todo en un clima de buena vibra con Altuve y donde se ratifica la buena química que hay con el grupo. Sin embargo, si Venezuela tiene una obligación en esta Copa América es clasificar a los Panamericanos y al repechaje mundialista, así sea de quinta. El resto es ganancia.







