La vinotinto Oriana Altuve y la sonrisa que pone a celebrar a Venezuela

 

Luis Vílchez @lvilchez8.- “Mira qué bonito tiene la chinita los ojitos. Que con su sola mirada yo me tengo que poner rojito”, esta letra del Gran Combo de Puerto Rico la usa el departamento de medios de la Federación Venezolana de Fútbol para referirse a Oriana Altuve. La delantera del 23 de Enero en el campo es una guerrera de Esparta, pero cuando marca pone a vibrar al país y le regala esa sonrisa que le pone los ojos chinitos. Los goles son alegría y la delantera del Valencia CF es su sinónimo en la selección, aparte llevar júbilo y buena vibra al camerino. En la actual Copa América abrió su cuenta personal ante Perú y en toda la historia suma tres.

 

Luego del partido ante las incas la ariete de Valencia dijo: “Trato de leer el partido y ubicarme en los huecos donde pueda caer la pelota. Los movimientos de mis compañeras y la experiencia que tengo son fundamentales”. Si se suman todas las competiciones adultas, no hay duda que Altuve es la máxima artillera de la Vinotinto. Desde muy pequeña se enfundó la casaca nacional para inflar las redes, aunque nunca tuvo los reflectores de participar en un Mundial juvenil, pero sí disputó una final de Libertadores con el Caracas FC (2014).

 

En el ciclo de Pamela Conti no solo se ha visto una delantera rematadora, sino un apoyo a sus compañeras al momento de aguantar la pelota arriba, darle tiempo a sus compañeras y dejar de cara a las habilidosas volantes criollas. Su mapa de calor ante Perú son manchas verdes y azules, nada de amarillo o naranja en ningún lado. Nunca estuvo estática, siempre ofreció una línea de pases. Entre sus guarismos encontramos: dos remates a puertas, dos tiros desviados, 24 pases (62,5 % de precisión), uno largo y 23 en corto; seis duelos individuales ganados y tres faltas recibidas.

 

Un olfato goleador que se forjó en el Bloque 31 del 23 de Enero, en la capital. A pesar que su padre prefería otras disciplinas como ballet, gimnasia o natación; su madre y su tío (Roberto “Chicho” Rosales, progenitor de Robertico) fueron sus cómplices en la práctica del fútbol. Para conocer más de una delantera que ha dejado huella en Uruguay, Colombia y España; Balonazos contactó con Enzo Tropiano y Lisbeth Bandres, con quienes compartió bastante en Cocodrilos Sports Park.

 

 

Desde el banquillo

 

“Llego de niña al Caracas y se impresionó con la forma cómo entrenamos y cómo corregíamos. Tenía 11 o 12 años, y regresó al Pedagógico, que fue donde se formó. Le dije que si ella entendía nuestra forma y lo asimilaba, se iba a perder de vista”, recordó Tropiano. Al final Altuve se vistió de rojo y pasó mucho tiempo en la Cota 905. Primero con las dos horas de entrenamientos, luego tomó el rol de monitora, para después con las escuelitas y selectivos del cuadro avileño también ser entrenadora. En total ocho diarias con esa familia que formó en la sede del cuadro capitalino.

 

El idilio con las redes lo tuvo desde pequeña. “Siempre tuvo ese olfato goleador. Al principio eran más las que se comía que las que hacía. Pero siempre era una jugadora que trabajaba y hacía de su debilidad una fortaleza, como lo logró con su pierna izquierda. También tiene un don natural de bajarla con el pecho y dejar la pelota al lado de sus pies, para empujarla de un lado a otro. Una de las mejores delanteras del país. Muy disciplinada y colaboradora”, analizó.

 

Los ojitos chinos también son un sello de fábrica. “Siempre estaba con una risa constante en las concentraciones y en los viajes, con un ánimo de colaborar. Esa alegría que despierta un equipo y un camerino”, confesó Tropiano. Una Altuve que se trazó jugar en el exterior y lo ha hecho de gran manera con Colón (Uruguay), Santa Fe (Colombia), Rayo Vallecano, Betis y Valencia (España). “Su recorrido es admirable. Es una chama que Dios le dio un talento natural, que luego ella supo potenciar y mantener”, soltó el estratega. Ahora el DT la insta a demostrar toda esa calidad con los próximos rivales que puede tener Venezuela en la Copa América: Brasil, Argentina, Chile o Paraguay.

 

 

La compañera

 

“Tengo muchos recuerdos con Ori, pero el primero es cuando nos juntamos a jugar en el Caracas, porque ambas jugábamos en equipos diferentes (…) Tiene casi todas las características de una delantera completa, pero sus diagonales y su olfato de gol son fundamentales”, explicó Bandres, una referente del Caracas en su historia y en la actual Liga Futve Fem. Sobre la personalidad de Altuve soltó: “Ori es excelente como compañera, tanto así que llegamos a ser hermanas inseparables, además es una persona muy positiva”.

 

Bandrés estuvo en la Copa América anterior, hasta los momentos la mejor en la historia de Venezuela. “Esperemos que esta Copa América sea muy positiva para ella (Altuve), que siga creciendo como persona y jugadora. Que logre su sueño de ir a un Mundial, que es una de las pocas que le falta en su currículum deportivo y que comiencen a salirle los goles”, apuntó la volante.

 

El contacto durante el torneo ha sido fluido. “He hablado con ella. Siempre estoy ahí y le dije que pudo hacer mejor y que puede dar más, porque sé que ella lo puede dar, que se suelte más. Ella sabe que siempre la estoy apoyando y voy a ella”, reveló. Mientras que a la hora de valorarla aseveró: “Para mí no es solo la mejor delantera de la historia del Caracas, sino también de Venezuela. Por sus características y personalidad, hasta ahora no hay ninguna como ella. Asimismo mis respetos para Ysaura Viso, lo digo porque estuve cerca de ambas y las enfrenté, son delanteras letales”.

 

Si en la Copa América de Colombia se hace costumbre la postal de esta joven caraqueña, con su sonrisa de oreja a oreja y los ojos chinitos, significa que los rivales se lamentan y Venezuela se acerca a Australia y Nueva Zelanda 2023. Sus goles pueden poner al país bailar al Gran Combo de Puerto Rico y demás canciones de salsa, porque en una nación golpeada por las crisis, sus guerreras suelen ser un bálsamo con sus clasificaciones a Mundiales, ante juveniles y, ahora, el reto es la categoría adulta.