Football isn’t always on time

“Hold the line. Love isn’t always on time (No cuelgues. El amor no siempre llega a tiempo)”, dice esa buena canción de Toto, por allá en 1978. La música como el vino, con el tiempo se pone mejor. Y en este caso la frase de la banda estadounidense guarda una gran verdad. No solo el amor no siempre llega, a veces el fútbol tampoco. Fue un poco lo que sucedió en los Juegos Sudamericanos.
“Nosotras vamos por la medalla de oro para hacer feliz a Venezuela”, dijo Pamela Conti para Balonazos. La estratega italiana cumplió y se fundió en un abrazo con su hermano, Vincenzo, lágrimas mediante. Un año duro sin mundiales en categorías menores y sin repechaje (estuvieron cerca en los penales ante Chile) para la Copa del Mundo adulta. El segundo oro de Venezuela en femenino, luego de los Juegos Centro Americanos y del Caribe de Mayagüez, que el fútbol femenino se disputó en Mérida.
Este título hay que contextualizarlo. Si se perdía no iban a dejar de llover la crítica –muchas con argumentos, otras descarnadas– sobre la entrenadora. De esos torneos trampa que si triunfas, no es tan importante y si caes arde Troya. Lo cierto es que estaba ante una oportunidad única ante la negativa de Brasil de participar y Colombia con un plantel alterno, muy diferente al de Bolivarianos que fue con un trabuco. Sacando a los dos representantes de Conmebol en el Mundial sub-20 de Costa Rica, los otros dos que fueron al cuadrangular final en el Sudamericano de Chile se midieron en la final: Uruguay y Venezuela. La final lógica por rendimiento previo, que luego se ratificó.
La diferencia es que ante la Celeste perdieron 2-1 en suelo austral. Pero con Bárbara Olivieri sancionada y Gabriela Ángulo lesionada. Su presencia cambió todo, incluso Olivieri anotó un golazo en la final. El mérito está en cumplir con las expectativas y las obligaciones de una selección que está para ser la tercera de Conmebol, detrás de Brasil y Colombia. Si bien el fútbol femenino ha crecido a nivel mundial y sudamericano, Venezuela no está tan rezagada, ni se enfrenta a UEFA y saca talento a raudales. Con una idea de juego bien aplicada, este tipo de resultados se concretan.
En el sub-17, la selección dirigida por Yllenys Pérez, solo pudo ganarle a Bolivia. En el cuadrangular que fueron los Bolivarianos, solo se quedó por delante de Panamá, aunque por juego debió ganarse plata y no bronce. En la Copa América, con la mejor preparación de la historia, se repitió lo hecho en 2018: sexto lugar. En el sub-20 se llegó al cuadrangular y se fue colista, pero a diferencia de otras presentaciones, esa fue la mejor. Estos Odesur recordaron ese rendimiento. Ese funcionamiento que Conti logró plasmar en Chile y Paraguay debe ser el camino. En 2023 tendrá Juegos Centroamericanos y del Caribe en El Salvador y Panamericanos en Chile (primera participación en la historia).
Mientras que, en 2024 los dos Sudamericanos sub-17 y sub-20, aparte de la Copa América (no hay que descartar que la FIFA ponga Mundial cada dos años en femenino y ese torneo tenga un aliciente más allá del título y la gloria deportiva). El fútbol no llegó a tiempo para el fútbol femenino. Esperemos que en el futuro se construya los resultados en base a este funcionamiento y con el respaldo de la medalla de oro.
En el masculino el fútbol también llegó tarde, con el triunfo 2-0 sobre Paraguay, a la postre medalla de oro. Pero empezó con una derrota 3-1 ante Uruguay y un empate 1-1. ¿Fabricio Coloccini tenía bajas? Claro y pesadas, como Andrés Romero y Telasco Segovia. Pero contaba con gran parte de la plantilla que estaría en el Sudamericano sub-20 de Colombia. O que se presumen como la mayoría de los integrantes, porque se ve en las convocatorias en los módulos del plano local. La lupa estuvo puesta en la inexperiencia en el cargo del ex central de Newcastle, que se estrenó como entrenador.
La importancia de esta selección es la columna que puede significar en el ciclo Pekerman. Primero como un envión anímico con una clasificación al Mundial de Indonesia, antes de iniciar el Premundial en marzo. Una Copa del Mundo juvenil será un buen colchón para un proceso en donde lo resultados se cocinarán a fuego lento. La crítica siempre estará a la vuelta de la esquina. Si bien poco importa o puede afectar la opinión pública al trabajo del argentino, siempre será mejor con todos alineados y eso se gana con juego y triunfos, pero las exigencias no serán tan mordaces si se va a Indonesia.
En lo económico el ciclo Pekerman es un gasto faraónico. La FVF se juega a Rosalinda con el ex DT de Colombia. Si la sub-20 cumple en el Sudamericano, un Mundial juvenil puede ayudar a recaudar fondos y atraer nuevas patrocinantes a la causa, en una marca Vinotinto que se busca rescatar del ostracismo. Desde los héroes de Corea del Sur no ha habido mucho que celebrar y eso fue hace un lustro. Ninguna empresa va a querer involucrarse con un equipo que no genere ilusión.
En una plantilla con muchas cicatrices, tras dos Premundiales como colista, la renovación es menester. Pero no se puede hacer de sopetón, sería un craso error. La savia nueva tiene que venir de las categorías menores que desde juveniles se nutran de la nueva metodología de trabajo. Casos como el de Telasco Segovia, que en esta tribuna hemos sostenido que es el primer proyecto de futbolista del argentino. No para 2023, pero si para la segunda mitad de las eliminatorias. Ahí donde se define todo, que se necesita profundidad de armario y piernas frescas con respecto a los Salomón Rondón o Tomás Rincón.
¿Y si es un fracaso el Sudamericano sub-20? No tiene que perjudicar una posible clasificación para 2026, más con el aumento de cupos. Sin embargo, un éxito, entiéndase una clasificación al Mundial que le abra puerta a los jugadores a mejores mercados, sin duda, colaborará a mejorar el presente de los legionarios y la materia prima que tendrá Pekerman. Ojalá el fútbol le llegue a tiempo a Coloccini, sino, posiblemente, tendremos que decirle, otra vez, a la Copa del Mundo que no nos cuelgue y que espere un poco más por Venezuela.







