La incertidumbre a final de año

Las deudas, un cáncer que hace metástasis en el fútbol venezolano. Un mal que tiene más años que muchos dirigentes de la Liga Futve. No es un fantasma nuevo, sino una enfermedad endémica. Si bien los abuelitos dicen: “Mal de muchos consuelo de tontos”. Cuando miras al sur, ves al todopoderoso Independiente de Avellanada, máximo campeón de la Copa Libertadores (7), también en un mar de problemas. “Tierra arrasada”, fue el término que usó Fabián Domán, presidente del Rojo de Argentina. En Brasil se han visto equipos que ha descendido con terribles manejos financieros: Internacional (2016), Cruzeiro (2019), Vasco da Gama y Botafogo (2020).
¿Alguien se acuerda de Palermo, en Italia, o Málaga, en España? Deudas también. No vale la pena autoflagelarse como si fuera solo un problema de la Liga Futve. Pero esto tampoco puede servir como excusa para escudarse. Menos en un país con una crisis económica tan ácida y larga en el tiempo. ¿Mejora económica? Sí, pero es una estabilidad en el foso, como dice Asdrúbal Oliveros. Cada trabajador, sea jugador, cuerpo técnico o personal administrativo merece su pago al día. Es lo normal en otros sectores privados en el país. Vale la pena leer los resultados de la Encovi 2022 de la UCAB, para saber que no hay tiempo que esperar. La necesidad tiene cara de perro.
Tampoco es menos cierto que los directivos de la Liga Futve hacen esfuerzos herculinos para que la pelota no se pare. Venimos de una pandemia y de una de las hiperinflaciones más largas de la historia. Del país han migrado más de seis millones de personas. Uno de los pocos torneos que no genera buenos ingresos por derechos de televisión. Un deporte que compite por la atención entre dos gigantes como la LVBP o la Superliga LPB. A veces hay que poner en el rango de milagro que haya campeonatos de fútbol en el país. Otro debate es de donde vienen los recursos de los dueños de equipos. Eso se lo dejo a Runrunes, El Pitazo o Armando Info.
Lo cierto es que hay incertidumbre. El año espira y no hay noticia de clubes que parecen estar en la UCI. Históricos como Estudiantes de Mérida o un Zamora que fue el elenco de la década pasada. Un equipo guerrero, con buena cantera como Deportivo Lara también es salpicado. Se habla que Mineros de Guayana volvería a estar en venta, de una fusión entre Zulia y Rayo Zuliano, como de deudas en un Portuguesa que no para fichar –Las altas del Penta son para competir por competiciones internacionales.
Uno no entiende si es una huida hacia adelante, o como en el teatro griego habrá un Deus ex machina, que resuelva todo. A falta de información sobre el formato del torneo y su reinicio, no sería de extrañar que todo siga igual. Ha sido tendencia en el balompié criollo, donde constantemente se cruza el Rubicón, sin temor a que la sangre llegue al río. En la última década se vio como Deportivo Anzoátegui decidió abandonar o un Llaneros que fue descendido por FIFA, sin antes invocar al TAS para reclamar la decisión–un absurdo dicho sea de paso.
Como fanático del fútbol venezolano, antes que un trabajador de él, me preocupa el estado de sus equipos. Deseo que Estudiantes y Portuguesa reverdezcan sus laureles, dos elencos que han llegado a 50 años de existencia. En un balompié dominado por lo efímero, es imposible no tenerle respeto y cariño a instituciones capaces de vivir tanto tiempo. Uno anhela un Deportivo Táchira robusto, que al igual que Caracas, sea casi una rareza cuando se hable de deudas. Que el Carrusel Aurinegro, posiblemente el equipo con mayor masa social, tenga noticias deportivas y no de las oficinas. Más cuando ha ingresado grandes montos por participaciones internacionales. Que dos elencos guerreros del Siglo XXI como Deportivo Lara y Zamora sean siempre animadores. Que por fin en Zulia se asiente un equipo y dure muchísimas décadas.
¿Cuál es la solución al problema de las deudas? No tengo ni la menor idea. Hay personas mucho mejor preparadas que yo, que ya trabajan en un fútbol nacional sano económicamente. Pero es un trabajo de tiempo. La preocupación es si todos los clubes sobrevivirán para cuando se llegue a la tierra prometida. El cementerio de la Liga Futve es más grande que el de Arlintong, en los Estados Unidos. Eso duele y desanima. Lo sencillo es echarle la culpa a la Liga Futve Junior y a la Liga Futve Promesas, por su carácter obligatorio, pero el inconveniente es estructural. Hacer las tareas bien en inferiores no puede ser causante de una tragedia. Más en un balompié que tiene que apostar a formar bien y vender mejor.
Esta debe ser la enésima columna sobre deudas y la Liga Futve. Ya no es tema original, casi pasa a ser un tópico para escribir cuando se agota la creatividad. Se ha vuelto parte de la cotidianidad. Eso es peligroso. El futbolista y el entrenador no pueden escapar de esta estructura. Pero, ¿y el personal administrativo? En muchos la pasión menguara y preferirán trabajar en otra industria. Si ya el recurso humano ha recibido un fuerte golpe con la migración, si el futve los espanta será peor. Con hambre el amor no dura.
Por ejemplo, la Liga Futve ha contado con departamentos de prensa disruptivos y mejores que muchos clubes de Sudamérica, para no decir la mayoría. A pesar de las crisis y las rotaciones constantes, la calidad no había menguado tanto. Pero esto puede cambiar. Claro que lo importante es lo que pasa dentro del campo, pero en las oficinas es donde se sientan las bases de un campeonato sólido. Eso no se puede perder de vista. El recurso más importante es el humano. Siempre y más en el futuro.
No será el primer año y, posiblemente, el último en el que los privilegiados que podamos comernos las uvas, por tener más trabajos que un volante de contención, lo hagamos goleados por la incertidumbre. De nada sirve ver al futve con un optimismo tóxico y con lentes que pongan todo color de rosa. La resiliencia es un concepto que se resquebraja en Venezuela. Tampoco son útiles los ataques nucleares desde el exterior del país, donde todo es negro y la negatividad es ponzoñosa. En el punto medio está la virtud, dijo Aristóteles hace varios siglos.
Venezuela aún no se rinde y la Liga Futve tampoco. Pero pronto debe llegar el día que Rocky deje de llevar golpes. No se puede vivir 24/7 levantándose de la lona. No es aspirar a tener un campeón en la Copa Libertadores. Si no, un poco de estabilidad. Que las deudas sean esporádicas y no se asuman con naturalidad. Pasarán varios fines de año antes de eso, pero llegará. Será por la vía que dijo Cheché Vidal: “El fútbol venezolano hay que dejarlo morir, para que renazca como un negocio”, muchos se comen la última parte de esa frase. Esperemos que sea un proceso más tranquilo y no tan drástico.







