La hora de la verdad de Coloccini

 

La faceta autocrítica de Fabricio Coloccini, por fin, se vio tras la caída ante Uruguay. Se vieron los mejores pasajes de la Vinotinto en el Sudamericano sub-20 de Colombia. Pero el estratega argentino, siempre calmado y optimista, no destacó eso. Habló de “no estar a altura” y “no competir”. Aparte de la falta de contundencia. Sin embargo, dejó claro que el objetivo mundialista sigue vivo.

El nivel de Brasil y Uruguay ha sido de campeón. Colombia, apoyado en la localía, puede aspirar por ese último cupo a los Juegos Panamericanos de Santiago. Los dos primeros están matemáticamente en Indonesia y los cafeteros de forma virtual. Queda la lucha por ser “el menos malo del hexagonal”, porque el rendimiento de Venezuela, Paraguay y Ecuador ha dejado que desear. También es cierto que para lamentos, los primeros en la fila deben ser: Argentina, Chile, Bolivia y Perú.

En el horizonte quedan: Ecuador (jueves) y Colombia (domingo). En caso de ganar ambos Venezuela se clasificaría prácticamente al Mundial, siempre y cuando Paraguay no gane sus dos partidos ante Uruguay (jueves) y Ecuador (domingo). Con siete puntos no habría nada que reprocharle a Coloccini, más bien aplaudirle. Incluso pudiese significar birlarle el cupo a Panamericanos a los cafeteros. Pero el fútbol mostrado no da las sensaciones para creer en un rendimiento así.

Desde que se juegan los hexagonales finales en 1997 –la primera vez que Venezuela superó esa primera etapa de forma deportiva. Lo usual es que con siete unidades o incluso con seis te den las cuentas para ingresar al Mundial. Pero las cuentas que le quedan a Venezuela son: siete puntos (gana los dos), cinco unidades (un triunfo y un empate), tres puntos (dos empates), dos unidades (empata y pierde otro), una sola unidad (perder los dos).

En la historia de los hexagonales solo ha habido dos clasificados con cinco puntos: Colombia (2019) y Chile (2001). Mientras con cuatro unidades lo logró Ecuador (2001), pero con una particularidad, el Mundial era en Argentina y la Albiceleste fue segunda, por eso los meridionales al ser quintos se le dio la oportunidad. Estos antecedentes indican un poco el panorama de Venezuela, si no logra hilar dos triunfos seguidos, como ya hizo en el cierre de la fase de grupos.

Clasificar con cuatro unidades sería catalogado de mediocre, pero eso sería un problema más para Conmebol que para la Vinotinto. El mismo escenario para Paraguay. El ente rector del fútbol sudamericano debería mirarse frente al espejo, incluso a falta de dos jornadas del final del torneo continental. En lo personal siempre sostuve que la única forma de tildar de fracaso era no pasar al hexagonal. Que si se podía competir en esa etapa, mucho mejor. También mantengo que no ir al Mundial no va a ser un plomo en el ala, para el ciclo Pekerman.

Muchas miradas van a la figura del entrenador. Su rol de debutante pone a Coloccini en el ojo de mira. La distancia tomada con respecto a los entrenadores criollos han tocado la tecla del chovinismo, más material para atizar a su labor, azuzado por lo pasional. Cabe destacar que en lo personal la persona ideal para el cargo era José María Morr. Con esto aclarado, el ex Newcastle tampoco se ha ayudado mucho. Desde la apuesta por el doble “9” hasta no poner los defensores en su demarcación natural ha pasado factura. La pelota quieta no ha sido una fortaleza y no hay una idea de juego que se sostenga durante los 90 minutos.

Pero tuvo la virtud de corregir, enderezar el rumbo entre los partidos: Ecuador, Chile y Paraguay. Tampoco se le puede exigir que le ganara a Brasil y Uruguay, los dos mejores del torneo, pero capaz de dejar una mejor imagen. Darle más herramientas a sus dirigidos para sacar su mejor potencial. La convocatoria en su momento poco se le criticó, así que atacarlo por ese lado sería oportunista. Otra incógnita es el poco peso que ha tenido Andrés Romero en este elenco, uno de los que llegaba con mejor presente. En contraparte, le encontró un rol útil a Lewuis Peña y Néstor Jiménez, en función del colectivo. Aparte de jugársela por David Martínez con sus 16 años.

Ahora también hay que ponerse la mano en el corazón. Yerson Chacón tiene meses sin ser ese extremo determinante de 2021. Emerson Ruíz no volvió a ser el mismo luego del Maurice Revello. Ni Kevin Kelsy ni José Riasco han logrado imponer su biotipo. Telasco Segovia estaba falto de ritmo de juego y con el pasar de los partidos ha mostrado su mejor rendimiento. Son piezas determinantes, que van más allá de la mano del entrenador. Es lo que hay, como diría Ronald Koeman en Barcelona.

Luego hay casos como Brayan Alcócer que se ha impuesto a la adversidad, para mantener el barco a flote. ¿Con penales? Sí, pero hay que verle la cara a ejecutar cuatro y embocarlos todos. Aparte de Frankarlos Benítez, que se ha consagrado como portero y ha demostrado que no siempre el que está fuera del futve merece estar por encima del local. Eso se define en el campo. ¿Una grata noticia? Carlos Rojas como central de perfil zurdo, de esos que no sobran en la absoluta.

Llegó la hora de la verdad de Coloccini ya sea con cuatro puntos, cinco o siete; pero toca ver si logra clasificar al Mundial. Si se hace con bajo puntaje, primero que se revise Conmebol y sus formatos, luego lo haremos por acá. Pero para cumplir tiene que ganarle a Ecuador. Ese mismo rival con el que se reinventó en la fase de grupos. Darle la vuelta a la situación de una selección, que a pesar de los varapalos la actitud no ha caído en la UCI.

Muchos ligan el fracaso y babean con Venezuela fuera de todo. Otros embelesados por el pasado de los argentinos fantasean con decir: “Final del Maurice Revello y Mundial sub-20, ¿Qué más vamos a pedir”. En medio de esa pugna de filias y fobias, hay un grupo de muchachos. No será una camada de tocados por la varita como la de 2005 o 2017. Pero tampoco una abandonada, ya que tuvieron 19 módulos y cinco partidos amistosos contra otras selecciones: Uruguay, Perú, Paraguay y Bolivia (x2). ¿La pandemia? Afectó a todos, no es excusa. ¿La norma del juvenil? Para discutir en otra columna.

Por Venezuela y porque tengo respeto a lo que ha transmitido Coloccini como persona, espero escribir la próxima semana: “El camino a Indonesia”, antes que un desabrido “Balance del Sudamericano sub-20”. Las sensaciones son que tendré que escribir más lo segundo que lo primero. El gol está extraviado, porque Venezuela no ha tenido diferentes mapas para encontrarlo. Si el arco se abre ante Ecuador y Uruguay hace lo propio contra Paraguay, el domingo puede ser un bonito día. Para acostarse escuchando “It Was a Good Day” de Ice Cube. Aunque pase lo que pase, no hay motivos para terminar el torneo llorando un río, porque la etiqueta fracaso no cabe.