¿Qué destacar del Sudamericano sub-20 de la Vinotinto?

 

No es la columna que se quería escribir. Llegó la hora de la verdad y Fabricio Coloccini falló. Pero tampoco se puede hablar de fracaso. En la historia de los hexagonales, Venezuela había clasificado a: 1997, 2005, 2009, 2017 y 2019. Antes pasar a una segunda ronda era un anhelo. Sin embargo, el paladar del futbolero criollo se acostumbró a tener alegrías en las categorías sub-20. Ante las constantes desilusiones en la absoluta, esta categoría era un refugio para cerrar el puño y levantar la frente. ¿El estandarte? La final de la Copa del Mundo, algo que ante nuestras limitaciones solo parecía posible en una simulación de PES.

No sería justo señalar la convocatoria de Coloccini, porque previo al torneo había consenso que los citados eran los adecuados. Luego como en cualquier torneo, cuando el fútbol y/o los resultados no acompañan, todos los de afuera parecen Maradona en el 86’. Los errores no van por ahí, que son fallos notorios. El que más desató las alarmas fue el aspecto físico. La pastilla de la altura no la tomo, porque era igual para el resto de rivales. Todos iniciaron en Cali y luego fueron a Bogotá. Tampoco era un secreto que se iba a jugar en esas condiciones. Cuando la Vinotinto acortó las brechas técnico-tácticas con sus rivales fue cuando su fondo físico los llevó más lejos de lo que sus limitaciones formativas establecían.

En criollito, se corrió con la intensidad necesaria para sacar ventajas. Aunque suene un poco simplista, en esencia fue eso con más complejidad. Porque por correr más rápido, sino Usain Bolt fuese el “7” del Manchester United. Ni correr a lo loco. Pero si te fundes, ni una mentalidad de hierro va a evitar que te arropen como el partido ante Ecuador, en el hexagonal. No es raro que una situación límite se opte a lo conservador más que lo arriesgado, así ha sido la cabeza del proyecto en escenarios similares. A José Néstor Pekerman se le criticó el cambio de Julio Cruz y dejar a un Lionel Messi, saliendo de lesión, en el banquillo contra Alemania en 2006. Pero el pecado fue sacar a Juan Román Riquelme y darle ingreso a Esteban Cambiasso. Ante Inglaterra, en 2018, se fue con un trivote con: Wilmar Barrios, Carlos Sánchez y Jefferson Lerma. Como venezolanos tenemos que acostumbrarnos a ese instinto de conservación, el “Día D” a la “Hora H”.

Errores en las alineaciones. Esa primera línea de cuatro con Santiago Gómez como lateral derecho y Renne Rivas de central, nunca funcionó. Tampoco la apuesta por el doble “9” con Kevin Kelsy y José Riasco. Apuestas que le salieron muy mal a Coloccini. Tuvo el mérito de saber rectificar y en un grupo sin: Argentina, Brasil y el local, llegó al hexagonal. Pero sin más ideas que los centros de costado y las transiciones rápidas no había caminos al arco rival. Un Brayan Alcocer modo “CR7”, una nivel eficacia inusitado en la Vinotinto, más un paupérrimo rendimiento de los rivales –las generaciones afectadas por la pandemia- hizo que la clasificación al Mundial estuviese barata. Nunca en hexagonales, el cuarto clasificado había terminado con cuatro unidades. En 2001, Ecuador quedó quinto con cuatro puntos y fue al Mundial, porque la cita era en Argentina y la Albiceleste quedó segunda, por lo que se corrió un boleto más. Mango bajito para ir a Indonesia.

¿La autocrítica? Brilla por su ausencia. Como estrategia comunicacional de la FVF se entiende, para no echar más leña al fuego. En el caso del cuerpo técnico que mucha veces declara con el cassette y vibras aún de jugador, también se entiende que los trapos sucios se lavan en casa. Solo ante Uruguay hubo unas declaraciones post partido acorde al rendimiento del equipo y sus posibilidades. Era imposible comenzar sin resaltar errores a simple vista, que tienen al aficionado masticando el guayabo de la Serie del Caribe con la no clasificación al Mundial de Indonesia.

El reto está en ver qué se puede rescatar de este Sudamericano sub-20. Primero, lo obvio, se mantiene la racha de pasar al hexagonal. En un nivel bajito de fútbol en el vecindario Conmebol, sacando a Uruguay y Brasil. Pero se logró y sirvió para darle cinco partidos más a este grupo de muchachos, que tampoco considero una camada tan talentosa como la de 2017 o 2005, pero sí cercana a las de 2009, 2013 o 2019.

Luego está lo intangible de los 19 módulos y todos estos días en Colombia, aparte de los Juegos Odesur y la gira por Bolivia. Los valores como personas, antes que jugadores. Una manera de afrontar la vida fuera de la cancha que le puede facilitar la adaptación al concierto europeo. Aparte de trabajar con la metodología Pekerman, que si no pasa nada raro, debe ser el esquema de trabajo hasta, por lo menos, 2026. Cabe destacar que más que ganar Mundiales sub-20, el verdadero éxito es que estos muchachos caigan de pie en la absoluta.

En el arco se ganó un portero. Se sabía de la calidad de Samuel Rodríguez, tras el Maurice Revello. Mientras que Frankarlos Benítez estaba súper contratado a nivel clubes, pero no en selección. En Colombia se consagró el portero avileño. Entra en esa carrera por ser uno de los escuderos de Wuilker Faríñez en la absoluta y por edad tomar su testigo dentro de una década aproximadamente, capaz antes o un poco después.

La defensa era la línea que menos expectativas despertaba. Ante la falta de soluciones desde la pizarra y rendimientos individuales muy por debajo de los esperado, la Vinotinto de los mediocampista mutó a una de una defensa sólida. De esta línea alza la mano Carlos Rojas. Venezuela no tiene problema de centrales en cantidad de efectivos, pero tampoco es su línea más fuerte si Yordan Osorio y Nahuel Ferraresi no están plenos. ¿Centrales zurdos? Mikel Villanueva – fuera del radar– y Christian Makoun, que aún no se consolida en la MLS. Ahí la figura del defensor del Deportivo La Guaira toma más fuerza, aparte de su polivalencia cortesía de Daniel Farías. Ambos bien escogidos por Frank Tamanco Piedrahita para el sub-15 de 2019, luego de recorrer todo el país.

Telasco Segovia. Sí, no hay que agregar más. El chamo es diferente y se sabía. Cuando tomó ritmo de juego fue el mejor. Un volante muy plástico en sus movimientos, lo que hace que su fútbol sea estético. Regala acciones bonitas al espectador. Lo que combina con intensidad para recuperar. No todo es arte, porque tiene sangre de espartano. En el Maurice Revello lo demostró al gran público y en la última etapa en Cali, como en Bogotá, lo demostró.

Mención especial para Bryant Ortega. Este pana es un enganche. ¿Usted lo vio ahí? Rindió más que queso rallado, porque hasta de lateral. En función del colectivo, compensó varias posiciones en detrimento de no sumar las grandes estadísticas ( goles+asistencias). Si Venezuela pudo soñar hasta el final, hay que agradecerle a un jugador que guardó la paleta de colores y se puso el overol. Leo González estará muy feliz de tenerlo de vuelta en el Caracas FC. Bonito mediocampo con Leo Flores, Anderson Contreras y Vicente Rodríguez.

Es “9” pero también se puso la cachucha de obrero. Lewuis Peña tuvo un torneo, como dirían por su tierra, ¡Mollejúo, primo! Desde la banda ayudó a hacer ancho al equipo, pero constantemente repitió esfuerzos para evitar la superioridad numérica. Bregó, más que lo que atacó. Pero era la necesidad del equipo para poder hacer un fútbol más cercano a un resultado positivo. Cuando pudo vivir en el área, mostró maneras interesantes. Otro que se va a divertir en el Futve al mando de Elvis Martínez. Con los Ramírez (Heiderber “Coquito” y Saimon) va a tener buenos socios en Rayo Zuliano.

Pero el entrenador más feliz de todos será Tony Franco. Muchas piezas de su equipo estaban en el torneo. El que más brilló fue Brayan Alcócer, en un ataque que era una entelequia. Entre acciones más propias de un garabato que fruto de un buen funcionamiento colectivo, el goleador histórico de Mineros de Guayana hizo de tripas corazón. Cinco de los seis goles de Venezuela. Cuatro de penal, de los cuales tres fueron falta sobre él. La única diana en jugada fue un cabezazo, en el que se zambulló entre los centrales de Ecuador. Aislado de todos, pudo darle más oxígeno al equipo que Kelsy y Riasco. Tiene el gol en la sangre y ahora su tarea será llevar a Mineros a posiciones más cómodas, para que el Last Dance de Richard Blanco, seguramente su ídolo y un padre futbolístico, sea más placentero.

PD: En Sudamericanos sub-20 he visto actuaciones negras, rozando lo nefasto de Rodrygo Goes, hoy figura en Real Madrid, o de Lucas Paquetá, juega en la Premier League con West Ham. Ambos habituales con la selección absoluta de Brasil. No hay que ser DT o scout para saber que no fue el torneo de Kelsy. Muy poco que rescatarle. Pero este torneo no marcará su carrera. Shakhtar Donetsk no va a regalar su dinero. Vio el potencial que se le observó en Mineros. ¿Está verde? Claro, pero el negocio de los ucranianos es pulirlo y luego hacer caja, no comprar un jugador hecho, sino por hacer. Ojalá en un lustro Kelsy marque goles con la absoluta y su actuación en Colombia quede como una de las tantas anécdotas de un deporte que es dinámica de lo impensado.