Jesús «Pulga» Gómez y Richard «Avioncito» Blanco: Last Dance con overol en el cierre del FutVe

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.-  Venezuela es un país que se olvida de sus figuras de experiencia. Solo basta ver cómo se trata a los pensionados en esta nación, muy bien reflejado por Prodavinci que titula: “La promesa rota: el colapso de la seguridad social en Venezuela”. Y mire estimado lector, que los jóvenes tampoco es que son muy bien apreciados, como se habla en este capítulo de “A Medias Podcast”, con la gente del Observatorio de Juventudes. Quedará para otro debate y otro texto si al final la tierra de Bolívar trata bien a algún grupo más allá de sus élites. El tema de este articulo va sobre los guerreros de mil batallas en un fútbol cada vez más salserín –término que le tomo prestado al pana Alfredo Coronis.

 

La campaña 2023 de la Liga FUTVE representa el Last Dance de dos grandes figuras del Siglo XXI de nuestro balompié: Jesús Gómez (6-8-1984), en el Estudiantes de Mérida de sus amores, y Richard Blanco (21-01-1982), en Mineros de Guayana donde se erigió como un ídolo. Los juveniles de ambos equipos, cuando eran niños les pedían autógrafos e intentaban imitar sus gestos técnicos en las caimaneras de la calle. Como dijo Marcelo Bielsa en su presentación con Uruguay: “Soy muy respetuoso de los ídolos, porque son patrimonio de la gente. El ídolo es un metal precioso para los más pobres”.

 

La “Pulga” y el “Avioncito” siempre juegan de frac, galera y bastón, cuando las lesiones se lo permiten. Para el merideño son 10 partidos (638 minutos), 2 goles y 3 tarjetas amarillas en la Liga FUTVE, mientras que en CONMEBOL Sudamericana registra: 5 encuentros (330 minutos) y 2 amarillas. En el caso del delantero, acumula 11 choques (933 minutos), 6 goles y 3 amonestaciones. Pero hay un intangible que ni la estadística avanzada de Stats Perform –una bendición para los que cubrimos el campeonato estos datos– puede medir: la jerarquía de ambos en el campo de juego. Sus equipos no los extrañan, sino que entran en depresión y saudade cuando se ausentan por lesión.

 

Lamentablemente la realidad no se parece a una película de Disney con alegría y colores, más allá de un momento de crisis. Pero la realidad de ambos elencos es más de cine bolchevique, al mejor estilo del “El acorazado Potemkin”. Tanto Estudiantes de Mérida como Mineros de Guayana eran incógnitas antes de iniciar el campeonato. No tuvieron como tal una pretemporada. Las dificultades han sido su pan de cada día. El escenario de un final feliz con uno de los dos bordando una estrella en sus escudos, no se lo cree ni Mickey Mouse.

 

Los tiempos exigen que estos héroes se llenen de barro. Que más que un saco y corbata, se pongan el overol. Los fanáticos sabrán reconocer el esfuerzo, que ya vienen haciendo. Para los libros capaz quede como una campaña gris, pero ni Guido Orefice se puede inventar un escenario positivo. Este año la Liga FUTVE para ellos es más una casa del terror que un parque de diversiones. Mineros es colista con solo ocho unidades, mientras que Estudiantes de Mérida tiene 17 puntos. Un descuido del académico lo puede poner a sudar frio. Por historia ambos deberían luchar por G4, mínimo G8, pero el presente dicta otras obligaciones.

 

No tienen la culpa de gestiones desastrosas, que han jugado con la pasión de la feligresía académica y de la Pandilla del Sur. Se criaron en los albores del “Boom Vinotinto” y les tocó retirarse en época de vacas flacas. Al mejor estilo de un profesor universitario que creció en democracia y se jubiló en revolución. Nadie escoge los tiempos que le toca vivir, solo queda eso: vivirlos. Por eso la memoria no puede ser mezquina con Blanco y Gómez.

 

Nos encandilamos con el brillo de los trofeos y nos enamoramos de las estrellas en los escudos. Sin embargo, al balompié criollo no le sobran ídolos y estos lo son con letras en mayúsculas. Hay que aprender a apreciar los triunfos mundanos, los de la clase obrera, eso de mantener la categoría luego de una fuerte turbulencia. Este es su último año y se les va a extrañar, independientemente del club que simpatices. Ellos seguirán estos últimos 14 partidos como los gladiadores diciendo: “Ave, Caesar, morituri te salutant”. Mientras que los futboleros cruzamos los dedos y murmuramos: “Por favor, quédense un añito más”.