Un proceso que languidece y desafía

 

La jornada del martes 17 de noviembre puede ser considerada como una de las peores que haya podido vivir la selección nacional en los últimos años. Más allá de la cuarta derrota consecutiva en las eliminatorias por parte de la Vinotinto, el colofón de la caída ante Ecuador 3-1 en Puerto Ordaz, fue cuando menos bochornoso y ridícula.

El nuevo descalabro destapó definitivamente la crisis que se vive dentro del equipo, con una ruptura evidente entre cuerpo técnico y plantel. Las palabras desafortunadas de Sanvicente tras el partido, quien en tono desafiante afirmó que no renunciaba y con el mismo dejo, señaló directamente a los futbolistas como los culpables de lo que estaba aconteciendo. Un mensaje claro que no estaba dispuesto a complacer a sus dirigidos de irse de inmediato. Una intervención irrespetuosa al no permitir preguntas de la prensa. Lo de siempre. Se acude a ella cuando la necesita de acuerdo a su urgencia, pero cuando es su obligación dar la cara, la evade.

 

Y si de cara se trata, ésta era todo un hervidero en el primer y segundo gol de los visitantes. Denotaba la impotencia de un seleccionador que no se siente querido ni apoyado. No lo está desde hace tiempo. Los mismos errores de los anteriores encuentros se repitieron en la nueva debacle. Desconcentraciones, desatenciones, errores infantiles, parecen frases de una jerga de otros tiempos vinotinto, que han recobrado fuerzas en el presente.

 

Una selección que perdió el norte, que deambula por la cancha sin mayor compromiso y sí con mucha desmotivación. Salvo pocas excepciones como el sempiterno corazón de Tomás Rincón, la irreverencia de Rómulo Otero, la perseverancia de Christian Santos o la entrega de José Manuel Velázquez, lo demás fue de nuevo objetos para el olvido. Un gol con una celebración inapropiada y dirigida con arrogancia hacia alguien.

 

Para completar, una organización nefasta que intentó callar con música los gritos del público, ya desconectado del pobre partido, y que quiso expresar su sentimiento político. Total, poco importa la normativa de la FIFA que prohíbe colocar música en medio de un partido. Poco importa la multa que podría venir del máximo organismo del fútbol.

 

Y fútbol poco hubo, o mejor dicho sí, pero del lado ecuatoriano, una selección que lleva viento en la camiseta y que se encamina de inmediato a un nuevo Mundial.

 

Esta novela Vinotinto apenas empieza. Es un barco a la deriva que se va hundiendo por capítulos y hace aguas por todos lados. El lunes se definirá una crisis que ya es irreconciliable. Un proceso ya truncado de su sueño en apenas cuatro jornadas. Un divorcio donde nadie gana y todo el fútbol pierde.