CARTA ABIERTA A DUDAMEL
Creo haberte visto por primera vez cuando tenías escasos 13 años. Debió ser escuchando las órdenes del profe Gilberto Amaya o el Mono Rivas, allá por la Mérida bucólica de principios de los 80. Después, te vi crecer y hacerte un espacio en las selecciones infantiles y juveniles de Venezuela, cuando el vinotinto era un color triste. Estuve ligado como coordinador a varios de aquellos mundialitos del doctor Vargas en el Olímpico y los viajes por toda Venezuela, Perú y Ecuador y no sé hasta dónde más…
Desde entonces, vi erigirse tu figura, no sólo por estatura, sino por carácter, a veces incontrolado y hasta furibundo, de quien quiere abrirse paso sin pedirle pautas a la vida. Siempre retador y dispuesto, con la suerte de haber pasado por las enseñanzas de maestros rigurosos desde tu origen. Además, con gente que conocía de tu oficio, el paragua Jiménez, el brasileño Temístocles Buarque, Ratomir y pare de contar.
Tú, Dudamel, seguiste la línea del protagonismo que siempre tuvieron los porteros venezolanos de los 70 a los 80, que en medio de los extravíos en la cancha, eran capaces de salir figura del partido. Por eso, cuando te atreviste a patear tiros libres en la selección y penales hasta en una final de Copa Libertadores, no me extrañé de tus ocurrencias. Eras tú, el Chilavert nuestro, el Rogerio Ceni, el que se ganó un status en su país y que traspasó la frontera con la misma actitud para acallar a los escépticos y en especial a los siempre dubitativos colombianos de la capacidad del futbolista venezolano. Genio y figura en la vecindad, fuiste parte de aquel desfile de las rosas, que comandado por Richard Páez nos sacó del marasmo y la humillación.
Camerino te sobra para moldear tu carrera como entrenador. Nadie te puede rebatir ese back ground, tus galones, para asumir la enorme responsabilidad de conducir la Vinotinto. “Que es más de lo mismo, que lo van a quemar, que es el único consuelo porque no hay real…”. ¡Por favor!. He escuchado de parte de los agoreros, practicantes del deporte más popular del país: hablar mal de los demás. Descalificar a alguien que alcanzó una clasificación a un Mundial y buscarle las cinco patas al gato. A alguien que, estoy convencido, no utilizó lobby alguno para llegar al cargo más soñado por un entrenador. Comienzo por invitarte a comprar una de las pocas frases geniales de Chita en medio de su tragedia: “Hay que cambiar para ir a un Mundial y no ir a un Mundial para cambiar”. De mayores, por supuesto.
Enfrentas el reto de tu vida. Un momento especialmente álgido por las luchas intestinas, el pandemónium que se ha generado con la ausencia del comandante Esquivel, caído en desgracia. Te entregan este pesado fardo de echarte al hombro a una selección tan truculenta como el otro país que sufrimos. Unos jugadores que apuntaron con su caligrafía a resolver los entuertos y se olvidaron de escribirle cartas inspiradas a su verdadero amor: el balón. Te toca revertir tantas cosas y seguro no te pondrás límites para lograr el objetivo.
Ahora sí, Rafa, te envío, de pana, y sin intentar arrogarme el carácter de incondicional, mi decálogo de buenas intenciones para que no les des argumentos o razones a quienes se ponen la Vinotinto, pero juegan a la quiniela con la X de perdedor a Venezuela.
1.-Entiende y has comprender al país que la selección es de TODOS y que no puede ser una parcela exclusiva de técnicos, jugadores, directivos, periodistas ni de amigos con derecho, por lo que tendrás que derribar los muros que se han erigido en torno a la Vinotinto.
2.- Que nadie hace falta si no quiere estar comprometido con tu proyecto, en esta hora que se impone una renovación, que no es barrer con todo sino contar con quienes están en capacidad mental, física y técnica de responder a tus exigencias y planteamientos.
3.- Que hay que establecer las normas de convivencia y respeto a tu espacio y el de los jugadores y comprender también el espacio de todos los que desde afuera se mueven en torno a la Vinotinto con intenciones de sumar, antes que de conspirar contra tu trabajo.
4.- No descartes nada de lo que viviste y viste como jugador y técnico, haciendo un compendio de las maneras de Páez y Farías, y en la búsqueda del ADN del futbolista criollo, consigue darle una identidad a la selección.
5.- Que la selección no es un experimento para inventar cosas sino para sacar provecho y explotar las mejores virtudes de cada jugador convocado.
6.- Trata de no caer en la tentación de presentarte como un futurible federativo ni político, convirtiéndote en una amenaza para el ejército de candidatos que pulula en el ambiente.
7.- Aprovecha tu imagen y tu personalidad para abrir caminos desde tu posición de manejador de una selección que necesita recobrar el alma de épocas recientes, sacudiendo la conciencia de quienes toman las grandes decisiones en el país.
8.- Trabaja mancomunadamente con tus colegas técnicos nacionales para apuntalar una relación ganar-ganar y hacer seguimiento a las fichas que estarán en tu órbita.
9.- Clama por los futbolistas venezolanos expuestos a condiciones riesgosas para su salud y su carrera jugando en canchas infames y estadios ruinosos.
10.- Sólo pídele a Dios sabiduría, paciencia, tacto y fe, antes que victorias, que sólo serán una consecuencia del buen quehacer en todas las instancias del fútbol nacional.
Suerte, Rafa.







