Deyna Castellanos: La nueva 10 de Tigres

México es el nuevo destino de Deyna Castellanos, una jugadora que cambia de rumbo por una simple razón: jugar más al fútbol. Lejos de cualquier editorial conspiranoica con fábulas del mercado de fichajes y análisis futbolísticos de redes sociales (cargados de todo menos de fútbol), la llegada de Deyna a Tigres de la Liga MX responde, en principio, a la necesidad de minutos en el campo de juego.
27 años y un repechaje mundialista con Venezuela a la vuelta de la esquina parecen ser, en los pies de Deyna Castellanos, una razón suficiente para cambiar de aires y buscar sumar minutos. Esta necesidad de minutos en la cancha se ha convertido, en la carrera de Deyna, en lo que Kant definió como juicio sintético a priori, es decir: no depende de su experiencia o sentidos, es un conocimiento (en este caso son minutos) universal y necesario.
En ese mismo sentido, siguiendo la analogía del filósofo alemán (Kant), el talento de Deyna Castellanos se convierte en un juicio a posteriori. Un talento que se origina y depende de la experiencia particular, que en este caso se alimenta de los minutos en cancha.
Para los no habituales del fútbol femenino, este traspaso y el de cualquier jugadora puede significar un retroceso, pero basta con mirar que Deyna llega a Tigres tras la salida de Jenni Hermoso, la española campeona del mundo que se marchó a un Atlético de Madrid donde Castellanos fue figura.
¿Por qué Tigres?
Deyna Castellanos llega a una liga que va de bien a mejor y se convierte en la quinta venezolana que forma parte de la competición. Esto sin hacer mención del paso de jugadoras como Paola Villamizar y Bárbara Olivieri en esta liga.
Este es el contexto más favorable para la regularidad de una Deyna Castellanos que busca su mejor versión de cara a la cita por un puesto en la Copa del Mundo Femenina 2027, porque pese a la calidad que ha mostrado durante las eliminatorias vistiendo la casaca Vinotinto, Deyna sabe que puede ofrecer mucho más.

Tigres, más allá de la salida de Hermoso, necesita refuerzos de la talla de su institución, jugadoras de talento internacional con rodaje en ligas competitivas, con la urgencia de mostrar su fútbol y nutrir un ecosistema táctico que no deslumbra, pero las mantiene invictas.
Es importante resaltar que «la nueva 10 de Tigres» llega a un club que la necesita tanto como ella necesita al club; pero no llega en condiciones mesiánicas, llega a un club cargado de títulos y que ha estado marcado por figuras como Lizbeth Ovalle. Deyna Castellanos ficha por Tigres para sumarse a una historia, no para reemplazarla, sino más bien para encontrar en ella los elementos necesarios que le permitan optimizar su buen nivel.
La reina tiene quien le escriba
Lamentablemente, Deyna Castellanos se ha convertido, en manos de los inescrupulosos del fútbol que, anticipados al carnaval, se disfrazan con avatares en redes sociales, en una jugadora que solo se conjuga en presente y pasado. En pasado, cuando una declaración sacada de contexto pretende eclipsar el talento o cuando, sin entender un cambio de equipo, se devalúa su carrera. En presente, cuando con un gol mete a todo un país en su primer repechaje mundialista.
Sin embargo, en el colofón de esta nota—que pretende explicar de manera simple la naturaleza de este fichaje, me permito manifestar lo siguiente:
Con el 9 en la espalda durante años, en diferentes categorías, en contextos poco favorables, en una época de abusos, lejos de tener una estructura que arrope no solo su fútbol sino a sus compañeras, Deyna Castellanos nos ha regalado alegrías futboleras a lo largo del tiempo.
Perdónanos, Deyna, porque junto a la falta de minutos a nivel de clubes hemos sido injustos con tu fútbol y gracias porque Venezuela sigue siendo la prioridad. Esta llegada a México sirve para alimentar el talento con minutos y poder llegar de la mejor manera posible al repechaje que puede meter a todo un país en su primera copa del mundo a nivel de selecciones absolutas.







