Área de Peligro

 

1areadepeligro 110pxLa tragedia del Viejo Villa…

Mientras todos corrían él jugaba y los hacía jugar. Tenía esa virtud de prestidigitador en la cancha, de fabricarse espacios, meter la pelota por los callejones y dejar bien perfilado a su compañero o en un mano a mano con el portero. Daba la sensación de no correr pero todas las pelotas pasaban por sus pies y las distribuía a cualquier domicilio del rectángulo con la sapiencia del pase preciso, milimétrico. Entonces devolvía balones y no ladrillos.

Todo eso no dejó de hacerlo hasta después de su retiro. Portuguesa de Acarigua, cuando de verdad podía llenarse la boca con sus cinco estrellas; Minervén, Industriales de Caroní y unos cuantos equipos más, lo disfrutaron en su lucidez, ejerciendo esas artes adivinatorias. Haciendo de batuta, liderizando con su sencillez de maestro de pre escolar, este argentino humilde, modesto.

 

 

Fue Villa y después fue el viejo Villa, cuando se jugaba todas las caimaneras posibles en Puerto Ordaz y seguía metiéndola por el callejón imposible. Y después venían las cervecitas y los asados. Las reminiscencias de aquellos buenos y viejos tiempos, cuando ponía a valer hasta a los troncos, a los que le pegaban con la punta.

 

Hoy se le perdieron los archivos del disco duro de su mente. Enfrenta, sin éxito, al marcador más implacable y aguerrido. Un alemán terrible, mejor que Berti Vogts, Uli Stielike y Philipp Lahm juntos, en eso de no dar tregua y no dejarte respirar. Un tal (*) Alzheimer, el volante de marca más arrecho que haya existido y no le han jugado partido de despedida. Ese que lo borró de la cancha y lo está borrando de la vida.

 

Se acabó el partido para Oscar Villarruel, se le extravió el juguete que disfrutaba como nadie. Hoy yace extraviado en su silencio y su vacío. En su nada, intentado dar con su paradero y sus nostalgias.

 

Así están las cosas para Villa, sometido a esta tragedia que es la de muchos futbolistas y deportistas que llegan al retiro sin más soportes que sus cuentos de cuando eran y ahora no son. Sin protección del árbitro de la partida, sólo con el conteo regresivo de la existencia.

 

 

Es la historia de otros también que sin ser futbolistas, fueron serviciales, importantísimos a la hora de la verdad, y que jugaron más que ninguno. Por ahí también está abandonado a su suerte, en una cama, el gran Cheché Astudillo, golpeado por un ACV, el utilero, enfermero, kinesiólogo, animador, jodedor, recoge pelotas de media humanidad en Guayana.

 

Es un llamado para todos los que podamos sumarnos a una causa que mañana puede ser por nosotros. Dios nos proteja.

 

En el Centro Portugués Venezolano de Guayana, presidido por el amigo Víctor Vieira, y con gente solidaria –como todos los amigos lusos- del talante y la bonhomía de Luis Pires y Pedrito Barros, van a organizar algo para ayudar a Villarruel. Y me estoy sumando sin más interés que el de promover esta iniciativa y colaborar en todo lo que pueda.

 

Si el fútbol después del fútbol no sirve sino para tomarse diez cajas de cervezas, montar brasas para unos choripanes y hablar paja, que se vayan todos los futbolistas a la mierda.

 

(*) Enfermedad mental progresiva que se caracteriza por una degeneración de las células nerviosas del cerebro y una disminución de la masa cerebral; las manifestaciones básicas son la pérdida de memoria, la desorientación temporal y espacial y el deterioro intelectual y personal.