GOOD BYE REDWINE…BIENVENIDA VINOTINTO
Llegamos a USA con la cabeza gacha, hablando en voz baja y tratando de usted a los rivales. Unos pocos días después nos tuvimos que regresar con la frente erguida, el pecho henchido, vociferando eufóricos y tuteando a Campeones de Concacaf, Sub Campeones Mundiales y de América… todos mundialistas de recorrido histórico con Copas del Mundo en sus mochilas. ¿Qué pasó en esos pocos días para sufrir tal metamorfosis? ¿Dónde radicó el gran cambio de nuestra Selección?
Habría que empezar reconociendo que Sanvicente no estaba tan errado en la escogencia de los nombres pues la gran mayoría de la expedición a USA venía del proceso anterior. El mismo que mantenía una relación directa a la era Farías y con ademanes significativos del proceso Páez al cual Dudamel perteneció y del que extrajo ADN para volver a sus raíces. Primera conclusión: Ya todo estaba inventado y trabajado. Solo bastaba poner las piezas en su lugar y recuperar la memoria.
Pareciera que suena fácil, mas no lo fue. Ahí radica la primera gran virtud del actual cancerbero DT. Tuvo la inmensa capacidad de reconocer y detectar el problema para atacarlo directamente y erradicarlo. Era cuestión de feeling, como dice la canción. Cambiar el tono del discurso, rebajar las cargas de trabajo, permitir a los familiares cerca, algún día libre de por medio y reconocer el status de figuras de élite a un grupo mas valorado en el extranjero que en nuestro propio país. Así se dieron los primeros pasos para recuperar la química perdida.
Mucho antes de que rodase el balón en la patria de Washington, me atreví a pronosticar que el mozalbete Adalberto Peñaranda iba a ser la gran revelación de esta Copa. ¿Estoy chapeando? Pues si. Como me considero un terrible pronosticador muy pocas veces incurro en asumir tal rol y cuando lo hago y acierto, no me queda otra alternativa; sobretodo cuando el país entero apostaba por Otero y Añor para ese puesto. Mi intuición me obligó a adivinar cuál sería la gran apuesta personal de Dudamel, su as bajo la manga para imprimirle sello propio a este proceso y empezar a diferenciarse de Chita y César. Todos los caminos conducían al merideño que despunta en Granada y su talento, irreverencia y convicción le dieron la razón al DT.
No voy a entrar en análisis tácticos para impresionarlos con tres o cuatro frases aprendidas en el día a día futbolero. Tampoco caeré en lugares comunes de polémica como el penalti de Luisma. Menos que menos me dejaré llevar por la euforia nacionalista que nos embarga. Me limitaré a ser pragmático y puntual en lo posible.
Lo mejor de esta Copa fueron los resultados, los cuales estuvieron muy por encima del funcionamiento colectivo. Los puntos altos (Guerra, Salo, Wilker, Peñaranda) fueron siempre enmarcados en acciones individuales que ratificaron el excelente momento de algunos jugadores, pero los automatismos y ejecuciones colectivas están en veremos, eso sí, bien enrumbadas si se siguen trabajando con el tiempo.
El espíritu de competencia, la actitud y energía positiva se recuperaron. Supliendo, en gran parte, las falencias del accionar colectivo. Se sanaron muchas heridas que Dudamel recibió abiertas y sangrando. Tomás Rincón, en su momento el primer rebelde, asumió su jerarquía de capitán, y con su actitud fue fundamental para recuperar la fe perdida. Tan acertado, como la inclusión de Marcos Mathías. Motivador y trabajador de los movimientos defensivos y la táctica fija que tanto réditos le dio al proceso Farías.
Sigue pendiente el tema del lateral izquierdo y volante cinco. Ni Rolf ni Figuera garantizan prestaciones de alta competencia. Fueron, si, un monumento a la entrega . Aguerridos y guapos. Pero con alta deficiencia en el manejo del balón por parte del lateral y una enorme disposición a las entradas aparatosas y las tarjetas por el volante cumanés. Solucionaron un problema evidente para encarar este torneo, pero siguen abiertas las puertas para que alguien se adueñe de esos cargos.
En definitiva el equipo gustó. Cumplió mucho mas allá de lo imaginado y nos dejó momentos puntuales de grata recordación como el disparo desde media cancha de Guerra al travesaño para el gol de rebote, las paradas de Dany en los primeros tres partidos para el arco en cero, la tijereta de Sema ante México, pero sobretodo, esos diez minutos de vendaval sobre el arco argentino con Romero multiplicándose para hacerse héroe y figura, tumbándole los postes, anotando y generando el fatídico penalti. La cara del Tata y compañía no tienen precio. Gracias muchachos. Creo que vamos por el camino correcto.







