Que pena con la conserge…

 

 

Hace algunos años, décadas para ser más específico, cuando Estudiantes de Mérida estaba a punto de campeonar ante Italchacao, me pareció curioso y criticable que llevaron un camión de bomberos al estadio como para que la celebración fuera más apoteósica. Al final, el camión y la sirena se quedaron apagados, porque la fiesta nos la aguó el equipo dirigido por el chileno Cavallieri en el Soto Rosa.

 

No fue fácil digerir que en ese mismo mes quedáramos fuera tanto de la Copa Libertadores, que estábamos disputando, como de una nueva clasificación a ese torneo y posible título. Fue un triste trago luego de tanta algarabía, pero pasó.

 

Esta semana, cuando la primera fase de Libertadores la teníamos a nuestra disposición, fui yo, quien metafóricamente alquilé el camión de bomberos. No debo negarlo. La campaña de Estudiantes de Mérida me llevó a pensar que la última jornada era solo de trámite. Que teníamos simplemente que pararnos en la cancha y esperar que “La Pulga” Gómez, “Chiki” Meza o cualquiera de nuestra piezas hiciera el gol y esperar el pitazo final para volver al torneo internacional.

 

Me levanté,  me puse la camisa del equipo, vi por un rato el clásico español de fútbol, y mi mañana transcurrió entre dormir esporádicamente y despertarme con los gritos de los goles barcelonistas. Mi mente estaba en Caracas, en el encuentro que debía disputar Estudiantes de Mériida ante un equipo que peleaba por no morir, el homónimo Estudiantes de Caracas, un equipo lleno de jóvenes y algunos jugadores que la suerte no ha estado de su lado (hasta se dìa) y han calado en un equipo con aspiraciones netamente de mantenerse. Pero equipo al fin.

 

Salgo de almorzar un poco tarde y bajo a la radio a seguir la transmisión del juego. Al salir la conserje me saluda y me mira la franela del equipo como preguntándose.

 

–          ¿Acaso no tiene otra?

–           ¿Acaso no le han dicho que el agua se coloca racionada pero suficiente para que lave otras y deje de usar la misma como en los últimos 3 días?

 

Y es que esa fue mi meta, usar la camiseta del equipo para contagiar a una ciudad y un equipo que no se lo cree, que no pensamos en que somos dignos de estar en un torneo internacional.

 

Mientras manejaba pensaba, ¿Será que esta noche celebraremos como hace 20 años cuando avanzamos a Libertadores’? ¿Será que las calles se llenan de banderas como aquella noche? Que pena, que la corneta de mi carro no funciona para hacer bulla cuando de vueltas por la ciudad. Bueno, eso es lo de menos me dije, y mi conciencia quedó en paz.

 

En la dinámica del partido, al escuchar la radio y los comentarios, era cuestión de esperar el gol, porque el dominio era absoluto. Y llegaron los goles. Con 2 goles en menos de 3 minutos a nuestro favor, me dieron para pensar que el equipo capitalino, estaba destruido, pulverizado. Que moralmente no tenía arrestos para levantar ni el juego, ni mucho menos el resultado. Minutos después, mi cara y la de muchos de nosotros habían cambiado de facciones. Entraba perfectamente en aquella sección de Dramatic Photos Taken Before History’s Famous Tragedies, y con tristeza traduzco “Fotos dramáticas antes de tragedias históricas famosas”. Nuestras redes sociales se habían callado, nuestras cuentas enmudecidas, y apenas a algunos les alcanzaba para teclear uno que otra barbaridad, porque las explicaciones no existían. ¡Nos dieron la vuelta! ¡Nos ganaron! ¡Nos humillaron! ¡Nos sacaron de la Copa Libertadores! ¡Nos sacaron de Sudamericana! ¡Nos sacaron hasta el portero! ¡Nos sacaron hasta el autoestima! ¡Nos sacaron a hasta el recuerdo de aquel pavoso camión de bomberos que hoy yace en alguna chivera publica porque ni siquiera salió a apagar el fuego que deja la frustración de creernos, o creerme que tenía a Dios por la chiva.

 

¡Ya vuelvo!  ¡Voy a guardar el camión, porque aunque quiera contagiar mi positivismo, hoy no hay agua que apague este incendio…!

 

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