El Resultado dejó de ser el Resultado

Columnista Invitado José Hernández.- Para muchos hoy día en el Fútbol el resultado dejó de ser eso el resultado, pasó ahora a ser una condena dejando atrás su lógica esencia y significado que no es más que una consecuencia, una derivación o el producto de lo que se obtiene luego de jugar y competir, colocándole en un plano mucho más emocional, visceral, tan de vida o muerte y radical que se llega hasta el punto que importa más el resultado que el propio juego.
El resultado forma parte de la naturaleza del juego y es lo más cierto que tiene el fútbol pero debe dejar conclusiones, valorizaciones, análisis y aprendizajes ciertos que sean capaces de impulsar y mejorar la capacidad de competir y no una condena donde en algunos casos se exponga, se descalifique, se censure, se menosprecie, y además genere estados y escenarios donde los protagonistas sean objeto de una encarnizada y negativa exposición tanto a nivel individual como a nivel colectivo; cuando a partir del resultado se condena de esa forma se pierde la capacidad cierta de valorar aspectos positivos y significativos a pesar del resultado.
Esta es una realidad que se evidencia cada vez que se juega, el resultado en el fútbol es la consecuencia de jugar y competir a la vez, donde a veces éste se expresa fielmente y en otras se manifiesta de manera tal que es capaz de borrar todo, de justificar sin lógica ni razón y hasta logra disfrazar realidades así como también saca de contextos avances, aspectos positivos y crecimientos.
Cuando el resultado importa más que el juego genera que estos se valoren en contextos distintos como si lo uno no tuviera que ver con lo otro, por ejemplo «estoy contento con el resultado de mi equipo pero no con el juego » o viceversa «el resultado no fue bueno pero me voy contento con el juego de mi equipo» , lo cierto es que el resultado no es mas que la consecuencia del saber jugar y saber competir a la vez, así que el resultado tiene que ver con el juego, sobre todo el cómo se juega y el cómo se compite.
La manera como hoy se dramatiza tanto el resultado como el juego conlleva a un instinto de conservación que hacen que este último esté bastante más influenciado por el posible resultado que por los propios intereses que deben motivar a jugar.
El resultado debe ser solo eso el resultado y la naturalidad que éste supone con sus respectivas consecuencias y conclusiones pero sin desconfigurarlo que no se juegue temiendo por él sino más bien motivados por él, es la manera de des dramatizarlo todo, juego y resultado y así disfrutar de un fútbol donde se proteja menos la portería y más al balón.







