Salomón Rondón es vital en la Vinotinto, más allá de sus goles

Luis Vílchez / @lvilchez8.- El delantero vive del gol, es una frase hecha del fútbol tan cliché como real. Un atacante puede tener un mal partido, pero si marca se convierte en héroe. Pero, ¿Qué pasa cuando un ariete también es el engranaje del equipo? Ese es el caso de Salomón Rondón, una pieza imprescindible para que el esquema 4-3-3 (4-1-4-1 en defensa) funciones correctamente.
El máximo goleador de la historia de la Vinotinto se le suele evaluar por su labor dentro del área, pero en Inglaterra (West Brom y Newcastle) aprendió a nadar contra la corriente y a involucrarse más en las jugadas. No basta con que sea la punta de lanza y pivotea todos los trazos largos, si no que baja para servir de apoyo en el mediocampo, incluso en su propio campo.
Aguanta, gira y da un pase en profundidad a los extremos, para luego correr finalizar la jugada. El “Gladiador” es el primer defensor, muchas veces de armador y casi siempre de finalizador. Ante Brasil escondió la pelota como ninguno y fue dolor de cabeza, no solo para los centrales (Marquinho y Thiago Silva), que lo persiguieron hasta la mitad de la cancha, sino de los mediocampistas amazónicos. Si bien Alisson Becker tuvo una noche placida, el mayor susto se lo dio Rondón con un cabezazo que pasó cerca del poste.
El oriundo de Catia está a dos goles de José Luis Dolgetta y sus goles se esperan en un equipo que no ha marcado en lo que va de Copa América, pero no se le puede reprochar nada, sino reconocer mucho. Su trabajo en ataque de aguantar, tocar de primera, buscar al espacio y ganar, tanto por arriba y por abajo, lo convierten en la mejor herramienta en ataque para el juego directo. Pero su compromiso colectivo al desgastarse al bajar a su propio campo hace posible que el 4-3-3 (4-1-4-1) marche sin averiarse y que Venezuela siga invicta.







