El estadio Pachencho Romero 12 años después de la Copa América 2007

Por Diego Labrador / Especial.- Cada cuatro años se juega en algún país de Sudamérica lo que se conoce como el torneo de selecciones más grande en este continente, la “Copa América”. En cuanto a números, son muchos los países que han albergado dicha competición, abriéndoles las puertas a otras selecciones que buscan ser el monarca de América.
Ha de ser un sentimiento indescriptible, bordar con una aguja fina el logo dorado en la mitad de la camiseta, esa que te exalta como el campeón, al igual que los soldados que portan con orgullo sus logros bordados a la chaqueta.
Nuestra pequeña Venecia, para hacer memoria, tuvo la oportunidad de ser casa para la copa en el año 2007. Esa primera y hasta la fecha, única ocasión, arrancó el 26 de Junio y cerró el 15 de Julio del mencionado año. En un país donde el futbol no despertaba el interés de la mayoría de los habitantes solo se encontraban “potreros” en lugar de canchas, y los limitados campos que existían no estaban actos para recibir a las mejores selecciones del continente. Por esta razón los directivos del futbol nacional no solo tuvieron la tarea de organizar el torneo, también de iniciar una amplia labor de remodelación de cada uno de los recintos.
Dentro de este universo organizativo se encontraba Don Adelis Fusil, quien para ese momento estaba al frente de la Asociación de Futbol del Estado Zulia. El hombre es todo un personaje, de cabello corto, piel oscura y un grueso y poblado bigote sobre su boca, que como apasionado del deporte no puede borrar la imagen de las múltiples ocasiones que tuvo que montarse en su Failan 500 del año 77 para dirigirse al “Pachencho Romero de Maracaibo” donde la remodelación estaba andando. “Me toco en varias ocasiones correr para llevarle el desayuno a los obreros y supervisar junto a los ingenieros la obra en marcha” recordó, en una amena conversación.
Para él y otros “eruditos” del deporte el trabajo no culmino con la remodelación, porque surgió otra preocupación ¿cómo se haría para mantener el gramado del remodelado estadio en óptimas condiciones?. Un reto bastante amplio cuando varias selecciones tendrían que entrenar todos los días en el césped, y a alguien se le ocurrió y dijo: “Tenemos que construir otros estadios”.

Solamente en Maracaibo se construyeron 4 canchas alternas al estadio principal (Pachencho Romero). Como escoba nueva barre bien, las canchas estaban en muy buenas condiciones para ser utilizadas en esa cita internacional.
El torneo se desarrolló con total normalidad, solo se presentó un pequeño incidente. Este tuvo lugar en un hotel donde los venezolanos hacían fila para alentar y ver a un hombre de tés oscura, de grandes dientes y cabello largo recogido, de acuerdo a los diarios, un tal Ronaldinho.
Con experiencia y astucia, Don Adelis conocía que la tierra del sol amado seria la sede de la final de este torneo y no la capital del país. Los marabinos tuvieron la oportunidad de disfrutar de cada una de las barridas, golpes y acrobáticas gambetas de las dos selecciones más grandes del continente (Brasil y Argentina). Pero luego de que Ronaldinho y compañía levantaran la copa otra historia comenzó.
¿Qué ha pasado después?
Hoy por hoy de esa inversión de 600.000mil bolívares fuertes solo quedan asientos rojos y azules tostados por el sol, los cuales en la mayoría de los partidos del futbol local se encuentran vacíos. Un estadio con una capacidad para más de 42.000 mil personas en un fin de semana solo es capaz de llamar a poco más de dos mil espectadores.
Pero esto no es lo más preocupante, con un largo gesto de tristeza dibujado sobre su rostro, el ex presidente de la asociación del estado comenta que después de la copa jamás contaron con los recursos necesarios para el mantenimiento de todos los terrenos de juego que se pudieron construir, razón por la que solamente vemos retazos picoteados de aquellos engramados verdes y uniformes que parecían tapetes.
En su viejo coala color negro, nuestro personaje aún guarda la foto del trofeo color plateado, grande y brillante que no ha vuelto a nuestro país. “Aún seguimos esperando ver lo que prometieron mantener”, menciona el ex futbolista Fusil. Su cara de desconcierto mientras estuvo al frente de la asociación no se borró con el paso de ningún gobernante regional, para él todos llegaban con sus relucientes trajes y las manos bien lavadas a repetir el mismo dialogo.
¿Negro que te hace falta? Ya lo saben, el presupuesto ya está hecho. Negro eso es mucha plata” Siempre decían.

De esta triste realidad no se escapan los otras entidades en las que se disputo la Copa América (San Cristóbal, Mérida, Barinas, Barquisimeto, Caracas, Anzoátegui, Maturín y Ciudad Guayana) sufren el mismo destino. Al parecer aquella Guacamaya vinotinto con la bandera de Venezuela en las alas (mascota del torneo) se fue en amplio vuelo y con ella las promesas de darle al país la posibilidad de tener campos de juego de primer nivel.
Los turistas y el aguje futbolero que visitaron la ciudad parecen haberse llevado las ganas de trabajar por el balompié en sus bellas y relucientes maletas. Ahora solo se acuerdan de los terrenos locales cuando viene algún certamen internacional y mientras tanto ¿Qué pasa con los niños que juegan en los potreros? Esos que con las medias rotas, los zapatos extremadamente cocidos y las ganas de jugar entre ceja y ceja se acercan a las maltratadas canchas para seguir buscando un sueño. Esos que muestran su esperanzadora sonrisa, una sonrisa muy similar a la de aquel astro brasileño que llego a Maracaibo para ser campeón de América, porque los une una misma pasión.
El escritor, Osvaldo Bayer, cuenta que en el año 1917 el diario anarquista “La Protesta” escribió una crítica contra la “Perniciosa idiotización a través del pateo reiterado de un objeto redondo” es importante resaltar que para esa época el deporte era visto como algo de locos, posiblemente por esa misma razón a las autoridades gubernamentales se les olvido el mantenimiento de aquellos grandes estadios, porque en su mente la ilusión que hoy muestran los niños es cosa de locos.







