La Vinotinto y su juego ofensivo son un Cubo de Rubick sin resolver

 

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.- ¿Quién no ha disfrutado o sufrido intentando resolver un Cubo de Rubik? Esos rompecabezas mecánicos multicolores, que tienen como objetivo lograr que cada cara tenga una misma cromática. El invento del arquitecto húngaro Ernö Rubik sirve para explicar el dilema de la selección nacional, que preocupa de cara a las Eliminatorias Sudamericanas. Más aún con la imagen mostrada ante Colombia.

 

De Hungría no solo salió ese divertido juguete, sino que en la década los 50 su selección brilló de la mano de Gusztáv Sebes, precursor del «Fútbol Total» que practicó Holanda en los 70. Donde todos atacan y todos defienden. Pero, ¿Qué tiene que ver un Cubo de Rubik, un estilo de juego y la Vinotinto? Sencillo, que en tres años de ciclo la idea de juego -que muchos no la ven- no se plasma en el campo. El trivote robusteció la defensa, pero alejó 50 metros más el arco rival.

 

El primer tiempo ante los cafeteros se jugó casi siempre en el campo de la Vinotinto, mientras que el meta colombiano no parecía estar en Tampa, sino en Alaska. En el segundo tiempo se corrigió un poco la situación. Como la serie de amistosos de 2018, donde la selección brindaba 45 minutos de angustias y otros 45 con señales de mejoría;  a veces iniciaba correcta y terminaba mal o viceversa. La victoria ante Argentina encandiló a muchos, incluso opacó la derrota ante Cataluña.

 

Los ecos de aquel triunfo en Madrid llegaron a Brasil a la Copa América. Los resultados son síntomas engañosos. Cuando se hace una autopsia a los juegos pasados, el de Colombia es el más preocupante por más que igualaron a cero; si bien no contaron con parte de la columna vertebral (Salomón Rondón, Roberto Rosales, Tomás Rincón, Josef Martínez y Yordan Osorio).

 

 

Los pocos goles encajados a veces son por amontonamiento de efectivos y los reflejos felinos de Wuilker Faríñez. Mientras que el volumen de juego ofensivo es paupérrimo, pocas veces se sostiene el balón en campo rival. Desde el cuerpo técnico lo saben y también lanzaron sus recados en la rueda de prensa por lo mostrado.

 

«Fuimos supremamente superados en la primera parte»,  » tuvimos la fortuna de empatar en el primer tiempo», «fuimos un sparring», » nos vamos con la amargura de no competir en la primera parte». Fueron entre otras las frases de Dudamel, post partido en rueda de prensa. El cambio lo atribuyó a la «actitud», al » cambio de sistema (4-3-3 al 4-2-3-1″ y recordó que la selección es de «oportunidades».

 

Pero el tema va más allá de si:  Juan Pablo Añor rinde más o menos como interior que como «10», si el lateral izquierdo será Roberto Rosales, Luis Mago o Bernardo Añor, si arriba deben jugar Josef Martínez con Salomón Rondón, si Rómulo Otero y Yeferson Soteldo deben ser titulares. El asunto es de funcionamiento. De saber qué hacer cuando se tiene la pelota y cuando no.

 

En este Rubik de Dudamel parece que la cara de la defensa la tiene casi resuelta, un aspecto del juego que puede potenciar de visitante en Premundial. ¿El ataque? La gran inquietud. El fútbol es indivisible, no se puede hablar de ataque sin defensa. Por ende, se propone con tantas lagunas, que la defensa lo sufre. Los automatismo en defensa se pueden mejorar -y mucho-, incluso ante Colombia se permitió tres manos a manos. No es un coladero, pero tampoco un frontón. Aunque lo que se debe corregir de inmediato es el renglón ofensivo.

 

 

Cuando Dudamel le dio vueltas al Cubo de Rubik con su 4-3-3 para ser más ofensivo ante Bolivia, las licencias que permitió en defensa fueron muchas. El resultado (victoria 3-1) tapa esos detalles, pero otra selección o la misma Bolivia con más fortuna -los postes no jugaron a su favor- el marcador hubiese sido otro. Intentó armar un parte y se desbarató la otra.

 

El Premundial inicia en muy poco y el rompecabezas no parece resuelto. Guste o no la idea de Dudamel, que  no es más que: un equipo replegado, corto, solidario, vertical, con muchos trazos largos, velocidad electrizante por las bandas y ratos de sostenimiento del balón. Todos esos aspectos juntos, para él significan que el Cubo de Rubik estaría resuelto.

 

Para el desasosiego de los que sueña con que suene el Bravo Pueblo en Catar, desde 2016 se le han dado vueltas al cubo y aún no parece cerca de resolverse. Para más dolores de cabezas, los rivales cuentan con personajes como Ricardo Gareca o Carlos Quieroz, que lo resuelven con los ojos cerrados y las manos en la espalda. Incluso Lionel Scaloni le ha agarrado el paso este rompecabezas, de hacer que una selección plasme una idea de juego en el campo.