La dupla Tomás Rincón y Yangel Herrera puso las columnas del juego

 

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.- Las buenas sensaciones que dejó la selección nacional ante Bolivia hicieron que Rómulo Otero se llevara los reflectores. Pero las columnas que sostuvieron ese buen juego fueron Tomás Rincón y Yangel Herrera, en un doble pívot. Hace tiempo no se les veía junto, porque el 4-3-3 les añadía la presencia de Junior Moreno.

 

El trivote defensivo promete equilibrio, pero sacrifica un poco la salida. Si bien Moreno, Herrera y Rincón no son alérgicos al balón, pero para ninguno de ellos su principal atributo es la creación. Son más de orden y recuperación, con el añadido de salidas en limpio. El dilema que se planteaba era quién salía y quién se quedaba. Porque Franklin Lucena tenía un postgrado en cubrirle la espalda al capitán de la Vinotinto, mientras este se soltaba.

 

Esa duda en las funciones, que pudiese significar desorden, no se vio. Los dos estuvieron impecables en el Olímpico. En esa mezcla perfecta que está en la receta de todo buen equipo: experiencia y juventud. Un tachirense que acaricia el centenar de partidos con la Vinotinto y un guaireño que se abre paso en Europa, con un subcampeonato del mundo debajo del brazo.

 

“Habíamos intentado en el primer tiempo de llevar la iniciativa, alternándonos Yangel (Herrera) y yo al acompañar la jugada, para que una vez el sea ‘5’ y yo ‘8’, y viceversa”, explicó el “General”. El volante de Granada opinó: “Estaba cómodo con la salida del balón, fue bastante limpia (…) Me da la sensación que me puedo adaptar cualquier sistema de juego, ya sea junto a Tomás (Rincón) o con tres volantes”.

 

Si el mediocampista del Torino se va con la satisfacción de sumar 99 juegos con la selección nacional, el ex Atlético Venezuela se fue con la alegría de marcar un tanto. Impusieron condiciones, alternaron posiciones, tuvieron diferentes alturas en la cancha, recuperaron muchos balones y dieron una salida pulcra del balón. Pero lo más importante, fueron las columnas que sostuvieron la posibilidad de jugar con un “10” y no ser netamente verticales.