La Vinotinto demostró que también puede salir a ras de suelo

 

 

Luis Vílchez / @lvilchez8.- En varias ruedas de prensa Rafael Dudamel ha explicado que busca más sostenimiento de balón, que la Vinotinto se sienta cómoda con el esférico; sin embargo, en la previa al amistoso contra Colombia, en Tampa (Estados Unidos) por el mes de septiembre, dejó una frase que generó mucho ruido. El yaracuyano argumentaba que por naturaleza el futbolista era más vertical que de sostenimiento. Muchos sectores, en especial los jugadores de la era Páez, pegaron el grito al cielo. Pero en los últimos tres juegos el balón se ha movido más por la grama, que surcando los cielos.

 

«Si Dios hubiera querido que jugáramos al fútbol en el cielo, le habría puesto césped», llegó a comentar el mítico entrenador inglés Brian Clough. No es que el juego directo no esté bien, porque los análisis no pueden partir dependiendo del gusto de cada quien. Pero por biotipo e historia, el venezolano ha sido más de retener balón y juego asociativo. Muy similar a sus vecinos, Colombia y Brasil. Los trazos largos son más de Uruguay o Paraguay.

 

Si le sumamos que el entrenador pide más juego asociativo, no sé entendía el afán por el trazo largo. Incluso con la selección sub-20 que estuvo en su mando, Dudamel llegó a decir en el debut del Sudamericano de Chile (2019) ante Colombia que parecían “jugar con un balón de rugby”. La historia era similar a anécdotas de estrategas que gesticulan con la mano que su equipo salga, pero grita que se replieguen. Una incongruencia en el discurso sobre el trato del balón que duró hasta la doble fecha FIFA en Caracas.

 

El ingreso de Rómulo Otero como enganche le dio más soltura y volumen de juego al equipo, a partir de ahí el balón iba por la grama. En Osaka con el 4-3-3 (4-1-4-1) podía significar el regreso del pase largo efectivo, pero no. La Vinotinto aprovechó el buen pie de Yordan Osorio y el perfil zurdo de Mikel Villanueva para construir desde abajo. Solo cuando ingresó Jhon Murillo cambió la seña y en la transmisión televisivase se escuchó cuando Dudamel pidió más juego directo y menos con los laterales.

 

El pasado de “10” de Osorio le permite tener una salida pulcra y la capacidad de romper líneas en conducción, incluso se atrevió a driblar y hacer una bicicleta en el complemento ante Japón. La ventaja de Villanueva es su zurda, que le permite ahorrar tiempo y jugar con más comodidad. Luego aparecieron los Yangel Herrera, Bernaldo Manzano y Tomás Rincón, que no tienen los pies cuadrados y trataron bien el balón.

 

¿Los rivales? Unas versiones alternativas de Bolivia y Japón junto a una Trinidad y Tobago muy endeble. ¿Presionaron bien o se ordenaron correctamente? No y Venezuela lo hizo sentir en el marcador: 10 goles en tres encuentros. ¿Son varas para medir de cara al Premundial? Tampoco, pero era el escenario para tomar riesgo con la construcción y se hizo. La salida por abaja no siempre fue precisa y los rivales no supieron capitalizar como si suele suceder en la Eliminatorias de Conmebol. Pero para algo están los amistosos, ¿no?

 

Cuando se habla de iniciar las jugadas con toques no significa ser la selección de Holanda o Barcelona FC, ni salidas lavolpianas (el “5” incrustándose entre los centrales). Los centrales no aprovecharon la nueva norma de recibir dentro del área los saques de meta y tampoco fue necesario. Asimismo, ninguno se ruborizó si tenía que reventarla. Pero se vieron buenos automatismos para superar la no tan rigurosa presión de Japón. Para muestra un botón: el tercer gol de Venezuela fue una jugadora elaborada con más de 10 toques.

 

De un lado a otro movieron el esférico y con cambios de frente dieron amplitud, mientras lo venezolanos desde temprano esbozaban una sonrisa con su selección. La Vinotinto es de todos y da para todo, tanto para sostenimiento como verticalidad, lo importante es el funcionamiento. Dudamel le encontró la vuelta y su discurso ya tiene congruencia, mientras que su equipo muestra variantes. Tampoco es para volverse locos y empezar a planificar un viaje a Catar 2022, pero mucho menos para descartarlo de forma tajante.