Directo y Sin Barrera

 

CARTA A MARADONA

¿Qué mas Diego? ¿Cómo estás? Disculpa que comience esta misiva con este aire de informalidad, pero como tu mismo te has encargado de crearla a través de la poca formalidad que has demostrado a lo largo de tu vida, me pareció pertinente escribirte en este tono, poco usual en mi, y hasta tutearte, menos usual todavía, pero es que te he visto tantas veces en mi vida que siento que te conozco.

Soy yo, Jaime, el mismo pichón de locutor que en 1985 estaba alojado en el Hotel Tamá de San Cristóbal. Si, el mismo que tuvo la fortuna de ser atendido por TODOS los miembros de la Selección argentina a los que les solicité una nota, a excepción tuya, lógicamente, pues ya disfrutabas de esa bien lograda fama de la que tanto despotricas y empezabas a mostrar esos modales que tanto te caracterizan.

Antes de entrar en la materia que me impulsa a escribirte, déjame darte las gracias por todo lo que me hiciste disfrutar con las cosas que hiciste dentro de las canchas. Te cuento que fui hasta Valencia a verte en aquel Juventud de América en el que participaste cuando recién comenzaba tu carrera y ya, desde ese entonces, comprendí que eras un predestinado. Te disfruté semana a semana. Cuando le hiciste tragar la lengua al arrogante Loco Gatti, quien retó a “ese gordito de Argentinos” que eras tu, a hacerle un gol. Le hiciste dos. En el segundo entraste al arco con todo y pelota dejando tendido al portero bocón…jajaja. Cuando te rompieron en España, sentí que habían roto el fútbol. Y cuando fuiste a Nápoles, hiciste de mis mañanas dominicales algo diferente, pues el Calcio televisivo, que generalmente era somnífero para continuar durmiendo hasta mediodía pasó a ser motivo de fiesta para verte enloqueciendo a todos esos italianos que te odiaban.

En Méjico 86 me demostraste que si era posible ganar un Mundial casi solo. Hoy en día, los defensores de Neymar, Messi y Cristiano argumentan que esos cracks no rinden en sus selecciones por el bajo nivel de sus compañeros. Deberían repasar la nómina de Argentina y los videos de ese Mundial. Gracias Diego. Mil gracias en mi nombre y en el de todos los cultores del fútbol bien jugado.

Pero…¿Qué te hicimos? ¿Por qué estás tan resentido? Aparte de tener un planeta idolatrándote, empresarios haciéndote millonario y un país rendido de rodillas a tus pies..¿qué mas teníamos que hacer para hacerte feliz?

Te has empeñado en atacar inmisericordemente a todo y todos los que te han rodeado. Expulsas un veneno disfrazado en cada dardo que lanzas en tu verbo. Nos quieres hacer sentir culpables de algo. Provoca pedirte perdón por haberte sacado de la miseria de Fiorito y haberte convertido en rico, famoso y venerado. Todavía busco, sin hallar respuesta, en qué fue que te fallamos. Si yo, o cualquier otro simple mortal, hubiese sido agarrado con la décima parte del perico y otras cosas que te han encontrado a ti, quizás estaríamos sumergidos en un oscuro calabozo, pero a ti, hasta esa absurda impunidad te ha cegado.

Te confieso mi adicción a la televisión. La mastico lentamente analizando todas sus facetas, tanto de producción como de ejecución. La saboreo según el target. La trago como parte de mi sustento y hago de cualquier programa o transmisión todo un acto de existir o una razón de ser.

En ese orden de ideas, recibí con denodada emoción la noticia que Telesur te contrataba para hacer un programa diario durante este Mundial. Desde la primera emisión sintonicé, ilusionado por seguir disfrutando de tu talento, ese aborto televisivo en el que convertiste esa maravillosa oportunidad. Es que no podías dejar en casa tus resentimientos, tus complejos, tu soberbia y tu odio visceral? ¿Por qué quieres hacernos partícipes a millones de personas de esa pesada carga que arrastras y te envilece? Fútbol, Diego. Fútbol es lo que quisimos ver y escuchar. Nada mas.

Con la misma franqueza te cuento que no he podido terminar de ver ninguno. Concluyo cambiando de canal con una desazón enorme sintiéndome ahogado de pena ajena, por ti, e indignación por todos nosotros. Los panfletos populistas déjaselos a los polítiqueros. Los mensajes demagogos son para los falsos mesías. Los arrebatos de justiciero social no te quedan bien. Eres simplemente un futbolista. Nada mas.

Así como nos diste, del mismo modo nos has quitado. Ese empecinamiento que tuviste en hacerlo todo bien dentro de las canchas, lo has multiplicado intentando , con igual o mayor éxito, en hacerlo TODO mal fuera de las mismas. En esa balanza imaginaria en la que colocamos en cada lado lo bueno y lo malo, creo que ya te pagamos y hasta nos quedas debiendo.