El fútbol invisible

 

Me disculpan el spoiler si no han visto Sexto Sentido, pero Bruce Willis -interpreta el papel de un psicólogo infantil- es un fantasma en la película. El niño es el único que lo ve, ya que Willis fallece luego de recibir el disparo de un expaciente en su estómago. El mismo chamo que dice la celebérrima frase: “I see dead people” (veo gente muerta). ¿A qué viene todo esto?  A una frase muy buena del estratega José Hernández: “Se habla mucho de lo que pasa alrededor del fútbol, pero poco de fútbol”.

 

Si bien hoy las disputas y las polémicas acaparan las tertulias en torno a este deporte, en Venezuela el juego siempre es Bruce Willis o usemos el nombre de su personaje en el largometraje, el doctor Malcolm Crowe. Mientras que los que hablan sobre el juego y lo aprecian (no me incluyo en ese lote, porque mucha vez el árbol me tapa el bosque) son pocos. Esos Cole Sear (Haley Joel Osment), el niño de la película, quedan solapados. Y sin esa reflexión o los debates que surjan de esas charlas, se antoja muy difícil que suba la calidad del espectáculo que vemos y que sale vapuleado cuando juega en la Copa Conmebol Libertadores o Sudamericana.

 

¿Hay que hablar de las oficinas? Por su puesto, eso es parte de los gajes del oficio. Hoy en día es prioridad y los colegas de Conexión Goleadora están haciendo un trabajo estupendo. Pero cuando los problemas de la Federación Venezolana de Fútbol, la Liga Futve, FIFA, Conmebol, las deudas, el Estado, la COVID-19, TSJ, las Asociaciones, etc; no están a la orden del día con su lluvia de comunicados, el juego siempre ha pasado a un segundo plano en la mayoría de las esferas.

 

¿Hay defensores del Futve? Sí, salieron todos a relucir este fin de semana, cuando la atención no se posó ni en las canchas ni en los despachos, sino en un tuit del periodista Eduardo Pino en el que critica el nivel del balompié criollo. “Malo” y “Desastre” fueron parte de los adjetivos que usó. Su opinión generó una catarata de comentarios, casi una cruzada en defensa del torneo patrio. Una polémica, en lo personal, innecesaria y que le dio una sobreexposición a un comentario sin muchos argumentos. Y es que en Twitter tampoco da mucha libertad para abrir un debate serio con la limitación de los caracteres que tiene. Otra vez el juego quedó detrás de bastidores.

 

Decir que sé de fútbol me parece una afirmación osada, por ende, todos los días intentó aprender un poco más de este juego. Que no es tan sencillo como muchos creen y que tampoco vale la pena sobre intelectualizarlo porque se distorsiona. Dirían en mi casa: ni tan calvo ni con dos pelucas. Sería interesante que se hable cada vez más del juego y eso es un trabajo del día a día. Últimamente en las redes sociales se ve una multiplicación de los analistas de este deporte, que se toman un tiempo y suben vídeos con sus análisis. Material audiovisual que explica y ayuda entender el desempeño de un equipo. Nos deslumbrarnos con los highlight de un jugador en Youtube para decir que lo conocemos o, peor aún, hacer un análisis fundamentado solo en el resultado. Cabe destacar que sueño con el día que se haga frecuente ese tipo de análisis en el fútbol femenino.

 

“Lo superfluo acapara el debate. Creo que se habla poco del juego, porque se conoce poco del juego. Y hay también escaso interés de los que se ponen delante de un micrófono o escriben la crónica de un diario en prepararse y en entender el juego. No solo por un asunto de vanidad, de decir que conozco del juego, sino para hacérselo entender a la audiencia”, comentó Daniel Chapela, en el último episodio del Podcast “Mi Fútbol” de Ignacio Benedetti. Poco más que agregar a un referente como Chapela.

 

No es un mal solo venezolano, basta leer los diarios españoles o ver TyC Sports (como te extraño Directv) de Argentina para entender que a veces todo lo que rodea al balón vende más, que el mismo balón en sí. Pero, insisto, si debatimos de esto no solo se crea una cultura de fútbol, que no permeado en todo el país y podemos detectar los fallos. Esas críticas que se le puede hacer en lo deportivo, que hay bastantes defectos para reprochar en el espectáculo que se ve en nuestros estadios, hay que diagnosticarlas o no sabemos cuáles son los problemas. Sin ese ejercicio será muy difícil mejorarlo a este fútbol. Hay que ponerles nombre y apellido a los problemas, para luego saber cómo resolverlos.

 

En algún momento se va a tener que reiniciar el campeonato venezolano y será interesante que el fútbol deje de ser invisible. Que, en este torneo corto, que nos van a disparar varios partidos seguidos, exista un momento para la reflexión. Que no se caiga en tópicos ni en lugares comunes. Que este tiempo de cuarentena sirva para tomarse un respiro y que las críticas constructivas sean de fondo y no solo de las formas.

 

No puedo cerrar esta columna sin desearle una pronta recuperación al señor Jesús Berardinelli, con el que me habré cruzado tres veces y no tengo ningún tipo de relación. Pero como ser humano, creo que todos deberíamos rezar por su sanación. Luego cuando salga de esta etapa tan difícil y tenga que lidiar con el candelero federativo, seguir rezando para que busquen una solución.

 

Sin importar quienes sean los protagonistas o sus cargos, pero deben negociar por el bien del fútbol. El campeonato tiene que regresar y tiene que ser con mucho cuidado. En Mineros de Guayana pudiese convertirse en primer equipo con contagios masivos, esperemos que las pruebas PCR digan que no. Pero ya pasó en la MLS con Dallas y Nashville. Pero es un llamado de atención y hay vidas de por medio.

 

Es hora de dejar el egoísmo de lado, se ve una crisis dirigencial en casi todos los países afiliados a Conmebol. Porque para muchos de nuestros vecinos el fútbol es invisible. Mientras el debate sobre el balón siga siendo Bruce Willis en el sexto sentido y sean pocos los que lo pueden ver, cada vez UEFA estará más lejos y en las semifinales de los Mundiales veremos un Eurocopa. El dinero AFC acortará cada vez más las distancias con Conmebol.

 

Todo eso sin contar que, a la calladita Estados Unidos y Canadá, apoyados también en proyectos y músculo económico, pueden acortar la brecha. A este paso lo único que corre riesgo es el prestigio del fútbol sudamericano, que el día del mañana puede ser un fantasma que viva de la nostalgia de los grandes momentos, mientras choca con una pared sin darse cuenta de los problemas que la llevó allí.