La penalti de Cheché

 

Cuando cae al suelo, el árbitro duda en cantar el tiro penal pero también acudir al VAR, que no es más que un par de video cámaras dispuestas en cada área para minimizar las trifulcas entre los jugadores del barrio. Cheché le muestra su pierna herida al árbitro, entonces decide apoyarse en el asistente de video y suena el pito para señalar el VAR, pero el silbato suena de una manera estruendosa, como si fuera un mensaje Divino.

 

Pero extrañamente todo queda en silencio pensó que el ruidoso silbato lo había sordo. Siente que el tiempo se paraliza, como suspendido. La radio deja de sonar, las tribunas de gritar, ni se mueven. Las banderas de las barras quedan flageladas cómo si el viento no corriera y la gravedad hubiese desaparecido.

 

Mira con desconcierto y sin entender se dirige a sus compañeros para buscar respuestas entonces se da cuenta de que sus compañeros están también estáticos, congelados, petrificados algunos con expresiones faciales de alegría y reclamo espantoso como pidiendo el tiro penal.

 

Se da cuenta que el tiempo se había detenido como si hubiese puesto en pausa. Mira el reloj y ve que son las 5:58 PM. Le aturde el silencio, jamás había sentido tanto pavor al mutismo, ni el sonido del viento dejaba huella de vida. ¿Pensó en la muerte, acaso me mataron con esa patada dentro del área? Se preguntó si estaba en el cielo, aunque siempre pensaba que el infierno era su destino. También sé imaginó que era un sueño, pero aún sentía el dolor del último punta pie que lo mandó al piso para un posible penalti y se dio cuenta de que el único vestigio de vida, si es que aún existía, era su sangre caliente que corría por su pierna.

 

Empieza afanosamente a caminar por la cancha y el sonido del pasto detrás de cada paso, rompía el aterrador silencio. Ve nuevamente el reloj y observa que han pasado 2 minutos, ya eran las 6:00, entonces se da cuenta, de que, aunque todo esté estático el tiempo ha seguido corriendo y piensa “por desgracia el reloj sigue rodando, como siempre”.

 

Lleno de incógnitas, escepticismo y duda. Abrumado, confundido corre camino a su casa cerca de la cancha. Todo sigue en silencio, ni el viento, ni la gélida brisa, ni el bar de la esquina rompe la monotonía. Sólo el tosco sonido de sus guayos estimula los oídos y mientras se acerca a la puerta escucha un leve sonido diferente a sus zapatos, pero ve las luces apagadas.

 

Desde la sala resplandece una pantalla y camina hacia ella lentamente. Observa en el mueble frente al televisor a su esposa, a Nené e Isa, sus pequeños hijos. El “shhh” que demanda silencio le señala que la atención está centrada en la pantalla. Nené lo abraza, ama ver películas en familia, con cotufas, refresco, es su mejor plan para cualquier día y cualquier hora. Pero Cheché siempre falta, nunca puede, no le gusta y Nené lo extraña, lo extraña siempre.

 

Se mete en el sofá y aunque todos están atentos a la secuencia de la película, lo reciben, lo abrazan y aquel calor familiar que sentía olvidado, vuelve. Se pregunta cómo se había alejado, porqué, que excusa era más fuerte que esa sensación familiar. Se asustan, se ríen, comen cotufas…….lo extrañaban. Alguien mueve su pierna y le lastiman la herida. Luego del quejido, todos se levantan y detienen la película. Mirna su esposa sale a buscar algodón, Nené llega con antinflamatorio. Todo pasa en segundos y vuelven a la película.

 

Mientras ve la película, se vuelve a aturdir y recuerda las caras de sus amigos petrificados, el mutismo y aquella sensación de multitudinaria soledad en la cancha, entonces se levanta y regresa con cautela y miedo. Por momentos siente que está llegando tarde y que no va a poder explicar por qué su ausencia.

 

Pero se da cuenta de que todo sigue intacto, que nada ha cambiado, que todos siguen flagelados y congelados. Mira el reloj y nota que el tiempo se paralizó a las 6:00 pm, que todo ocurrió en apenas dos minutos, aunque juraría que estuvo al menos una hora en casa.

 

De repente un sonido ensordecedor acaba con aquel momento y paulatinamente empieza a escuchar el bullicio, el defensa le increpa que no lo había tumbado, le grita que se levante, los fanáticos piden la falta y empiezan a ondear sus banderas llenos de ira. El referí se va corriendo directo al área y decreta el tiro penal a las 6:01 minuto de la tarde.

 

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