El -posible- segundo Boom Vinotinto

“Irgendwie fängt irgendwann / Irgendwo die Zukunft an / Ich warte nicht mehr lang /Liebe wird aus Mut gemacht / Denk nicht lange nach / Wir fahren auf Feuerrädern richtung Zukunft durch die Nacht (De alguna manera comienza en algún momento / En algún lugar en el futuro / No voy a esperar mucho tiempo / El amor está hecho de valentía / No pienses por mucho tiempo / Nos dirigimos sobre ruedas de fuego / Hacia el futuro a través de la noche)”, así recita una parte de la canción “Irgendwie, Irgendwo, Irgendwann (De alguna manera, en algún lugar, en algún momento)” del grupo Nena, oriundo de la Alemania Occidental y con éxitos en la década de los 80’.
Este conocimiento no deriva de que sea germanófilo o por una afición por la Bundesliga o por Die Mannschaft; sino que fue una de las canciones que más me enganchó de la serie Dark, una producción alemana que se puede ver en Netflix. ¿Tiene que ver algo con fútbol? Absolutamente nada y eso que es teutona. Habla de viajes en tiempo, sobre la relación del futuro, presente y pasado. Un contenido audiovisual que debes ver con atención o si no te perderás en el árbol genealógico de los personas. Un despiste significa tener que retroceder para no perderte en el laberinto. Algo como los problemas actuales de nuestro fútbol, si no tomas el hilo y vas a su inicio, lo más seguro es que te confundas o, peor, asumas como verdades hechos que no son y tengas una visión distorsionada de la realidad. La serie termino con tres temporadas, pero nuestra novela está lejos de llegar a los capítulos finales.
Si el título le pareció lo suficiente interesante para sortear un lead con una canción alemana, que ni en su mejor momento jamás debió sonar en Venezuela, o por lo menos en un sitio que no fuera la Colonia Tovar. Un segundo párrafo con una recomendación audiovisual, que seguramente ya vio o que no entra dentro de sus intereses en Netflix. Llega el momento de entrar en materia, pero esta vez la columna va de fútbol. Pero no dentro del campo, sino fuera de él. No de problemas o propuestas, sino de una solución que se cocina a fuego lento en Europa y en clases virtuales.
El Boom Vinotinto fue único e irrepetible. Se podrá clasificar a un Mundial o ganar una Copa América, pero ese fenómeno sociológico no se repite. Es imposible nacer dos veces. Bajo el mando de Richard Páez la selección nacional se quitó el traje de Cenicienta y pasó a ser una piedra en el zapato de sus vecinos en Conmebol. Ahora los fanáticos desmeritan cuando Wuilker Faríñez va a la Ligue 1 y la tildan de un campeonato mediocre, cuando hace 20 años la atención de la mayoría del país estaba pendiente era del diamante del béisbol, y si acaso volteaba a otro deporte era al tabloncillo de baloncesto. Si se trataba de balompié, solo había tiempo para el europeo y las Copa del Mundo. El nuestro no existía, ni siquiera por detrás del hipismo, boxeo o la F1. En la opinión pública la selección nacional se concibió con esos cuatro triunfos consecutivos en Premundial.
En un siglo que inició en una polarización que dividió familias entre rojos y azules, el vinotinto era el color de la unión. Pasaran los años y aún seguiremos intentando explicar este fenómeno social que trascendió de lejos el ámbito deportivo. Entonces, ¿Si es irrepetible porque se habla de un posible segundo Boom Vinotinto? Porque se nació fue en las canchas, incluso ese muchacho ya corre. Está cerca de ir a la universidad (Copa del Mundo) y todo. Pero ese segundo Boom se está gestando en las oficinas con los hijos de ese Boom. Esa generación dorada que aprovechó la puerta que abrió la generación de Páez y que ellos derrumbaron con actuaciones históricas como el cuarto lugar en la Copa América.
En una columna de Triangulo Deportivo leía que Roberto Rosales había cambiado el control del Play Station por los libros. Uno de los mejores laterales de nuestra historia –no digo el mejor para respetar a históricos como René Torres que vivieron contextos más antipáticos- estudia gestión deportiva en el Instituto Johan Cruyff. Pero no es el único vinotinto que se forma en la casa de estudios de “El Flaco”.
En una entrevista en un Instalive de Meridiano con Ronald Vargas, el periodista Jesús López dio a conocer que la “Perla de Guatire” junto a Oswaldo Vizcarrondo, Tomás Rincón, Luis Manuel Seijas y Salomón Rondón también estudian Gerencia Deportiva en el Instituto Johan Cruyff. En una entrevista con este servidor, David Centeno reveló que va a estudiar un Master en Gerencia en la ciudad de Madrid. El ex Deportivo Lara se retiró joven (27 años) por motivos de salud y su futuro lo ve en los despachos, pero antes tiene planteado prepararse.
En el país varios jugadores han realizado el diplomado FIFA/CIES en Gerencia del Deporte de la Universidad Metropolitana (un curso que el escribe esta columna espera hacer algún día, cuando la economía deje de ser un azote). En el Caracas FC cuentan con Miguel Mea Vitali y en el Deportivo Táchira con Gerzon Chacón, ambos como gerentes deportivos. No son los únicos. Vicente Suanno es el gerente general del Deportivo La Guaira, pero antes de asumir el cargo hizo un periplo por Europa para traer nuevas ideas.
Poco a poco la gente de fútbol trabaja en el fútbol, más allá de la opción habitual: sentarse en un banquillo. Toca ver si escucharán sus opiniones y los dejarán trabajar los directivos. Pero, sin lugar a duda será un salto de calidad cuando todos esos jugadores, que hicieron vida en el Viejo Continente, regresen y apliquen ese conocimiento en las oficinas. Será todo un Boom, pero ya no desde la cancha, sino donde hace más falta: en los despachos. De alguna manera, en algún lugar, en algún momento, pero ese cambio va a llegar. El pasado le abrió la puerta el futuro, que ahora es presente. En manos de esa generación está la labor más difícil, porque no solo es construir los caminos a las victorias, sino hacer que se mantengan a lo largo del tiempo.







