Protagonistas venezolanos nos hablan del legado de Vladimir Popovic

Luis Vílchez / @lvilchez8.- El presente tiene tiempo que no le regala un guiño a Venezuela y su fútbol no escapa de esa realidad. A esto le sumamos un 2020 que se ha caracterizado por ser un mensajero de malas noticias, entre ellas la muerte de Vladimir Popovic.
El serbio fue parte de ese glorioso pasado del balompié criollo. Esta bonita disciplina que engancha a personas frente a una televisión no llegó a la tierra de Bolívar con el nuevo milenio o el “Boom” Vinotinto, antes los equipos también llegaban lejos en la Copa Libertadores (incluso semifinales) y había jugadores mundialistas en los clubes. Todo eso lo representa Popovic.
El exjugador y entrenador llegó a Venezuela en 1968 para jugar con el Unión Deportivo Canarias, luego de ser ídolo durante más de una década en Estrella Roja y una pasantía por Alemania. También había disputado el Mundial de Chile 1962 con Yugoslavia. Con el equipo de colonia española fue campeón en 1968. En este país se graduó de entrenador en los cursos del Colegio Nacional de Entrenadores. Dirigió al Deportivo Italia a inicios de los 70, para luego ir a Colombia donde también dejó su huella. En su regreso guio a Portuguesa FC dos veces a la gloria. También dirigió a la selección de Perú en la Copa América y ganó la Copa Intercontinental con su Estrella Roja ante Colo Colo. Se retiró como DT en la campaña 1998-1999 al frente del Caracas FC.
Para recordar y hacerle homenaje al legado de Popovic en Venezuela, en Venezuela se conversó con tres personas que vivieron tres etapas con él en el país. Primero con Ovidio Cáceres, con quien compartió el mediocampo en el Unión Deportivo Canarias. Luego con Carlos Núñez, quien fue su pupilo en los éxitos del Portuguesa FC. Por último, con José Hernández, que fue su segundo asistente en la etapa en el Caracas FC.

Unión Deportiva Canarias
En esa época el UD Canarias era dirigido por el uruguayo Manuel Arias, contaba con un equipo conformado por venezolanos, españoles de las Islas Canarias y un puñado de uruguayos y brasileños. “En los dos entrenamientos vio la unión que teníamos como grupo y decidió quedarse”, explicó Ovidio Cáceres, sobre la elección de Popovic, que había tanteado los otros equipos de las colonias en la capital de la República en 1968.
“A los 33 años no tenía las mismas condiciones que a los 20 o 25 años, pero venía de jugar un Mundial con la antigua Yugoslavia. También tenía experiencia en Europa con Estrella Roja y en Alemania. Era un jugador con una técnica extraordinaria y una visión de juego muy importante. Nos enseñó mucho a los jóvenes de ese equipo”, explicó Cáceres, que era el volante “5” de ese equipo, el serbio jugaba a su derecha como “8” y por izquierda Carlos Ancheta, con un esquema táctica de un 4-3-3.
En referencia al aporte del serbio en el título expuso: “La importancia que tuvo Popovic fue su veteranía, su respeto y sus enseñanzas, era un DT dentro de la cancha. Nos daba su alegría y su veteranía en el camerino. En la cancha era importantísima. La diferencia con el resto de los jugadores era su experiencia europea, la cual pudimos asimilar”.

Cáceres lo compara con el estilo de juego de Richard Páez por esa “visión de juego”, pero la diferencia es que el merideño era zurdo y Popovic jugaba bien con las dos piernas. Si el canario tuviera que compararlo con un jugador de la actualidad lo haría con unos de los subcampeones del mundo y flamante fichaje del Sevilla. “Veo jugar a (Iván) Rakitic y tiene similitudes con Popovic en su época en Venezuela”, soltó.
¿Cómo jugaba ese UD Canarias? “Un estilo de juego muy agresivo. Con un trabajo físico muy importante por parte del técnico Manuel Arias”, indicó Cáceres sobre un equipo que fue subcampeón en 1969. En ese elenco se adaptó de buena forma un Popovic que fue muy ordenado con su vida personal. “En la vida privada era una persona reservada, con su esposa compartimos en muy pocas oportunidades. En las concentraciones era una persona excelentísima y un gran compañero. Se acopló rápido al país, no hablaba español con mucha claridad, pero se preocupó en aprender y leer para asimilarlo más rápido”, confesó el ex volante del Canarias.
La anécdota que más recuerda el canario con el serbio fue la siguiente: “Por competición internacional fuimos a jugar contra Independiente Santa Fe y Povovic se consiguió con (Dragoslav) Sekularac, con quien hizo de pareja de volante en el Mundial de 1962. Ese encuentro después de tantos años en el Campín jamás lo olvidaremos. Sekularac luego invitó a Popovic a su casa en Bogotá y tuve la oportunidad de compartir con ellos en ese momento, la pasamos bien”.
La transición del campo a los banquillos. “El carácter de Popovic como jugador no era muy exigente. Él nos orientaba a nosotros para situarnos mejor en la cancha. Era tranquilo. Después como entrenador fue diferente, ahí sí tenía un carácter muy exigente. Fue totalmente distinto como jugador que como entrenador”, concluyó Cáceres, que desarrolló una gran amistad con el serbio y aprovechó la entrevista para mandar el pésame a todos sus familiares.

Portuguesa FC
Gran parte de la historia exitosa del Portuguesa FC la escribió Popovic. En 1975 llevó al rojinegro a quedar campeones, gesta que repitió en 1977, cuando llevó a los llaneros a las semifinales de la Copa Libertadores. “Lo conocí en 1975, luego de regresar de jugar la Copa Simón Bolívar. Era una persona muy disciplinada, que inspiraba respeto y trataba a todos los jugadores por igual”, explicó el ex delantero del “Penta”, Carlos Núñez.
“La base del trabajo de Popovic era la preparación física. Era muy cuidadoso y exigente en ese aspecto. Todo bajo una disciplina europea. Era muy cuidadoso con los detalles de los equipos rivales, siempre se preocupaba por los habilidosos y las marcas. Teníamos que regresar constantemente apenas atacábamos, para cubrir los espacios y así el esquema se mantuviera firme”, expuso Núñez, que fue goleador, directivo y entrenador del Portuguesa.
En aquel momento, los rojinegros eran el mejor equipo del país. “Todos queríamos jugar y él tenía que sacar un 11 ideal. Los partidos más difíciles los teníamos los jueves, que teníamos prácticas entre titular y suplente. Eran encuentros más difíciles que los partidos del campeonato. El trabajo fuerte fue unir a un grupo que había uruguayos, argentinos, paraguayos, peruanos, brasileños y venezolanos”, dijo Núñez, uno de los máximos goleadores en Libertadores de equipos venezolanos con 11 dianas.
Entre los nombres que llegó a tener Popovic en sus dos etapas se encontraban: Jairzinho, Carlos Núñez, William Salas, Pedro Peralta, Ramón Echenausi, Ricardo Moss, Chiquichagua Marín, entre otros. “El éxito del equipo fue entender que en la unión estaba la fuerza. Teníamos una escuadra extremadamente goleadora. Todos jugábamos para el mismo fin. Éramos una selección de América, pero vivíamos como una familia. Llevamos una vida muy disciplinada y profesional. Se trabajaba, se descansaba y se comía. La junta directiva no paraba de apoyar y de pagar a tiempo”.

Con pretemporadas en la playa y varios esquemas de juego (4-3-3, 4-2-4 y 4-2-2-2), su impacto fue importante en los banquillos. “Nos dejó un gran legado como un extraordinario estratega y un ser humano que nos aconsejaba como si fuese nuestro padre. Fue un gran preparador físico y revolucionó el fútbol en Venezuela. Muy pocos entrenaban dos veces al día y nosotros nos acostumbramos a eso”. Esa experiencia le sirvió de enseñanza al peruano para su etapa como estratega. “Aprendí que la disciplina y el respeto son la base para realizar todo dentro de los deportes en general. Mantener la humildad y la disciplina para seguir avanzando”, afirmó.
La disciplina era férrea y los jugadores tenían que lucir impolutos. “Era los normal, teníamos que dar el ejemplo a seguir como los campeones de Venezuela. Dentro y fuera del país caminábamos impecablemente uniformados”, aseveró Núñez. Otro aspecto que se hablaba mucho era del fuerte carácter del serbio.
“Tenía su carácter se contenía de decir cosas y otras veces lo hacía en su lengua de origen. Como anécdota me las aprendí sin saber su significado. Un día salimos bravos de un juego, porque nos habían expulsado a dos jugadores injustificadamente y le grité, a lo lejos, esas palabras al árbitro. Vino corriendo y ruborizado Popovic, me dijo: ‘Carlos, eso no se dice, eso es muy fuerte’. Le contesté: ‘Profe eso lo aprendí de usted’. Y él replicó rojo y sonriendo: ‘No, eso no se dice. Discúlpeme’. Era muy disciplinado, ese era su fuerte para mí”, concluyó Núñez.

Caracas FC
Su última etapa como entrenador fue con el Caracas en la campaña 1998-99, luego de un amplio recorrido como entrenador. En esa plantilla se encontraban: Noel Sanvicente, Héctor Bidoglio, Ceferino Bencomo, Leonel Vielma, Leonardo González, entre otros. Su cuerpo técnico fue Freddy Elie, como asistente, y José Hernández, en un rol de segundo asistente.
“Venía haciendo mi trabajo en la sub-20 y filial con el Caracas. Me tocó ser parte del cuerpo técnico. Fue una experiencia extraordinaria, con un entrenador con gran recorrido como jugador y como entrenador. Tenía un currículo sumamente importante. Trabajar a su lado fue una experiencia que me potenció y me dejó muchas cosas como entrenador”, comentó el actual DT de la Vinotinto sub-20.
Al serbio lo definió como: “un tipo muy directo, derechito en todas sus cosas y preciso. Hablaba de manera directa”. El ex entrenador de Atlético Venezuela rememoró: “Popovic era un tipo que cuando uno llegaba en la mañana, si no estabas bien afeitado, te saludaba con cariño y te agarraba por la cara. Te preguntaba: ¿Cómo estás, José?, pasaba la mano y decía: ‘¡Uh! Raspa, raspa’. Todos teníamos que venir perfectamente afeitados y el día que te lo tenía que decir, lo hacía de esa manera”.
En referencia a su estilo de juego expuso: “Era un DT que le gustaba organizarse bien en su propio campo y luego ir a las transiciones, en un sistema que favorecía a las incorporaciones desde atrás. Muchas transiciones. Un tipo muy radical en sus indicaciones. Había que hacer esto y había que hacerlo”.

En un cuerpo técnico de tres personas, a Hernández, entre otras funciones, le tocaba ser preparador de porteros. En esa época tenía Jhonny Barreto, César Baena y un joven Javier Toyo. “A Popovic le gustaba que los arqueros salieran y dominaran el área, eso era muy europeo. Era una época en la que nuestros arqueros no eran muy salidores. Era muy exigente con todo y estaba encima de todo, pero no maltrataba a nadie”, añadió el estratega.
Tan pendiente de los detalles, que los partidos en los entrenamientos, que los entrenadores suelen delegar a sus asistentes, el serbio decía: “Yo pitar”. Ni una granizada paraba un entrenamiento. “Tenía una cara muy dura, pero es una persona con bastante nobleza. Un gran tipo. Siempre andaba con el pecho hacia afuera, la quijada alta y una postura altiva. Te transmitía mucha energía como habla y se movía. Podía molestarse, pero nunca decía una grosería”, resaltó. Otro aspecto que nunca olvida del europeo es que nunca lo vio hacer un gesto, comentario o un reclamo a los referís. “Él nunca hablaba del árbitro”, aseveró.
Como enseñanza rescató: “Vi otra forma de trabajar, de manejar y gestionar grupos, que es lo que más me llamó la atención. La forma cómo gestionó su grupo, un tipo con una experiencia bastante dilatada. Sin haber compartido mucho con los jugadores, los conocía. Tenía un ojo para saber cómo era el tipo en lo futbolístico y personal. Tenía camerino”. Mientras que sus charlas eran “extremadamente precisas, sencillas y directas”, desde su palabra y su lenguaje corporal. Trabajador incansable, que en pretemporada trabaja triple turno, con reuniones a las 11 de la noche, para luego pararse a la 5 de la mañana.
En esta última etapa se mantuvo como un tipo muy discreto con su vida personal, que después de los entrenamientos se iba a su oficina en los Laboratorios Vargas. Su legado no solo tiene impacto en Venezuela. “Cuando hicimos pretemporada en Bogotá, el tipo salía a la calle y todo el mundo lo conocía. Recuerdo que al hotel vinieron entrenadores colombianos reconocidos a saludarlo”, indicó Hernández, quien escuchaba el nombre de Popovic desde su infancia, por la afición de su padre (Nerio) al UD Canarias.
Toda una figura del balompié nacional y de un tiempo pasado que trae buenos recuerdos. Un personaje que alimenta nuestra memoria deportiva, la cual se debe cuidar con mucho recelo para que no se pierda. Un jugador y un entrenador que recuerda que en Venezuela se juega fútbol desde hace muchos años y del bueno.







