Billete mata sentido común

“Las pretemporadas se acortan y el mercado de fichajes se alarga. Está cambiando mucho el deporte y cada vez pinta menos el entrenar y las planificaciones”, sentenció José Luis Mendilibar, entrenador del Eibar (España), en la rueda de prensa previa del inicio de #LaLiga. Cada vez importa menos el juego y el negocio manda. Hace ya unas cuantas décadas inicio está mecánica y lo dijo Joao Havelange, ex presidente de la FIFA, cuando soltó: “Soy un vendedor de un producto llamado fútbol”. Vivimos en un mundo mercantilista y esa es la realidad, el balón no escapa de eso.
En su momento el Papa Juan Pablo II criticó el “capitalismo salvaje”, un sistema imperfecto. Pero a la luz de lo que sucedió en la antigua Unión Soviética es el mejor modelo, mientras la humanidad se reinventa. En su momento el feudalismo le dio paso al capitalismo, seguramente surgirá otra manera de regir la economía, que no lo es todo, pero casi. “The economy, stupid (la economía, estúpido)”, como dijo Bill Clinton, ex presidente de los Estados Unidos.
A la crisis financiera de 2008, con la quiebra de Lehman Brothers, que aún da coletazos en el mundo, se le sumó la crisis del coronavirus, que hoy primordialmente es de salud, pero que dejará una cicatriz en la economía. En la Cadena Ser de España sacaron un trabajo sobre la actualidad de los jóvenes y lo titularon: la generación de las dos crisis. Si nos vamos a Venezuela, las crisis se multiplican como los Gremlins cuando se mojan.
La situación del país es tan dramática que la crisis ha dejado secuelas dos veces más fuerte que las secuelas de la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial en Francia. Es tres o cuatros veces más grave que la peor crisis que haya tenido Latinoamérica. Esos datos se los escuché en una entrevista a Ricardo Hausmann, economista, profesor en la Universidad de Harvard y fue ministro de Carlos Andrés Pérez en su segundo gobierno. En esa charla con el portal Politiks comentaba que las potencias podían brindarle a su población cheques para que se quedaran en casa. Situación muy diferente a la que se vive en Latinoamérica.
Entonces el dilema parece un diálogo de Jigsaw en Saw (Juego del miedo): te quedas en casa y te mueres de hambre seguro porque no tienes ingresos o sales a la calle a producir, pero te arriesgas en porcentaje alto en contagiarte. En el caso local el virus está desatado, por más que muchos no le presten atención y lo confundan “con la gripe esa, la que está dando”. La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales había advertido en abril que entre junio y septiembre tendríamos entre 1000 y 4000 casos al día. Pero el 9 de septiembre sacó un segundo documento donde hablan ya de 7000 contagios y la estimación que a finales de año pueden ser 14.000 en total. Cifras espeluznantes.
En este contexto la CONMEBOL reanudó la Copa Libertadores, porque el show tiene que continuar. No importa que Boca Juniors juegue con jugadores que dieron positivo. Dale, qué tanto. Ni que fuese tan grave, ¿verdad? Libertad con toda la razón del mundo alzó el grito al cielo, más en un país como Paraguay, que al igual que Uruguay, han controlado muy bien la pandemia. Muy diferente de Argentina. Pero la plata manda.
En Venezuela una gran parte de los jugadores clamaban por jugar para poder cobrar. Parece que hay luz al final del túnel y, a falta de oficialización, la Liga FutVe volvería a mediados de octubre. La Conmebol advirtió que no daría cupos internacionales sin mérito deportivo. Hay que jugar a juro. Aquí los clubes (muchos son solo equipos de fútbol) viven de la venta de jugadores e ingresos por competiciones internacionales. Lo normal sería que ingresaran dinero por la TV (aún esperan que Gol TV salde la deuda de un contrato que en su momento parecía un oasis y terminó siendo una ilusión) y de la pública (muy pocos tienen un departamento de mercadeo, ni siquiera la Federación Venezolana de Fútbol).
Por los momentos participarán 17 de los 19 equipos que estuvieron en el Torneo Apertura. Solo se bajarán del bus Lala y Zulia. Cito textualmente el tuit que puso Humberto Perozo cuando los petroleros hicieron el anuncio: “Nuestra solidaridad con jugadores, cuerpo técnico y trabajadores en general. Son momentos difíciles”. Uno espera que también anuncien su plan económico tras esta decisión y cómo quedan los jugadores. En especial el caso de Lala con sus deudas, muchas prepandemia.
Para el resto debería ser alegría por el reinicio del fútbol, significa ingresos. Ante esto Richard Blanco publicó una carta donde reprochaba que la decisión se tomará sin consultar con los protagonistas (los jugadores) pasando penurias, con las deudas y la nevera vacía. También nombró el caso de Dustin Valdes, capitán del Deportivo Petare. El “Aviocinto” recordó que muchos jugadores no tienen un seguro de salud. Solo espero que al terminar de escribir esta columna siga leyendo buenas noticias del central zuliano y su recuperación.
Pero ¿cuántos Dustin Valdés no habrá en el país? Jugadores que no tuvieron la vitrina de ganar un título (Adecuación con Zamora) o de tener una amiga periodista que informara del caso. ¿Cuántos futbolistas huérfanos de la atención de sus empleadores? Una pregunta que me genera angustia. Se entiende el comunicado de Blanco, pero la opción debería ser unidad y recurrir a la Asociación Única de Jugadores Profesionales (AUFP), su sindicato avalado por la FIFPRo. Las iniciativas individuales no llevarán a ningún lado.
Tampoco me gusta generalizar, porque si bien soy muy crítico de los directivos de nuestro fútbol. Siempre son la cabeza de turco para todo. Como la FVF, que también recibe muchas críticas lógicas por sus acciones e inherentes a todas las responsabilidades que aglutina. Ahora hay una Junta Normalizadora, pero para mí es puro gatopardimos: cambia todo para que nada cambie. Todos deberían asumir sus cuotas de responsabilidad y no recurrir siempre a arrojarle el carro de estiércol a los mismos de siempre.
En lo personal deberían hacer como la MLB y permitirles a los jugadores que elijan si quieren jugar o no, sin tener la obligación de romper sus vínculos contractuales (en caso de estar vinculados más allá de este año, obviamente). La gente de a pie se la rifa todos los días, porque la economía informal es un mal endémico de Sudamérica y muchos viven del día a día. El juvenil que menos ganaba antes de la pandemia ingresaba 600 dólares, aseguró Luis Vásquez, directivo de la FVF, en un foro de fútbol femenino. Esas cifras se tendrán que reajustar, pero siguen siendo unos afortunados de vivir de esa bendición, ese talento que Dios les dio y ellos sembraron de jóvenes, para cosechar una vida como profesional.
Al principio querían el inicio inmediato del torneo, ahora no están las condiciones. La falta de unidad no es una tara que se ve solo en la política, permea en la sociedad y en este caso en el gremio de jugadores. En lo personal me parece una locura que reinicie el fútbol. Me atrevo a decir que Monagas SC es el único que concentra todo el equipo en un hotel, beneficiado por un convenio con dicho recinto. Pero ¿el resto? No solo jugadores, sino personal de oficinas y cuerpo técnico que se exponen en colas de gasolinas o usan transporte público (después de los centros de salud, uno de los lugares donde hay más probabilidad de contagio).
A mí me parece una locura jugar bajo estas condiciones, pero la realidad es otra. La Conmebol trancó el juego y el dilema de la actualidad taladra las cabezas como el pájaro carpintero de la publicidad de Twistos: no jugamos y no quedamos sin ingresos o jugamos a riesgo de contagiarnos (lo que puede generar secuelas que los saquen del fútbol, para no llegar a la más dramática). En el peor de los casos, Jorge Pulido lo tuiteó: pueden romper su contrato, no son esclavos.
Entre la espada y la pared, entre el hambre y el COVID-19. El negocio sigue goleando a la razón. Toca adaptarse a esa realidad, porque no se vive en el mundo que dicta la lógica y el sentido común. Dicen los marxistas: “De cada cual, según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades”. Le tocará escoger a cada uno lo mejor para su familia según sus necesidades, mientras se espera que la unidad en todos los sectores sea más frecuente en Venezuela. Luego que Dios nos de vida para ver si el capitalismo se perfecciona o la evolución hace que quede en los libros de historia como el feudalismo, que las futuras generaciones vivan mejor que nosotros y se pregunten: ¿Cómo diablos vivía la gente así en esa época?







