¿A quién le importa?

“The secret of happiness is freedom, the secret of freedom is courage (El secreto de la felicidad es la libertad, el secreto de la libertad es el coraje)”, esta frase posteada por Deyna Castellanos en su cuenta de Instagram (@deynacastellanos) acompañada de una foto con otra mujer desató una serie de comentarios homófonos y un debate en Twitter, el Ágora moderno donde una parte de la sociedad debate ideas, pero que desde hace unos cuantos años es un campo minado. Un terreno lleno de prejuicios y de 280 caracteres bañados en veneno.
Pero, ¿es relevante la vida privada de Deyna y su orientación sexual? ¿A quién le afecta esa decisión? ¿A quién le importa esa información? Hechos solo relevantes para la prensa rosa, pero parte de los colegas de deportes se subieron al cuadrilátero del pájaro azul, donde hay que opinar de todo a toda hora. Uno invitó a investigar la cantidad de jugadoras homosexuales dentro del fútbol femenino. Otro salió a su defensa con el uso de la palabra “cachapera”, un término despectivo para referirse a las lesbianas. Flaco favor a los comunicadores sociales estas opiniones.
En ese vertedero de desilusiones que son las redes sociales de un mundo (por lo menos en occidente) que ve como los sueldos se estacan y el precio de las viviendas sube. En donde el empleo se precariza y las democracias menguan al no tener soluciones para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Que tras sacar un poco la cabeza luego de la crisis financiera de 2008, le cae una pandemia.
A ese cóctel le sumamos el trauma venezolano que sufre una crisis humanitaria, social, económica, política… Muchas crisis para un país que se acostumbró a la estabilidad, artificial por el petróleo, pero estabilidad al fin. Twitterzuela e Instagramzuela son peligrosas y neuróticas. Esta tropa apuntó sus fusiles contra Deyna, luego de ese post realizado en el marco del Día Internacional contra la Homofobia en el Fútbol.
Estos comentarios me recordaron los lamentables comentarios del presidente del Tolima, Gabriel Camargo, que en su momento comentó: “El fútbol de mujeres es un cultivo de lesbianismo y toman más trago”. ¿Sinceramente las personas creen que si una niña patea un balón eso va incidir en su orientación sexual? Al parecer sí y es lamentable. No me quiero imaginar cuando se den cuenta que en el fútbol masculino también hay homosexuales, solo que revelarlo es un tabú más pronunciado. No me crea. Piense en cuántos futbolistas gays conocen. ¿Ninguno, verdad? ¿No va eso en contra de las estadísticas? Tristemente saben que en el momento de hacerlo público se hablará más de eso que de su actuaciones con el balón.
El mundo avanza y las ideas que se debaten en el siglo XXI son sobre: matrimonio igualitario, legalización del aborto, despenalización de la marihuana, energías verdes, equidad de género y la lucha contra el racismo. Luchas aceptadas en occidente, porque hay otras que capaz no son asimiladas con la misma recepción como en el fútbol “Black Lives Matter” o “Raimbow Laces”. Algunos casos que se les dan la espalda son el reclamo de Mesut Özil sobre la represión del gobierno chino contra los uigures o el tuit de Daryl Morey, como gerente general de Houston Rockets, en apoyo a las protestas por la democracia en Hong Kong. Pero en Venezuela tiene debates anacrónicos sobre temas como la propiedad privada o la mayoría de su población está más ocupada en resolver el primer nivel de la Pirámide de Maslow.
Se le atribuye la frase de que Venezuela ingresó 35 años tarde al siglo XX al escritor Mario Picón Salas, en referencia al final de la dictadura de Juan Vicente Gómez. ¿Cuándo Venezuela entrará en el siglo XXI? No sé, esperemos que pronto. Pero lo que es inaceptable es que las personas encargadas en informar a la sociedad lo hagan con pensamiento atávico, impregnado de un machismo y de una homofobia tan marcadas. Insisto, ¿En serio creen que el fútbol puede cambiar la orientación sexual de una persona?
Lo peor es que viene desde colegas encargados de cubrir la fuente deportiva. En vez de hablar de la farándula se pudiese debatir sobre dimensionar lo que realiza Deyna con Atlético de Madrid o traer al tapete la inactividad de la vinotinto femenina, que está muy cerca de cumplir un año. Temas relevantes de cara a la Copa América 2022 (sin sede definida aún) y una posible clasificación al Mundial de Australia y Nueva Zelanda 2023. Pero se gastaron megas y WiFi en opinar sobre la sexualidad de la aragüeña.
¿Cuánto le importará a Deyna la opinión de las masas? Desconozco, pero tras años y años de lidiar con la fama, ciertos comentarios le deben resbalar un poco. Estudió inglés en Canadá, se recibió de Comunicadora Social en Estados Unidos y juega fútbol profesional en España. Países del primer mundo, donde esos temas no generan tal revuelo. Bien ponderada por la FIFA, embajadora de la Fiesta Sudamericana de la Juventud por la Conmebol, una de las caras visibles de las campañas publicitarias del Atlético de Madrid junto a Koke y João Félix. Ha estampado su firma con Nike y Herbalife. Dentro del campo es una de las referentes colchoneras con goles y asistencias. Si bien en la Liga Iberdrola los resultados no las acompañan (están fuera de puestos de Champions) y en la competición europea les toca un duro escollo como Chelsea, la criolla tocó metal con la Supercopa de España.
Su vida parece el plano de un ingeniero, cada paso está calculado. En Venezuela es la primera mujer en ser Talento Maltin Polar y la máxima figura de la selección nacional. Por su talento (acompañado de trabajo diario), su mentalidad (bien amueblada y arropada de un buen entorno) y su carisma mediático (explotado a nivel de marketing por muchos, excepto la Federación Venezolana de Fútbol); suena antipático, pero la selección necesita más a Deyna que viceversa. Por ende, esos ataques los deben gambetear sin sudar.
Pero, ¿y el resto? ¿Sus compañeras de selección? ¿Las que no son parte de ese exclusivo grupo que se enfunda la casaca de la Vinotinto? No todas tienen tantas herramientas para soportar estos ataques. Si bien por la trascendencia de Deyna todo se magnifica. Es la cara del fútbol femenino para la mayoría de los venezolanos. Todavía en los torneos sub-17 y sub-20 varios preguntan por la aragüeña, cuando hace par de años dejó de ser convocable para categorías juveniles. Ahí es donde los medios tienen la labor de enviar un mensaje de tolerancia y empatía, no solo con las deportistas, sino con todos. La orientación sexual no es tema relevante ni un delito.
Es sumamente triste que ese post haya sido noticia. Es intolerable que la prensa deportiva tuviera tan poco tacto. Ojalá en un futuro no suceda algo similar con otra jugadora y que algún día los futbolistas puedan expresar su amor libremente. Mientras no esté cometiendo un delito (que eso ya le corresponderá a la justicia de cada país), desde esta tribuna siempre se evaluará a los jugadores por su rendimiento deportivo. Y su vida privada se les respetará. De empatía no se va a morir nadie. Miren que por la calle hay mucho ultraconsevador que termina siendo como el eurodiputado húngaro József Szájer.







