Balance en el Torneo Maurice Revello en Francia de la Selección Vinotinto Sub-23

Luis Vílchez / @lvilchez8.- Las expectativas eran altas, pero a su vez traicioneras. La vara quedó muy alta, luego de debutar en 2022 y llegar a la final. Hasta el sol de hoy el gran aval de Fernando “Bocha” Batista vestido de Vinotinto. Si se le dio tanto eco en aquel momento, lo coherente era hacerlo en 2023. Más con un Preolímpico a la vuelta de la esquina y Venezuela como local. Un torneo importante para el país, porque se clasificó a los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y fue la semilla del Boom Vinotinto en Mar del Plata 1996. En esta ocasión al frente del barco estaba Ricardo Valiño, que pasó de “desconocido” a integrar la lista de los DTs que ha clasificado a Venezuela a una Copa del Mundo (sub-17).
La muestra es muy corta, solo tres partidos. No resiste ningún análisis en profundidad ni nada trascendental. Solo apuntes para tener en cuenta y aspectos que se mantienen como asperezas a limar en el juego. La conclusión más notoria es la falta de contundencia. No hay que ser un erudito en fútbol o sumergirse en los informes de Opta para saber que el gran pecado de esta selección nacional fue no concretar el volumen de ocasiones que generó. Contra Costa Rica y Arabia Saudita fue un aluvión en los cierres. En su particular revancha con Francia debió pegar más en los primeros 45 minutos. Puede sonar de Perogrullo o argumento vacío, pero esta Vinotinto compitió. No fue de comparsa. Esa es la base de todo, pero para conseguir resultados no basta con competir, sino tener la tranquilidad para imponer condiciones en el área rival.
En el ataque quedó una deuda. No se vio al Dani Pérez del año pasado, que fue fundamental. Pero tampoco al Jeriel De Santis ni al Saúl Guarirapa. Si bien Luifer Hernández marcó un gol, tampoco marcó el ritmo. Tampoco se puede resaltar lo hecho por Santiago Rodríguez. En la parcela de al frente solo se salvan de la quema Yerson Ronaldo Chacón y Brayan Alcocer, que transmitían otras sensaciones con el balón en el pie. Capítulo aparte para Kervin Andrade, un enganche que debe tomar mayor protagonismo en Deportivo La Guaira y la Vinotinto. Talento le sobra.

Cuando se suelta a jugar Bryant Ortega, los Comunnity Manager se divierten acumulando acciones individuales para armar reels. Andrés “Miki” Romero se le debe exigir más, desde el partido contra Metropolitanos de la final de la Liga FUTVE tiene rato sin hilar varios partidos a su nivel. Marcó contra Francia y dejó destellos, pero es un chamo que puede dar mucho, muchísimo, más. A los buenos hay que exigirles, porque lo pueden dar. En el caso de Emerson Ruíz se ha estancado un poco y su contexto en Mineros tampoco es el mejor. No desentonó, pero tiene rato sin brillar.
En defensa nos acordamos de que existía Jon Aramburu, lejos de nuestra cotidianidad y de los focos desde que salió al Real Unión Club de Irún. No ha cambiado de ese perro de presa que era en Deportivo La Guaira. En el caso de Andrés Ferro, capaz no sea el mejor central. No es el que mejor anticipa, ni el más rápido, ni el que más salta, no es el mejor en muchos ítems. Pero su personalidad y mentalidad lo llevan a estar ahí y portar la cinta de capitán. Sin ser vistoso, cumple su rol a carta cabal. Su pareja de baile fue Carlos “Pipo” Vivas. Luego de una lesión en el brazo y una cesión en el Portland Timbers II, no hay manera de que Eduardo Saragó pueda sentarlo en Deportivo Táchira. Va embalado al Preolímpico. Lo de Jesús Paz fue discreto. Muy alejado de ese lateral izquierdo de 2022, que volaba en la banda y era muy estimulante. En Rayo Zuliano tampoco ha tenido amplio protagonismo. Poco o nada se puede evaluar lo hecho por Steven Pabón.
Los penales son una situación inédita para el jugador venezolano. Pocas veces tiene la posibilidad de definir algo de esta manera y los entrenamientos jamás podrá replicar la tensión de un partido, por lo que las tres tandas de penales en el Maurice Revello sirven y mucho. No deslumbró Frankarlos Benítez en esta instancia, pero sí cumplió en el tiempo regular. En un país de porteros, el meta del Caracas FC es otro producto más que viene en la cinta transportadora de buenos atajadores.

Este tipo de torneos sirven de experiencia para un Juan Fernando Arango Tortolero. Para integrar al grupo a los hijos de la migración: Yiandro Raap, Luis Balbo y Charles Demarco. Como para que el seleccionador nacional tenga cerca a Luis Casiani y Abraham Bahachille. Si bien ninguno de los mencionados tuvo minutos.
De resto se vio una intención clara de ser protagonista, ya sea con un clásico 4-4-2 o un 4-3-3. Presión alta, combinaciones rápidas y vértigo. Centrales adelantados y no depender tanto del juego directo. Sin un “5” puro, ese volante de contención. Volantes de buen píe en la sala de máquinas y extremos interiorizados. Por izquierda más libertad para Paz que por derecha con Aramburu. Delanteros con movilidad. Parte de las pinceladas que se vieron con Valiño en sub-17, donde sí se le abrió el arco y pudo crecer durante la competición. Aquí también se vio la idea, pero el gol la contundencia le dio la espalda. No es un fracaso. Podrá saber a poco por la postal de 2022, pero solo se sabrá la influencia que habrá tenido este Maurice Revello en el próximo Preolímpico.







