Como dice la canción: «No llores por mí, Venezuela»

Luis Vílchez / @lvilchez8.- “Será difícil de comprender. Que a pesar de estar hoy aquí. Soy del pueblo y jamás lo podré olvidar”. Luego del premundial rumbo a Rusia 2018 y engrapado con el calamitoso camino a Catar 2022 es complicado asimilar que con la materia prima que tiene Venezuela se ubica en el fondo, por segunda vez consecutiva, de la tabla de posiciones. Una selección que se enraizó en la gente con sus resultados positivos en el siglo XXI y que sus alegrías no se olvidan, pero su hinchada la extraña. Otro capítulo más a la película de terror que inició el 9 de octubre de 2020, en Barranquilla, se dio en la Bombonera con la caída 3-0 ante Argentina. Un problema que trasciende más allá de quien se siente en el banquillo.
La ilusión que significó la llegada de un técnico extranjero se denominó “Efecto Pekerman”, y la ilusión se fue a los cielos de 0 al 100. Pero los que piensen que iba a ser de inmediato, lo evaluarán como si fuese una pastilla efervescente, al principio mucha espuma, pero luego nada. Sin embargo, ese no fue el proyecto que se presentó desde la Federación Venezolana de Fútbol. Es más, de largo aliento. Con la paciencia de quien siembra para mata de coco. Por eso la evaluación tiene que ser con perspectiva y no con resultadismo.
Pero ¿el resultado importa? Depende, si es abultado se vuelve una piedra en la mochila en un proceso que no le sobra nada y que para fluir va a necesitar un camino despejado. Luego de la imagen en Montevideo que dio escalofrío, el planteamiento inicial de Pekerman fue sorpresivo, porque en su historial no se recordaba, pero fue congruente ante la vigente campeona de la Copa América, con Lionel Messi y dos Mundiales en sus vitrinas. Tampoco la línea de cinco era ajena para un combinado nacional que la usó José Peseiro y que Rafael Dudamel llegó a comentarle al periodista Alfredo Coronis que la tenía en mente.

En el arco se establece Wuilker Faríñez como el número uno de la selección. En los carriles Roberto Rosales, por derecha, y Miguel Navarro, por izquierda. Los tres centrales fueron Nahuel Ferraresi, derecha; Jhon Chancellor, líbero; Christian Makoun, izquierda. De volante cinco ejerció Yangel Herrera, a su derecha José “Brujo” Martínez y a su izquierda Cristian Cásseres Jr. En el frente de ataque Josef Martínez y Salomón Rondón. Un esquema conservador en el que la pelota se tiñó de albiceleste con un 73 por ciento de posesión y 16 remates (seis a puerta).
A los tres minutos Messi tuvo la primera oportunidad del partido y respondió Wuilker Faríñez. La pelota le duraba poco a Venezuela, aparte de un remate mordido de Rondón, a los siete minutos, y uno minutos después otra insinuación de Venezuela obligó a Franco Armani a salir a despejar, en un partido muy tranquilo. Pero de resto muy discreto. Una jugada sintomática se dio al minuto 24, en uno de los pocos chances que la Vinotinto pudo tocar en campo rival, pero en pocos segundos tuvo que retroceder y luego la rifaron. Pero en esos primeros compases la Vinotinto lograba mantener a raya a Argentina, siempre y cuando, no la tuviera Messi quien estuvo indescifrable, luego de que saliera de la posición de “9” y se recostara por derecha.
La “Pulga” dio varios avisos con sus corridas o combinaciones con Rodrigo De Paul, pero la más clara la tuvo Joaquín Correa, al 33’, con un pase filtrado de Messi, pero con una atajada al mejor estilo de fútbol sala respondió Faríñez. Pero la resistencia cayó dos minutos en una jugada en la que Venezuela pierde la pelota en campo rival, tras un mal pase de Cristian Cásseres Jr y que Miguel Navarro se había proyectado. La tomó el “10” albiceleste, corrió a toda la defensa de izquierda a derecha, se generó un rebote al intentar conectar con Nico González, el cual recogió Alexis MacAllister y encontró a De Paul, que aprovechó el espacio dejado por Navarro y a la zaga descolocada. Con tiempo y espacio el volante lanzó un centro que González solo tuvo que empujar, luego de que pasara entre las piernas de Makoun, Chancellor no llegara al cierre y le ganaran la marca a Ferraresi.

Por su parte Venezuela no aprovechó las pocas oportunidades que tuvo. La primera al 39’, con un pase filtrado de Cásseres a Rondón, que desbordó y lanzó un centro que Josef Martínez no pudo darle dirección de arco, luego de anticipar de gran forma a los centrales. La segunda la tuvo el valenciano de cabeza, tras un centro del “Novillo”, pero a pesar de rematar cómodo el testarazo no incomodó a Franco Armani. La única atajada del meta de River Plate fue un chute lejano de Luis González, a 15 minutos del final.
“Tenía que aceptar. Debí cambiar. Y dejar de vivir en lo gris. Siempre tras la ventana. Sin lugar bajo el Sol. Busqué ser libre. Pero jamás dejaré de soñar. Y solo podré conseguir. La fe que queráis compartir”, reza la famosa canción “No llores por mí, Argentina”. El planteamiento inicial se cayó con el gol y al momento de recomponer, las modificaciones no surtieron efecto. Primero sacó a Navarro por Murillo. La línea del fondo de derecha a izquierda era: Rosales, Chancellor, Ferraresi y Makoun (en la MLS ha jugado de lateral por izquierda y no han sido sus mejores presentaciones). Doble cinco con Cásseres y Yangel, por la izquierda Murillo, que pierde su jugada habitual de desborde y centro por ese costado; y “Brujo” por derecha, que no jugaba abierto por banda desde la Copa América trastocada por el contagio masivo.
Luego ingresó Fernando Aristiguieta por Martínez y “Cariaco” por el “Novillo”. Se mantuvo la doble punta, el zuliano fue de medio de contención y el “10” del Junior de Barranquilla por derecha. Posteriormente salió Yangel e ingresó Darwin Machís, por la banda derecha donde no puede hacer su jugada característica: enganchar y disparar. Por momentos “Cariaco” jugaba en el doble pivot. Como cierre Rondón le dio su lugar a Jefferson Savarino. Pekerman movió mucho el tablero, pero por lo encorsetado del planteamiento inicial las modificaciones no cambiaron la historia.

En el minuto 72 la Bombonera cantó “olé” y el segundo tanto merodeaba en el ambiente. MacAllister falló uno claro, pero no sería el caso de Ángel Di María al 79’, que repitió la conexión de la final en el Maracaná con De Paul, para enfilar solo al arco luego de un exquisito pase al vacío. En el marasmo que fue la defensa criolla, Faríñez salió excesivamente y al “Fideo” se le salió la clase. La picó de genio y la Bombonera a aplaudir. Para redondear la fiesta dos minutos después, consiguió a Messi con un pase globeado, Chancellor no referenció al vigente Balón de Oro y Rosales rompió el fuera de juego. Con un remate mordido, pero a quemarropa, el jolgorio porteño se completó.
El laberinto que ha sido el premundial Catar 2022 culmina el martes ante Colombia, el clásico de la Vinotinto. ¿Otro espanto o cierre con sonrisa? Con esta versión de Venezuela todo es posible. Pero el proceso Pekerman apenas inicia y el planteamiento en el CTE Cachamay apunta a ser totalmente distinto. “Que más podré decir. Para convencerlos. De mi verdad. Si aún podéis dudar. Mirad mis ojos ver. Como lloran. De amor”, cierra ese clásico de la música.
En un país cortoplacista y rentista es un acto ingrato pedir paciencia. Pero para milagros o magia se llamaba a HBO para que filmaran el reencuentro de Harry Potter en el CNAR de Margarita. De resto, solo el tiempo y mucho (muchísimo) trabajo puede enderezar el rumbo de este barco a la deriva. Porque desde hace más de un lustro ver a la Vinotinto duele y su mensaje a la afición debería ser: “No llores por mí, Venezuela”.







