Conmebol en el diván

C
omo un aristócrata que no reconoce su decadencia, Conmebol se pasea por la Copa del Mundo. Solo las joyas de la corona sacan la cara por el cono sur de América: la Argentina de Lionel Messi y la Brasil de Neymar. El primero arropado por el colectivo, la celebérrima Scaloneta, con un entrenador que aprende sobre la marcha. El segundo siempre con el manto de tragedia y las lesiones, al dañarse el tobillo, pero en un equipo con un estratega como Tite, que llegó por aclamación y tiene un proyecto que terminará en Qatar, sea ante Corea del Sur o el 18 de diciembre, en el estadio Lusail.
Perú ni siquiera pudo arribar a Qatar, porque cayó en repechaje ante Australia. Para no ser tan duros con los incas, los “Socceroos” son una de las grandes revelaciones de la Copa del Mundo. Pero otro rival que representa a la AFC (Confederación Asiática de Fútbol) dejó en el camino a todo un campeón como Uruguay. El tornado que significó la llegada de Diego Alonso a la Celeste, que los sacó del séptimo puesto de la eliminatoria, al tercer lugar con cuatro victorias consecutivas –incluida una ante Venezuela– se transformó en una brisa en Medio Oriente. El carácter conservador no permitió ver más a Giorgian De Arrascaeta y el que pasó a octavos fue Corea del Sur.
Dramático para una confederación que se pone de tú a tú con UEFA, pero cada vez es más un deseo que una realidad. Wishful thinking, dirían los americanos. Desde el triunfo de Brasil en 2002, la historia se ha torcido. Quedan como puntos altos las semifinales de Uruguay en 2010 y la final de Argentina en 2014. Pero también había bonitos destellos, como los cuartos de final de Paraguay en Sudáfrica o de Colombia en suelo amazónico. Podemos añadir los octavos de final de Ecuador, cuando vimos a un tal David Beckham haciendo tiempo para defender el triunfo de la todopoderosa Inglaterra ante los meridionales. Pero ya ni eso.
En el afán de verse en el espejo de Europa, que cada vez saca una distancia por su organización y poder económico. Obsesionados en el Viejo Continente y sus academias, que se olvidó el talento de calle. La tecnología y una sociedad cada vez más hostil –no solo en Latinoamérica donde nos gusta flagelarnos- Nos dejaron sin ese jugador surgido en el barro, en las caimaneras. Lo que los argentinos llaman potrero. Se intentó copiar el sistema europeo, como si fuera darle al teclado de una pc la tecla “control+C” y luego “control+V”. Obviamente, no funcionó.
Los europeos se nutrieron de talentos sudamericanos y africanos para sus clubes, algunos para sus selecciones. A su estructura de academia, le incluyó al jugador con el hambre de tener el fútbol como único sustento y un talento innato. A ellos sí les funcionó y por eso la UEFA Champions League es casi una Copa del Mundo, pero se juega todos los años. El debate no debe ser la academia o la calle. La sociedad cambió y el fútbol también. Es despojarse se pasiones, apuntar a los centros de tecnificación, pero adaptados a cada país. La premisa básica debe ser que sin entrenadores no hay escuela. La formación como bandera.
Eso sí lo entendieron en Asia, que su confederación metió a tres representantes: Australia, Japón y Corea del Sur. La globalización y los cambios en las dinámicas económicas han modificado las tornas. El músculo financiero de los tigres asiáticos y los petrodólares de los árabes dan a entender que van a tener para invertir muchos años en el deporte, que no solo los ayuda en el crecimiento de su sociedad, sino en el soft power geopolítico. Lamentablemente, el debate en Latinoamérica seguirá entre pobreza y desigualdad. El dinero no tendrá como prioridad la pelota.
Europa te saca ventaja. Eso lo sabíamos. Pero lo grave es que Asia te recorta pasos con una inversión sostenida, una situación que poco se habla. Incluso cuando se menciona se mira para otro lado. Pero si hablamos de otro adversario con el súper poder de Batman (el poder adquisitivo), como dice el chiste; en Concacaf se levanta una hidra con mucho dinero: Estados Unidos y Canadá. A la calladita y respaldados en la MLS, más el efecto de ser locales en 2026, también van a acortar brechas.
Hacemos un repaso. Europa cada vez más lejos. Parte de Asia y los dos países pudientes de Concacaf acortan las brechas. ¿Qué puede salir peor? África ruge. Ahora con jugadores que terminan su formación en clubes de la UEFA y con técnicos locales que le han dado el orden táctico que carecían en otrora. El mejor ejemplo es Senegal con Aliou Cissé. En los que respecta en la liga de los bolsillos y billeteras, esa la gana Conmebol. Pero en físico nos superan. Si seguimos en retroceso, hasta la CAF nos complicarán en las próximas Copas del Mundo. No es ser pesimista, sino una realidad.
Los triunfos no se auditan. Argentina o Brasil pueden ganar el Mundial y nadie se recordará de estas líneas. Sin embargo, Conmebol se tiene que sentar en el diván y reformular su manera de entender el fútbol. Ser solo una cinta transportadora de talento de adolescentes rumbo a la MLS y UEFA, no basta. Hacer Torneos Evolución y Fiestas Sudamericanas de la Juventud, no es suficiente. Facilitar cursos online, no lo es todo.
A falta de un presupuesto tan amplio como varios adversarios, se debe escuchar a los grandes pensadores del balompié sudamericano y a los jóvenes para innovar. El FIFAGate fue un cimbronazo que sacudió la estructura, pero el problema venía de antes. Conmebol aún se cree esa dama hermosa de alta alcurnia, pero en las noches de gala no puede esconder las arrugas en su rostro y los números rojos en sus cuentas. Como una estrella del cine mudo cuando llegó el sonido. Estamos en el pasado y cerramos los ojos frente al espejo.







